Mucho se ha hablado y se seguirá haciendo del debate entre los tres candidatos presidenciales, Claudia Sheinbaum Pardo de la Coalición Sigamos Haciendo Historia, Xóchitl Gálvez Ruiz de la Coalición Fuerza y Corazón por México y Jorge Álvarez Máynez, del partido Movimiento Ciudadano.
Un breve análisis indicaría que de entrada no hubo triunfador y en virtud de que sus partidarios y unos analistas dan como ganadora a Sheinbaum, otros a Gálvez, y no faltó Máynez, como en las crónicas de las corridas de toros, cuando un torero no satisface plenamente al público en sus faenas pues unos lo abuchean y otros aplauden, se dice que hubo división de opiniones.
Claudia Sheinbaum estuvo fría, seca, no se apartó del guión, pero le faltó la sonrisa forzada de cuando le toman fotografías, demasiado seria, corta en sus expresiones, abusó de la presunción de logros y premios cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; anotaba todo cuando no hablaba, no sabemos para qué.
Xóchitl Gálvez hablaba en forma directa, a veces con nervios, rechazaba acusaciones y que lo demostraría en sus redes sociales. Cuantas veces pudo lanzó ataques a Sheinbaum y no recibía respuestas, golpeó pero le faltó el nocaut.
Jorge Álvarez, quien despreció su primer apellido, abusó de la sonrisa permanente enseñando los dientes, tuvo risas forzadas, tomaba mucha agua –suponemos-, atacó más a Xóchitl que a Claudia y para algunos presentó buenas propuestas, incluso en los temas relativos a la mujer,
En síntesis, los tres son malos oradores, hablan de modo plano sin emociones y nerviosismo, sobre todo Gálvez. Los candidatos se declararon ganadores del debate por razones obvias, pues ninguno en su sano juicio diría que perdió.
Por todo lo anterior el resultado del primer debate entre presidenciables en México fue de una división de opiniones. Ya veremos los dos que faltan.
Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









