Datos del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra) revelan que en México hay poco más de 22 mil 500 personas en espera de un trasplante de órganos y, de ellos, dos buscan un donador de pulmones.
Sofía Hernández Reséndiz es una de los dos mexicanos enlistados para recibir unos nuevos pulmones. El pasado 5 de agosto cumplió 52 años de edad y los festejó sencillamente con algunos amigos y su esposo, Jorge Mendoza, desde una de las habitaciones de su hogar.
En ese lugar, ubicado en el cuarto piso de un edificio de la colonia Narvarte Oriente, un pequeño pastel y las mañanitas le hicieron brotar una sonrisa y salir de aquella monotonía en la que la ha llevado su enfermedad.
Desde hace cinco años fue diagnosticada con el llamado síndrome de Sjögren, una enfermedad autoinmune que ataca a diferentes partes del cuerpo y, aunque aún desconocen las causas, eligió hacerlo con sus pulmones.
Esta condición la ha tenido postrada en cama el mayor tiempo del día y permanecer conectada a un tanque de oxígeno. “Es muy duro, muy duro, vivir así”, comenta Sofí o “Chiquis” o “Flaca”, como suelen decirle familiares y amistades.
Sobre el sofá de la primera habitación, cuya puerta es contigua a la entrada principal, se le mira sin resuello. Sus pulmones, un tanto destrozados, parecen estar a punto de expirar. Pero ella se mantiene optimista de recibir buenas noticias que le devuelvan el porvenir que esa afección le ha negado.
Y desde ahí cuenta a Notimex, con palabras pausadas por la falta de aire: “Yo creo que mi enfermedad siempre estuvo presente porque tengo antecedentes familiares”. Su hermana falleció a los tres años edad por un problema pulmonar y su mamá presentó indicios -asociados a la artritis reumatoide- a los 80 años y seis meses después perdió la vida.
“Yo siempre fui una persona muy pequeña y muy delgada, sin embargo, nunca pude hacer ejercicio vigoroso. Entonces es probable que tenía la enfermedad desde niña y la he ido desarrollando lentamente”, expone.
Este síndrome -que afecta principalmente a mujeres durante la cuarta y quinta décadas de la vida- suele manifestarse por sequedad en ojos y boca, pues perjudica a las membranas mucosas y las glándulas responsables de producir la humedad en esas zonas del cuerpo.
También se observa con signos de piel seca, tos persistente y fatiga prolongada. Estos síntomas son tan agresivos que conllevan a un aumento paulatino de disnea (dificultad para respirar) y al deterioro de los músculos, como ocurre con Sofía, una mujer profesionista que se dedicó a la administración pública.
Ella es consciente de los problemas de salud que acarreó, pero lamenta ahora está imposibilitada para las actividades más básicas: tender la cama, bañarse o levantarse para abrir la puerta porque “llegaría desmayada”.
En la actualidad, Sofía pesa 45 kilos y mide 1.52 metros de estatura. “Es muy duro (estar así) porque, además, la única luz que tengo en el camino es la de un trasplante y veo con un poco de tristeza que nosotros, los mexicanos, no tenemos la cultura de la donación”, enfatiza.

La lucha por sobrevivir
El especialista en Neumología y Trasplante Pulmonar del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), Ricardo Sandoval Padilla, reconoce que el caso de Sofia es complicado porque la enfermedad –neumopatía intersticial– ha avanzado tanto que ha causado inflamación o cicatrización en sus pulmones, lo que le dificulta el paso del oxígeno.
Estima que el síndrome de Sjögren perjudica a aproximadamente 10 por ciento de la población mundial, de los cuales un porcentaje similar presenta daños en los pulmones, y deja claro que algunos de esos pacientes carecen de antecedentes de tabaquismo, lo que sí es determinante para manifestar la Enfermedad Pulmonar Obstructiva (EPOC).
Otros pacientes han mostrado daños en articulaciones, tiroides, riñones, hígado, piel o nervios por ese síndrome “tóxico”. Pero -reitera- en Sofia optó por los pulmones y se han agotado los tratamientos médicos. “La opción es tener un trasplante.
Con información de Notimex
Fotos: Especial









