¡Precios estratosféricos! ¡Un atraco mundial! ¡Los más caros de la historia! Esos fueron los calificativos que inundaron las portadas de los diarios de todo el mundo y las redes sociales cuando se anunciaron los costos oficiales de las entradas para la Copa del Mundo 2026. Y miren, para variar, al respetable público no le faltaba ni un ápice de razón: los precios de los boletos se dispararon como nunca en la cronología del balompié.

Las comparaciones, aunque odiosas, hoy se hacen estrictamente necesarias para entender el tamaño del despojo. Viajemos apenas cuatro años atrás, al Mundial de Qatar. En aquel paraíso artificial incrustado en el desierto, ir a un partido de la Selección Mexicana en la primera fase, ubicándose en la Categoría 3 —la zona destinada a los mortales, a la masa que ahorra durante años—, costaba exactamente 69 dólares. Al tipo de cambio de ese momento, representaba unos 1,380 pesos mexicanos.

Regresemos bruscamente al presente, a nuestro parido y parchado Estadio Ciudad de México. Hoy, ese mismo maldito asiento de Categoría 3 para ver el partido de inauguración entre México y Sudáfrica rondaba los 1,020 dólares en taquilla oficial; es decir, casi 19 mil pesos por boleto. Hagan matemáticas en casa: estamos hablando de un incremento descarado y grosero de más del 500% en las entradas de un Mundial a otro. Cinco veces más caro por el mismo pedazo de plástico.

Pero la realidad —o más bien el cinismo de los que mandan— terminó por darnos una bofetada en la billetera. Los estadios se llenaron a pesar de los inflados costos. El aficionado mexicano empeña lo que no tiene con tal de estar en la fiesta, y el mismísimo Gianni Infantino no tardó en salir a presumir su «éxito rotundo».
Lo que Doña FIFA no cuenta en sus comunicados perfumados es que, para algunos, el sueño mundialista se convirtió en un auténtico y soberano fraude. ¿O de qué otra manera se puede llamar al hecho de comprar en el portal oficial de la FIFA y encontrar que el lugar que te vendieron, físicamente, no existe? Sí, leyó usted bien: Doña FIFA vendió una auténtica «butaca fantasma».
La definición de fraude señala que es un delito que consiste en usar el engaño, la manipulación o el aprovechamiento del error para obtener un beneficio ilícito (generalmente económico) en perjuicio de otra persona o entidad. En este caso perjudicaron a un tercero, vendiendo y cobrándole un lugar inexistente.
La definición de estafa refiere que es un delito contra el patrimonio que consiste en utilizar el engaño para persuadir a una persona y hacer que entregue voluntariamente dinero, bienes o información valiosa a cambio de un beneficio ilícito. Analice la información que les expondré y analice usted apreciable lector en cuales de estos probables hechos ilícitos cayó la Doña Fifa, en la historia que a continuación documentaremos.
Esta historia la vive hoy un aficionado a quien llamaremos Luis, quien por obvias razones de seguridad prefiere mantener el anonimato, pero nos ha compartido evidencias contundentes. Luis se consideró el tipo más afortunado del planeta tras salir seleccionado en el bendito sorteo de la FIFA. Encontró dos boletos para el juego de México, los más baratos de la página oficial, a 19 mil pesos cada uno. Pagó 38 mil pesos en total con una sola ilusión: llevar a su señor padre a ver la inauguración de la Copa del Mundo.
Los dos boletos estaban ahí, blindados en su cuenta oficial de FIFA Tickets. Eran de la Categoría 3, ubicados en la Sección 617, Fila 10, Asientos 27 y 28. Todo parecía perfecto. El día del partido, Luis —quien además iba en muletas por una severa lesión de rodilla— y su padre llegaron temprano al coloso, como miles de personas más.

Buscar el lugar no fue fácil; la Sección 617 está en las entrañas del cielo, en la última fila, la más alta del estadio. Pero al llegar a la meta, topetearon con lo increíble. Encontraron la fila 10 y el asiento 27… ¿Y el asiento número 28? Simplemente NO EXISTÍA.

La fila 10 de esa sección termina físicamente en el asiento 27. Hay un muro de concreto y enseguida arranca otra sección que inicia de nuevo con el número uno. En los planos virtuales de la FIFA el asiento 28 existía y se cobraba a precio de oro; en el plano real, era una pared gris. La FIFA les cobró 19 mil pesos por un espacio de aire. Ante la desaparición de la butaca, Luis y su padre tuvieron que acomodarse como pudieron, apretados y de milagro, en el minúsculo espacio de cemento que dividía las secciones.

Las hostesses del estadio se encogieron de hombros; no supieron qué responder. Luis intentó reclamar de inmediato al portal de soporte de la FIFA y, hasta la fecha en que se escribe esta columna, nadie ha respondido un solo correo. Vaya ironía descarada: en su misma página de boletaje, la FIFA advierte en letras grandes: “¡No se arriesgue con fuentes no confiables!”. Resulta que la fuente menos confiable y la que te estafa con asientos inexistentes es la propia federación internacional.

Lo alarmante es que ya vienen los partidos de dieciseisavos y octavos de final. En las plataformas de reventa «legalizada», esos mismos sectores ya superan los 60 mil pesos por boleto. Mientras tanto, las autoridades de la FIFA a cargo del inmueble siguen operando en la opacidad absoluta.
Ya vienen las rondas definitivas y el asiento 28 de la fila 10, en la sección 617, sigue ahí, flotando en el sistema, esperando la visita y el enojo de su próximo dueño. La estafa perfecta fue consumada, fue cobrada y fue avalada en el portal oficial de Doña FIFA.
¿Usted compro en el portal de FIFA Tickets o en la reventa este lugar? Tome sus providencias, porque lo mismo se chuta parado o sabrá Dios donde el juego. La FIFA no ha respondido, ir a la Profeco es lo mismo que la carabina de ambrosio, la FIFA es impune si no respeta sus reglamentos, a su propia página, seguramente le valdrá madre la demanda civil que Luis interpondrá ante las autoridades.


Si la FIFA e infantino fueran una institución y un directivo decentes y responsables, deberían indemnizar de alguna manera a Luis y su padre que fueron estafados, engañados o defraudados por comprar y confiar en el sitio oficial de la FIFA. Ella es la dueña del torneo, ella tiene desde la custodia del estadio en todos y cada uno de sus accesos, ellos deben hacerse responsables. Si la FIFA, Infantino fueran instituciones decentes, confiables y transparentes lo mínimo debería darles un rembolso o asignarles alguno otros lugares bonificados, antes de que pudieran llegar a tribunales.
¿Usted cree que lo harán? Ya ni en los portales oficiales de Doña FIFA, se puede confiar.
«Doña FIFA descubrió la alquimia moderna: descubrió cómo convertir el cemento vacío en oro y el aire en un boleto de diecinueve mil pesos.» Ignacio Suárez “el fantasma”









