Ernesto Ordaz Moreno
“Las leyes se han hecho para el bien de los ciudadanos” (Cicerón)
A raíz de la pandemia, los mexicanos nos hemos percatado de la fragilidad de nuestra realidad, nada perdura, todo cambia, vida y muerte. Entonces, resulta indispensable cambiar prioridades y valorarnos. Difícil es reconocer que el ser humano había dejado de ser la medida de todas las acciones. Perdimos rumbo y objetivo. Los avances en la ciencia y la tecnología realzan dicha debilidad, no somos esenciales, aparentemente. Enfrentaremos nuevos retos. Luego, sólo nos queda adaptarnos, modificar nuestras circunstancias, cambiar para seguir adelante y aprovechar las oportunidades para vencer los obstáculos.
Hoy, súbitamente, se debe cambiar nuestra visión de vida, darle prioridad a la familia, los amigos, la salud, a nosotros mismos, como humanos. Detenernos y reflexionar que la vida es un segundo, que como persona debemos trascender y sólo se logra en sociedad, unidos. Existo porque el otro me reconoce. Y en ese sentido, acrecentar conceptos como: amor, conciencia, cooperación, empatía, participación, respeto, responsabilidad, solidaridad, trabajo, unión, entre otros.
El cambio es ahora, pues el individualismo y egoísmo que nos ha caracterizado, sólo nos lleva a un destino, el fin de la sociedad (Touraine). Y ese resultado es contrario a la naturaleza humana, al “zoon politikon” (Aristóteles) o al “ser de praxis” (Marx). Hemos de percatarnos que el origen y fin de todo lo que existe está diseñado para beneficio de nosotros, los humanos. La familia, el conocimiento, la sociedad, la ciencia, la tecnología, el derecho, incluso, el Estado, se han desarrollado para la trascendencia humana.
Hemos sido observadores de acontecimientos penosos que siguen dañando la esencia humana: homicidio, intolerancia, racismo, discriminación, prejuicios, destrucción, violación, todo vinculado a la violencia que ejercen humanos contra humanos. Sí, tenemos mucha tarea por hacer y mejorar. La vida es movimiento, transformación, cambio permanente.
En ese sentido, los mexicanos, saldremos adelante, victoriosos ante cualquier adversidad, lo hemos demostrado, poseemos una gran creatividad, inteligencia y solidaridad; somos un gran país, con una historia que nos ha dado identidad y así está reconocido en nuestro sistema constitucional y legal.
En efecto, el México moderno, de hoy, tiene un lugar en el mundo, un Estado en donde todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. A voluntad de los mexicanos se constituyó una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta de Estados libres y soberanos, unidos en una federación, pero con un régimen de competencias para los Poderes de la Unión (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y para los estados, sin que contravengan, estos últimos, el Pacto Federal, renovables los poderes mediante elecciones, libres, auténticas y periódicas, con base en el sufragio universal, libre, secreto y directo.
En ese marco constitucional transcurre nuestra vida en sociedad. La Constitución Federal nos debe otorgar seguridad y certeza. Y ello se observa, pues existe una exigencia para todos los servidores públicos, al protestar guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen, antes de tomar posesión de su encargo. Entonces, todos los políticos que ocupan una posición de poder en el Gobierno (servidor público) deben actuar procurando el interés público, el de toda la colectividad, sin beneficiar a unos cuantos, puesto que son responsables por actos u omisiones que redunden en perjuicio de los INTERESES PÚBLICOS FUNDAMENTALES, mismos que son sancionables como está previsto en la misma Constitución Política.
Y más aún, los servidores públicos deben ser respetuosos y mesurados para hacer cumplir la Constitución Federal, no caer en la tentación de generar leyes y políticas contrarias a sus principios e incluso pretender reformar normas constitucionales que afecten las DECISIONES POLÍTICAS FUNDAMENTALES.
En efecto, un servidor público no puede afectar ni modificar las DECISIONES POLÍTICAS FUNDAMENTALES pues esas son producto de largos años de lucha y sacrificio de valientes mexicanos que, incluso, dieron su vida porque se reconocieran los derechos humanos que actualmente están previstos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Así, por ningún motivo podrá dejar de ser México un Estado republicano, federal, democrático y representativo, a través de cargos de elección periódica, por el sufragio universal, libre, secreto y directo; tampoco puede retrocederse y dejar de reconocer y proteger los derechos humanos que ya están contemplados.
Por ello, los servidores públicos y todos los ciudadanos debemos dar mayor fortaleza y promoción a las entidades federativas, a sus Municipios, pues así, se reconoce que México es un mosaico cultural lleno de diversidad, la pluralidad es nuestra esencia, la valía radica en las diferencias de su gente, las que debemos respetar, pues todos estamos unidos en una visión: México.
Reflexionemos con seriedad, lo que hagamos hoy se verá reflejado en un futuro próximo, alejémonos del centralismo y propugnemos por el federalismo que contempla nuestra Constitución, la cual ordena que se gobierna para todos los mexicanos, sin distinción, todos somos mexicanos y a todos nos regula, nos protege.
Seamos cívicos acatando las normas que nos rigen, evitemos que sean letra muerta, como mexicanos hemos protestado guardar y hacer guardar la Constitución, mirando siempre por el bien de México, pues si así no lo hiciéramos, nuestros hijos y la nación entera nos lo demandará. ¡Vamos juntos por México!










