Como cada año, en el mes de abril se conmemora el mes de la poesía en Norteamérica, con el propósito de traer atención a una de las formas literarias que se percibe como inaccesible al público en general. Históricamente, la poesía ha sido una de las formas artísticas más cercanas a la subjetividad humana, en particular, debido a la posibilidad de creación de significado entre tan pocas líneas. Sin embargo, de manera paralela a esta universalidad de significado que puede caber dentro del lenguaje poético, se encuentra un elitismo imaginario que posiciona a la poesía como un “arte superior” o un arte que simplemente se puede consumir o crear si se cuenta con el capital cultural y lingüístico para ello. Este elitismo se observa por medio de las ideas de que la poesía es un arte elevado que requiere del lector tener acceso a “sensibilidades” que solamente son conseguidas por medio de la clase y el posicionamiento social. Lo cual, no puede estar más lejos de la realidad.
En el caso de la poesía norteamericana, una de las figuras más multifacéticas ha sido Audre Lorde: una poeta, escritora, ensayista y activista que empujó siempre la ideología de que la poesía (tanto el escribirla como el leerla) no debería ser un lujo, sino una parte esencial del ser humano. En su ensayo “Poetry is not a luxury”, Lorde argumenta que la poesía es una necesidad vital de la existencia: en especial para las mujeres y para los oprimidos porque provee al ser humano de un lenguaje metafórico que da forma y valida la experiencia humana. Lorde continúa diciendo que la poesía le da forma a los sueños y las esperanzas por medio de un lenguaje íntimamente propio, que después se transforma en ideas, y finalmente en acciones tangibles. Este argumento va de la mano con la práctica activista de Lorde, donde frecuentemente establecía la idea de que para lograr acciones políticas que tengan un peso e importen, se debe tener conocimiento de la interioridad de uno mismo: reconocer la subjetividad emocional que nos hace humanos, mujeres, ciudadanos, etc. Lorde proclamaba que la teoría debería de venir de la experiencia propia: lo cual se puede interpretar de manera poética igualmente. No tiene más valor un poema que explora épicas medievales con citas bibliográficas al final de cada verso, que uno escrito en el revés de una servilleta después de mirarse al espejo.
Para Lorde, la poesía es un lugar de posibilidad dentro de la oscuridad de nuestras condiciones sociales, así como una herramienta para nombrar lo innombrable desde el sentimiento y la subjetividad. Demonstrándonos que es un arte que, más allá de estar al alcance de todos nosotros, nace desde todos nosotros. La poesía es una revelación (y revolución) del ser.
Bibliografía:
Lorde, Audre. “Poetry is not a Luxury”en Sister Outsider. Crossing Press, 1984.










