México. “Alto, policía. Al suelo, al suelo, al suelo. Suelta el arma, las manos donde las vea”, fue lo último que gritó el policía antes de que el delincuente disparara a un cajero de una tienda de conveniencia y después al uniformado. Fueron menos de tres segundos. No hubo tiempo de responder y hacer uso legal de la fuerza. El saldo fue letal.
En otro caso un marido despechado en venganza a su esposa tiene a un bebé a punto de arrojarlo de un segundo piso en un centro comercial. Es un caos. Dos policías se acercan y tratan de calmarlo, de negociar, pero al ver que el sujeto está fuera de control y dispuesto a dejar caer al niño los uniformados, con stress ante la situación deciden dispararle. Todo sale mal. Controlan al agresor con una ráfaga de balas y el bebé cae del segundo piso.
Son casos reales llevados a una sala de tiro virtual donde una treintena de periodistas se puso en los zapatos de los policías para decidir, con una arma en la mano, cómo actuar en estos casos, cómo hacer uso de la llamada fuerza legal, cómo tratar de disuadir a los agresores verbalmente, tratar de inmovilizarlos, uso de toletes o armas no letales y al final decidir si se jala o no el gatillo.
Es el curso “Uso Legal de la Fuerza para Comunicadores” que organizó la Secretaría de Seguridad Ciudadana a propuesta del rector de la Universidad de la Policía de la Ciudad de México, Guillermo Alberto Hidalgo Montes, quien junto con académicos de la institución durante dos días explicaron el marco legal y social del tema, expusieron casos, debatieron y al final llevaron a los reporteros al campo de batalla virtual y real.
La práctica en una sala similar a la que usa el FBI o las mejores policías del mundo con pantallas escenarios virtuales y tres tipos de armas: una pistola marca Glock, una marca Pietro Beretta, catalogadas como armas cortas, y una larga carabina R-15; son armas reales adaptadas con cargadores, cañones especiales y un puntero láser que se cargan con gas bióxido de carbono.
El dilema si es legal o legítimo el uso de la fuerza. El debate se avivó, se expusieron casos recientes. Lo mismo la marcha feminista y la pasividad de la policía capitalina.
En el examen final periodistas de diversos medios pasaron al campo de tiro a enfrentar la responsabilidad: el estrés de tener una arma real en la mano, saber cargarla, apuntar a un objetivo, primero fijo y después en movimiento, para nunca más decir: “Pinche policía porque no le pegó en una pierna en lugar de en el pecho” o “se pasó de listo el poli, le dio como siete balazos”.
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