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Dimensiones de género en la emergencia sanitaria ante el COVID-19 en México

Por Redacción
13 abril, 2020
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Dimensiones de género en la emergencia sanitaria ante el COVID-19 en México

PUEBLA, Pue. 9 abril 2020. Trabajadores de una tortillería ubicada en Villa Frontera, trabajan con cubrebocas y medidas de limpieza para prevenir el Coronavirus. //Guadalupe Zúñiga//Agencia Enfoque//

María Arteaga Villamil

(O de cómo por quincuagésima vez las mujeres piden voz en medio de una crisis)

El 8M pasó. El 8M nos mostró cientos de miles de mujeres en México que marcharon por la justicia y por el fin de la violencia masculina contra las mujeres. En el 8M las mujeres salieron a las calles de todo el país, desde la capital hasta ciudades fronterizas como Tijuana o Ciudad Juárez pasando por Puebla, Oaxaca o Guerrero, donde en algunos casos las mujeres indígenas se unieron a las marchas.

Las mujeres salieron a las calles para comenzar una protesta multitudinaria que clamaba justicia por el crecimiento de la ola de feminicidios en México y la falta de políticas públicas para resguardar la seguridad de las mujeres. Si bien el feminicidio ha sido un problema en México durante años, la indignación pública aumentó después de la exposición en los medios de los asesinatos de Ingrid Escamilla y Fátima Cecilia Aldriguett Antón. Sus historias hicieron eco con la realidad de muchas mujeres en México donde al día de hoy, diez mujeres son asesinadas todos los días, y para el año 2019 se contabilizaron 1010 feminicidios de los cuales el 90 por ciento están sin resolver y sin castigo.

Le siguió el llamado a una huelga nacional y bajo el lema “un día sin nosotras”, el 9 de Marzo cientos de miles de mujeres mexicanas se mantuvieron alejadas de las oficinas, las escuelas y las agencias gubernamentales para mostrar cómo sería la vida si las mujeres desaparecieran de la sociedad. El Paro Nacional buscó que la sociedad mexicana hiciera cara a cara a la cultura machista que ha contribuido a nuestra perpetua invisibilidad e inseguridad. Por medio de la marcha y el paro, las mujeres mexicanas exigieron dignidad y humanidad a través de la acción colectiva para las mujeres y dirigida por mujeres.

Después de las protestas era claro que el país se encontraba en una “etapa crucial en la organización comunitaria de mujeres de todas las edades” y quienes además habían decidido “tomar la palabra para nombrar las violencias históricas que nos han negado algo tan fundamental como vivir libres y sin miedo”. A la par de las conversaciones y los debates sobre las protestas, noticias de todo el mundo comienzan a reportar una serie de casos de neumonías de causa desconocida en Wuhan, China. La OMS sale al paso para dar datos sobre este fenómeno y a realizar reportes sobre sus hallazgos. El brote se identifica como una nueva forma de coronavirus, denominada COVID-19.

Wuhan declara emergencia de salud pública. Una ciudad de 11 millones de personas se pone bajo órdenes de cuarentena: se cancelaron todos los vuelos y trenes que salían de la ciudad, y se suspendieron los autobuses, trenes subterráneos y ferries dentro de la ciudad. Si bien la OMS declaró el brote como una emergencia de salud pública mundial en enero del 2020, los reportes posteriores sobre infectados (alrededor de 9,000 casos) en 18 países más allá de China atrajo el interés internacional.

A partir de Marzo, la Secretaría de Salud del Gobierno de México lanza el sitio https://coronavirus.gob.mx/noticias/ con información relevante sobre el COVID-19 tales como síntomas, origen del brote actual, tratamiento y medidas de prevención. Es también en este periodo donde comienzan los comunicados diarios de dicha Secretaría. En un principio las conferencias apuntaban a brindar información importante sobre el nuevo coronavirus en el ámbito internacional, sin embargo, a partir del cambio hacia la fase 2 y 3 en México, las conferencias hacían más énfasis en la situación nacional, así como medidas de prevención tomadas por diferentes agentes y la serie de acciones de vigilancia epidemiológica y prevención de la enfermedad.

Si bien se ha dejado claro la potencialidad del coronavirus para infectar a todos, no todos estamos expuestos al virus de la misma manera. Esto quedó manifiesto durante la conferencia de la Secretaría de Salud del 26 de Marzo, donde el Secretario de Salud enfatizó prestar atención a la forma en que los fenómenos de salud pueden afectar las relaciones humanas. En este sentido, se mencionó que las medidas de mitigación masivas pueden implicar una convivencia más intensa entre las personas al interior de un hogar y con este preámbulo el secretario cedió la participación a una serie de expertas en equidad de género y salud.

