Carolina Goméz Macfarland
Resulta que, con tanto movimiento, miedo e incertidumbre, poco tiempo tenemos para observar con detenimiento lo que sucede a nuestro alrededor.
Nuestra salud, y nuestra vida son primero, ¿cierto? A partir de ella podemos hacer realidad nuestros proyectos, relacionarnos con los demás, disfrutar de lo que nos gusta y, sobre todo, compartir lo que hemos venido a dar al mundo.
Nada fuera de lo común. Sin embargo, hay algo que está detrás de todo esto. Alguien que se dedica justo a cuidar de nosotros.
Personas que desde que han planeado su vida, han pensado en respaldar y mejorar la salud de los demás. Años de estudio y dedicación, noches en vela y muchos deseos de ser mejores en su trabajo.
Me refiero a los profesionales de la salud. Médicos, enfermeros, psiquiatras, psicoterapeutas y personas que se dedican al cuidado del otro, de manera directa y entregada. Todas estas personitas que no solo se quedan deseando el bien al otro, se involucran, se acercan, nos tocan y no temen entrar hasta el último rincón del alma para comprender cada una de nuestras historias y problemas.
Se entregan, se cansan, se agobian y pueden también enfermar.
El trabajo con el ser humano, además de ser uno de los más nobles, es uno de los más desgastantes que existen, física y emocionalmente.
El profesional de la salud, también tiene una historia y también sufre. Y el trabajo constante con el sufrimiento del otro, puede provocar un Desgaste por Empatía o Estrés Traumático Secundario.
Este fenómeno, muy parecido al síndrome de burnout, o estar quemado, tiene ciertas particularidades. Y es que el trabajo sensible, aún con la mejor preparación puede generar un costo por cuidar de los que padecen sufrimiento emocional. Se trata de estrés postraumático sufrido por profesionales o cualquier trabajador que se involucre en el manejo de situaciones dolorosas o traumatizantes.
Además, no sólo ellos son vulnerables a este desgaste, también la familia y los amigos, lo son. Por esta razón, es fundamental reconocer que es necesario recibir apoyo psicológico, contención y comprensión de los amigos, así como descanso de las actividades diarias. Pues es indispensable, para tratar con pacientes, que los intervinientes tengan buena salud emocional.
Actualmente vivimos una situación por demás complicada. Un momento histórico que dejará una muy profunda huella en cada uno de nosotros, un recordatorio de que somos vulnerables y que, sin importar raza, credo, nivel económico o académico, podemos padecer inseguridad, sufrimiento o hasta perder la vida.
Lo justo es ahora, tomar conciencia de que, a nuestro lado, quienes trabajan a todo vapor para ayudarnos a salvar esta tan preciada existencia, también merecen y necesitan un trato digno, un reconocimiento, y reforzadores a su altura, que incrementen su propia calidad de vida, y, en consecuencia, continúen con esta tan noble tarea de cuidar de nosotros.
Mi más profundo reconocimiento y gratitud a todos mis colegas, profesionales de la salud, por el esfuerzo que hacen cada día por salvar a la humanidad.
Dios nos siga bendiciendo!!!
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL. Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.










