Roberto Quintero
Se dice que el empresario es aquel que toma los recursos que están a su alcance y dispone de ellos para producir en beneficio del bien común. Es aquel que reconoce que su labor es mucho más trascendental, que simplemente monetizar. El empresario asimila y entiende que le corresponde ser altamente productivo, plenamente humano y socialmente responsable.
En estos tiempos la imagen del empresario se ha visto mermada y cuestionada, posiblemente por algunos casos de “seudo empresarios” que sólo saben generar riqueza a través del empobrecimiento de los demás. Sin embargo, estos casos son la minoría. La gran mayoría de los empresarios son gente buena, personas que arriesga su patrimonio por cumplir un sueño, empresarios que trabajan largas jornadas, son los primeros en llegar a la empresa y los últimos en irse, se aseguran de que antes de retirar un peso como dividendo o como sueldo por su labor directiva, ha pagado primero los sueldos de todos sus colaboradores y ha cumplido con sus proveedores.
Nuestro México está lleno de ese tipo de empresarios, aquellos que reconocen la noble vocación del oficio de generar empresas.
Esta persona está comprometido a generar valor compartido, es decir valor económico, social, intelectual y espiritual para cada uno de los stakeholders: colaboradores y sus familias, clientes, directivos, accionistas, proveedores, competencia, gobierno, comunidad y próximas generaciones, entre todo un ecosistema.
Recordemos que la única verdadera y generadora de valor económico y creadora de empleos es precisamente la empresa, y no solo las grandes, también las pequeñas y las medianas, la papelería de la colonia, la fonda, la tienda de la esquina, son claros ejemplos de generación de valor compartido.
Es importante puntualizar que no hay empresarios pequeños y grandes, todos los empresarios somos del mismo tamaño, posiblemente con marcas pequeñas o medianas, pero el valor y el sacrificio no tienen ninguna relación con el tamaño de su empresa.
Como sociedad, hoy más que nunca debemos recordar la importancia de las empresas y reconocer su gran contribución en el tejido social.
En la etapa post covid deberemos apoyar a las empresas de nuestra comunidad, de nuestra colonia, consumir sus productos y servicios. Exigir, por supuesto, calidad, pero a la vez ponernos en los zapatos del otro, del empresario que logro sobrevivir la crisis de contingencia y está haciendo su mejor esfuerzo por salir adelante.
Hacer empresa es ser copartícipe de la creación, es una noble vocación de la cual nos debemos sentir muy orgullosos.