Las expertas enfatizaron el modo en que la emergencia sanitaria no sólo pone en posición de vulnerabilidad a las mujeres por tener empleos precarios o informales o por tener que responder a varios roles con el trabajo y la maternidad, sino también porque en muchos casos el aislamiento social puede significar estar más expuesta a la violencia. Aunque el virus puede afectar a cualquier ser humano, no todos tenemos los mismos recursos para enfrentarlo, por lo que sus efectos son demográficos y socialmente selectivos. En este sentido, la crisis causada por el virus y las medidas de mitigación y control afectan de manera distinta a diversas poblaciones. Esta crisis ofrece una visión clara de las desigualdades sociales entre hombres y mujeres, tal como se explica a continuación. 

Mujeres en trabajos informales y en trabajos precarizados.

Por una parte, las medidas de mitigación tienen un impacto negativo en aquellas mujeres que se encuentran en el trabajo informal y/o trabajos precarios. Esto no es un número nimio si consideramos que el 56% de la mano de obra femenina en México se encuentra laborando de manera informal. Sin acceso a un seguro de salud o a prestaciones a las que recurrir, estas mujeres se enfrentan al dilema de regresar al trabajo (si es que pueden) y potencialmente enfermarse o verse obligados a quedarse en casa sin ninguna compensación.

En lo que refiere al trabajo formal las mujeres mexicanas también se encuentran en una posición de vulnerabilidad frente a las medidas de emergencia sanitaria. Las mujeres también se encuentran en su mayoría (53.1%) en un sector bastante golpeado como es el Comercio y Servicios. Estos sectores son de los peores pagados y con menos beneficios. Otro contingente donde las mujeres se encuentran expuestas a alta desprotección laboral son aquellas que laboran en el trabajo doméstico (2.2. Millones de mujeres) y también aquellas que realizan trabajo independiente (casi siempre el comercio minorista). En el caso que las trabajadoras les sean otorgado el derecho a ausentarse del espacio de trabajo (que seguro será sin goce de sueldo), las que quedan en sus puestos se encuentran altamente expuestas al contagio, pues se les brinda pocos (o ningún) recursos para protegerse. Todo lo anterior, coloca a este grupo de mujeres en una situación muy difícil, debido a que usualmente, el salario de estas mujeres forma parte primordial para el sustento de los grupos familiares. Para todas estas mujeres la pandemia no significa lo mismo. Su condición de precariedad se verá más agravada por su condición de desigualdad.

Tampoco es de ignorarse que la alta feminización del sector de cuidados y salud expone a las mujeres a un mayor contagio. De acuerdo a la ONU, las mujeres proporcionan la parte principal de las intervenciones de atención primaria de salud. En México el 79% del personal de enfermería son mujeres. Son ellas quienes por tanto, quiénes se encuentran bajo riesgo de salud por exposición inmediata (la proximidad al cuerpo, el equipo usado, los fluidos, la limpieza, etc.) y además psicológica (cuidado emocional de los enfermos, angustia psicológica por falta de sueño o largas jornadas de trabajo, etc.). Esto representa un problema importante, debido a que las mujeres se encuentran mayoritariamente expuestas en primera línea de exposición al virus. Es por ello necesario aumentar las medidas de protección, no sólo en equipo sino también en información y acceso a seguridad médica especial en caso de contraer la enfermedad.

De ahí el llamado por parte de la directora de ONU Mujeres Phumzile Mlambo-Ngcuka, quien subrayó: «Es hora de que los gobiernos reconozcan la magnitud de la contribución de las mujeres a la economía y al mismo tiempo su condición de precariedad”. Para que las medidas para afrontar y aliviar la pandemia sean efectivas, debe reconocerse la situación de precariedad y desigualdad en la que se encuentran muchas mujeres, de lo contrario se corre el riesgo reproducir o perpetuar las inequidades de género ya existentes.

Mujeres y violencia doméstica

El arreglo de pasar más tiempo en casa potencialmente coloca a muchas mujeres en una posición de riesgo. El pasar más tiempo en el espacio privado sumado al impacto económico del coronavirus (personas despedidas a causa del virus) aumentan el estrés en el hogar. En este sentido, mujeres e infantes pueden estar en mayor riesgo de violencia de pareja íntima y otras formas de violencia doméstica debido al aumento de las tensiones en el hogar. Además, en el caso de que la mujer ya se encontrase sufriendo una situación de violencia previa, el confinamiento significa que la pareja violenta sale de la casa menos de lo habitual, lo que hace que sea casi imposible para la víctima buscar ayuda y llamar a centros de asesoramiento y deja a las mujeres conviviendo en sus hogares con maltrato por periodos prolongados.

