La batalla, que estalló antes del mediodía, duró aproximadamente cuatro horas. En ese lapso murieron 254 hombres: 83 mexicanos y 171 franceses. Hubo también heridos, 436 en total: 132 mexicanos y 304 franceses. Las batallas eran sangrientas en aquellos tiempos, con tácticas napoleónicas de choque frontal entre líneas.
El general Lorencez sintió un intenso pesar por el fracaso sufrido. Así lo recordaría, ya en edad avanzada, el general Gustave Niox, entonces oficial del Cuerpo Expedicionario. Lorencez culpó al representante de Francia en México, Dubois de Saligny, quien lo engañó sobre las supuestas emociones favorables a la Intervención en la ciudad de Puebla.
“¡Soldados y marinos! Su marcha a México se detuvo”, proclamó Lorencez en un bando. “Se les había repetido cien veces que la ciudad de Puebla estaba ansiosa de su presencia y que su población correría a su encuentro para cubrirlos de flores. Con la confianza que nos dieron esas certezas engañosas, nosotros nos presentamos en Puebla”.
Por un momento, Lorencez pensó en recomenzar el ataque por otro punto, pero al final decidió la retirada hacia Orizaba. No quiso exponer a su ejército, que era reducido, a otro descalabro. El 10 de mayo salió de Amozoc rumbo a Tepeaca, para seguir hacia Acatzingo, Quecholac y Palmar. Sus hombres marchaban cabizbajos.
El capitán de artillería Paul Guinard escribió el 22 de mayo, desde Orizaba: “Cuando dejamos Francia, todo el mundo hablaba de nuestra expedición como de un juego. Un paseo nada más, ¿no es cierto? Tan sencillo como ir un domingo a Saint-Cloud”. El capitán Guinard moriría un año después, el 16 de mayo de 1863, la víspera de la rendición de Puebla. Sus compañeros entraron al día siguiente en la ciudad, mientras él era sepultado.
Todo comenzó a ser visto con menos inocencia por los franceses. Quedó claro que la Intervención en México, para tener éxito, implicaba multiplicar, en hombres y en armas, los elementos del Cuerpo Expedicionario. Esa fue la decisión que tomó, en el verano de 1862, el emperador Napoleón III, junto con la de relevar del mando al general Lorencez.
Estaba molesto con su conducción de la Batalla del 5 de Mayo, y furioso por las consecuencias que esto tenía sobre sus planes. El descalabro en Puebla, en efecto, retrasó por un año la llegada de los franceses a la capital de la República. En ese tiempo, la nación tuvo margen para preparar la resistencia. Los franceses habían sufrido una derrota real en las afueras de Puebla.
El narrador, ensayista y cronista Carlos Tello Díaz ha descrito estos hechos: conceptos de gran interés que poco se conocen.
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Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.










