Desde una lista negra con miles de personas vetadas, hasta las amenazas del Gobierno con deportar a aquellos que se queden más de la cuenta, Estados Unidos ha sacado a relucir un arsenal para reforzar la seguridad ante la llegada masiva de turistas por el Mundial de Clubes.
El regreso del presidente Donald Trump a la Casa Blanca ha endurecido las restricciones migratorias, despertando inquietud entre los millones de amantes del fútbol que acogerá el país a partir del 14 de junio al 13 de julio.
Al cartel de bienvenida para disfrutar de uno de los eventos deportivos más esperados del año lo acompaña en letra grande una invitación del Gobierno a volver a sus casas y evitar quedarse en territorio estadounidense más tiempo del necesario.
«Que vengan (los fanáticos). Queremos que celebren. Queremos que vean el partido, pero cuando se acabe, tendrán que irse a casa», advirtió el vicepresidente de EE.UU. JD Vance en una rueda de prensa en la que estaba sentado junto a Trump, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
Esta retahíla de medidas que ha tomado el país para evitar que los turistas se aprovechen de las citas deportivas para establecerse en el país cuenta con el apoyo de países como Argentina, uno de los más forofos del fútbol.
Las autoridades argentinas compartieron con el Gobierno de EE.UU. una lista con los nombres de más de 15.000 personas a las que han prohibido el ingreso a espectáculos deportivos, una medida que pretende fortalecer la cooperación internacional en la seguridad deportiva, explicó el pasado mes la Ministra de Seguridad Nacional de Argentina, Patricia Bullrich.