De acuerdo al comunicado de prensa con motivo del del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (INEGI, 2018) las mujeres que han enfrentado violencia por parte de esposo o novio, a lo largo de su relación de pareja (19.1 millones), en el 64.0% de los casos se ha tratado de violencia severa y muy severa. Asimismo el informe menciona que la violencia de la pareja ocurre con mayor frecuencia entre las mujeres que están o han estado casadas o unidas (conviven bajo un mismo techo) y por cada 100 mujeres de 15 años y más que han tenido pareja o esposo han vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual durante su actual o última relación. Se destaca que bien es cierto que la violencia emocional y la económica son las más extendidas en las relaciones de pareja, comparada con la física (17.9%) y la sexual (6.5%) padecidas en menor medida, éstas últimas no ocurren como agresiones únicas o aisladas, ya que entre las mujeres que están casadas o unidas, 18.3% ha enfrentado agresiones múltiples de todo tipo por parte de su actual pareja o esposo, llegando a más del 35.5% entre las mujeres separadas, divorciadas o viudas. Lo más angustiante es que según este informe, esta situación se ha mantenido en niveles similares durante los últimos 10 años.

Aunado a lo anterior, también debemos considerar el escenario en el que las medidas de confinamiento se tomen como una forma de aislar a las víctimas de sus familias y redes sociales. El temor de transmitir el virus a familiares vulnerables y ancianos o las prohibiciones de viaje pueden llevar a que las mujeres no abandonen situaciones de abuso emocional y físico. Los abusadores pueden manipular emocionalmente a sus víctimas para que se queden, pretendiendo tener síntomas del virus (o en realidad pueden tener el virus), forzando a las víctimas a ponerse en cuarentena con los abusadores por temor a transmitir el virus a otros.

Aunque los datos específicos sobre la relación de la violencia de doméstica y las medidas de contención del COVID-19 aún no están claros, informes sobre brotes previos han dejado ver que las desigualdades que afectan a las mujeres, pueden aumentar por no tomar medidas adecuadas en torno al género. Un informe de Human Rights Watch descubrió que el brote de la enfermedad por el virus del Ébola en 2014 y el brote por 2015-2016 del virus del Zika transmitido por mosquitos en Brasil tuvo impactos particularmente dañinos en las mujeres y las niñas y reforzó la desigualdad de género de largo plazo. Asimismo, este reporte llama la atención sobre los reportes de la prensa china sobre el aumento de la violencia doméstica bajo cuarentena y de acuerdo a un informe del medio Sith Tone, en China, el 90% de los reportes de violencia doméstica, estaban relacionadas con la epidemia COVID-19 y al confinamiento. 

Las medidas de salud pública tomadas para retrasar la transmisión del virus han creado escenarios únicos que presentan un mayor riesgo para las personas que sufren violencia sexual. A las barreras que previamente impedían las denuncias de abuso pueden sumársele otras nuevas que dificultaran aún más que las mujeres abandonen las relaciones abusivas. De esto la necesidad de hacer más para proteger a las víctimas de la violencia sexual en medio de esta pandemia y seguir asegurando el acceso adecuado a los servicios que puedan ayudarlas.

Aumento de la carga de trabajo en el hogar

Una gran parte del colectivo de mujeres, sabe que la jornada laboral no comienza y termina en las puertas de la fábrica u oficina y que el trabajo continúa en el espacio doméstico. Esta doble presencia, entendida como la continuidad de las mujeres en el espacio público (trabajo) y el espacio privado (hogar-familia) significa que una mujer que trabaja –con la misma o mayor intensidad– fuera y dentro del hogar. No es para menos si consideramos que las labores del hogar van mucho más allá de la limpieza de la casa, y comprenden un esfuerzo físico y emocional que se lleva a cabo no solo día a día sino en varios momentos del día.

Aunque las condiciones pueden variar, es decir la intensidad de la carga doméstico-familiar puede ser más/menos intensa a partir de la clase, tipo de hogar, ubicación geográfica, adscripción de género o condición étnica de la que estemos hablando; pero no nos engañemos, el llevar a cabo el balance entre vida laboral-profesional siempre ha sido un asunto complicado (con o sin contingencias por virus).

Con el cierre prolongado de escuelas y el trabajo remoto desde casa (si es que se es una de las pocas afortunadas de tenerlo) las mujeres necesitarán intensificar sus roles en el hogar a medida que se propague el coronavirus. No solo se tratará de cuidar a los hijos durante todo el día, sino además de cocinarles, bañarles, supervisarlos y entretenerles; a la par de ser las encargadas de la vigilancia y procuración de los condicionamientos para evitar la propagación del virus dentro del espacio familiar. Todo lo anterior mientras se intenta cumplir con “normalidad” la jornada de trabajo desde casa. 

Es por ello que este periodo de aislamiento, es distinto que un hombre se quede casa, a que una mujer lo haga porque hay una demanda mucho mayor de trabajo que ellas tienen que hacer, lo que continúa acrecentando el imbalance entre hombres y mujeres dentro de las dinámicas internas de los hogares. Por lo anterior, la conferencia de prensa sobre el coronavirus en México de este 26 de marzo tuvo como eje principal la salud pública abordada con una perspectiva de género, se llamó a “repensar la forma en que cuidamos”, es decir ¿quién cuida?, ¿por cuánto tiempo?, ¿las razones por las que cuida? Y también no menos importante ¿cuáles son las consecuencias de ser la cuidadora principal?

Las respuestas a todas las preguntas anteriores, nos dan una imagen muy clara de la desigualdad que tienen las mujeres (39hrs semanales) frente a los hombres (14hrs semanales) en las tareas domésticas y de cuidados, pero además nos explican la desventaja de las mujeres respecto a los hombres, en términos del tiempo que estas disponen para actividades académicas, profesionales o recreativas. Sin mencionar que esto también aumenta la brecha salarial pues impacta negativamente el ingreso monetario y el desarrollo de carrera de las mujeres o que la intensidad de la doble presencia merma el bienestar de las mujeres.

Hombres que están leyendo esto diciendo inmediatamente comienza a decir pero YO ayudo en casa en 3, 2, 1… Y bueno, puede que me sorprendan y sean de ese bajo porcentaje de hombres que cumplen más de 14 horitas de participación doméstica en casa… pero si están en una relación de pareja (con o sin hijos) o si viven en el hogar familiar, es necesario preguntarse: ¿cada cuanto cocinan?, ¿ustedes planean el menú familiar?, ¿cada cuánto lavan la ropa?, ¿cada cuánto planchan?, ¿cada cuanto doblan y guardan la ropa?, ¿cada cuánto limpian la casa?, ¿quién se encarga del lunch de los hijos?, ¿quién se encarga de todo lo relacionado a la escuela de los hijos?, ¿quién planea las visitas al doctor de los hijos?, ¿quién se sabe todas las vacunas?, ¿quién sabe cuándo hay que hacer cambio de ropa porque está gastada o porque los hijos han crecido?, si hay visitas en su casa, ¿quién está sentado en la mesa y quién está sirviendo?.  Puedo seguir con más y más preguntas, pero seamos sinceros, y aceptemos que, en términos generales, los problemas –y sus respectivas soluciones– derivados de la gestión del hogar y de cuidados son asumidos de forma personal por las mujeres, porque sólo nosotras tenemos esta actividad presente a lo largo del curso de nuestra vida. Y de nuevo caigo en el loop; ¿quién tiene un trabajo mejor remunerado?, ¿quién ha ascendido más profesionalmente?, ¿quién hace menos horas por estar con los hijos?, ¿quién antepone su rol de cuidador a su rol profesional?, ¿quién cuida a los mayores enfermos?

Así que –con o sin encierro– no basta con declararse buenos padres/parejas/hijos o proveedores, también hay que ser buenos planchadores, asiduos lavadores, remendadores ocasionales, chefs habituales y todo lo demás. Necesitamos que entiendan que el trabajo doméstico y de cuidado implica corresponsabilidad. Y aunque hagamos las cosas correctas individualmente, no basta con eso. Tampoco basta con pedir a los empleadores y al resto del contingente masculino que se pongan en el lugar de las trabajadoras para entender lo que les pasa, sino además necesitamos establecer políticas públicas que consideren todos los factores a la hora de ser elaboradas. Necesitamos que entiendan como sociedad en su conjunto que los cuidados son labores fundamentales para el funcionamiento de nuestra sociedad, y que, sin nosotras, la sociedad no funciona.

No podemos olvidar que la emergencia sanitaria es una emergencia de género en términos de su impacto y respuestas. La marcha y la huelga fueron eclipsadas por el virus, pero eso no significa que el proyecto feminista se haya dejado de lado. Esta emergencia no deja de lado la organización colectiva y el reclamo por políticas públicas que vayan más allá de lo sanitario. Hace falta más que una aplaudida conferencia para afrontar situaciones y problemas que se pueden acrecentar por motivos de género. Hace falta que incluso en la crisis, si no existe más remedio que auto-organizar las actividades (re)productivas, la reproducción absoluta no sea impuesta a las mujeres. De ahí la relevancia de continuar la lucha en contra toda la serie de procesos que refuercen el género y de la necesidad de una revaluación de las relaciones entre los géneros con una nueva perspectiva política hecha por las mujeres y para las mujeres.

María Arteaga Villamil
Feminista por convicción
Antropologa por vocación.
Doctora en Estudios Avanzados en Antropología Social por la Universidad de Barcelona
Etiquetas: Covid-19pandemia coronaviruspapel de la mujer en la pandemia
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