lunes, junio 8, 2026
Anúnciate con nosotros
El Heraldo de Puebla
Hemeroteca
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Heraldo de Puebla
Sin resultados
Ver todos los resultados
Home Arte

Tú, Yo y el Rayo (Segunda entrega)

Por Redacción
25 junio, 2020
En Arte
Tú, Yo y el Rayo

Por: Jesús Ramos

Aarón Hernández Moya maduró el día en que cumplió los nueve años. Otros lo hacen mucho después, algunos nunca, pero él lo hizo a muy temprana edad. El tren que pasaba diario por Piedras Negras, Veracruz, su tierra natal, le dio la idea de lo que sería antes de ser grande. El corte de piña y caña no era lo suyo, se negó a tal sentencia, le gustaba ser blanco de ojos verdes, no porque despreciara el negro, sino porque trabajar en las huertas a temperaturas de hasta cuarenta y cinco grados implicaba demasiado sufrimiento. Si quería ser distinto a los demás debía pensar distinto a los demás, si quería evitar los devastadores golpes de sol debía crear ideas para ganarse la vida, y si quería cambiar los esquemas de sobrevivencia de la gente de la comarca veracruzana debía inconformarse con el destino. Evaluó múltiples ocurrencias hasta descubrir que el secreto estaba en hallar la manera de ganar dinero a través de las ideas. Si el dinero lo compraba todo: comida, caramelos, ropa, zapatos, lujos, casas, tierras, atención, respeto, buen servicio, todo, absolutamente todo, debía obtenerlo de manera distinta a los jornaleros. Desde esa edad analizó su situación, su entorno y circunstancia, su tiempo y plazo para ir a la huerta y, al final, concluyó que Piedras Negras le daría el despegue pero no el vuelo sostenido al futuro de ensueño. Corrían los años 30. La Gran Depresión de Estados Unidos estaba en su apogeo, la Guerra Civil Española emergía a la historia en oscuros episodios y el personaje Cantinflas daba sus primeros pasos en el mundo del teatro. Supo que debía subirse al tren del futuro antes de que cumpliera los diez, pero no para viajar o pagar un boleto de asiento sino para obtener el dinero que le evitara el corte de frutos en lo soleado del campo. El ferrocarril era su única ruta de escape en un pueblo sin salida ni destino que, dicho de paso, le quedaba demasiado chico para el tamaño de sus pretensiones. Piedras Negras era una ratonera que le obstruía el crecimiento y la ambición.

Todos los días, sin excepción, con lluvia o sol, comenzó a ir a la estación ferroviaria a observar a través del cristal de la ventana la manera en que el empleado operaba el armatoste llamado telégrafo, el mismo por el que se comunicaba con las otras estaciones de la comarca donde vomitaba humo el tren. Su objetivo fue fastidiarlo, cansarlo, sofocarlo, doblegarlo con su terca presencia. El pensamiento suyo no fue el de un niño de nueve años sino el de un psicólogo de cincuenta. Tarde o temprano el operador del telégrafo le preguntaría el porqué de su presencia. Anticipó la conducta del empleado, la calculó, la midió como la mide el psicólogo experimentado. El modo como lo hiciera era lo de menos, podía ser amable o grosero con él, lo importante era la pregunta. La esperaría una eternidad si fuera necesario. 

Transcurrió un mes, dos, tres, cuatro, cinco, otro en su lugar se habría rendido, pero el pequeño Aarón Hernández Moya no lo hizo, era testarudo como los mosquitos que por ahí abundaban y que no les acobarda el manotazo. Al medio año, ante la indiferencia del responsable de la estación de tren, decidió no sólo curiosear sus tareas sino aprender el significado de las señales sonoras que enviaba y recibía por el telégrafo. Lo logró. Aprendió el alfabeto Morse mucho antes de aprender a leer y escribir el español, lo aprendió de memoria. Jamás lo olvidó. A través del tecleo del metal se enteró de asuntos internos ferroviarios, del motivo de las risas pícaras del encargado y de las confesiones sexuales del individuo distante que le contestaba. 

El día que cumplió los diez años ocurrió algo inesperado en la estación de tren. Por ahí de las once de la mañana, el empleado sufrió un infarto mientras despachaba los pases de abordaje de los pasajeros que iban al puerto de Veracruz, no pudo cobrarles, se desvaneció de súbito, escandalizó a todo mundo. La cuadrilla de mantenimiento de vías temió lo peor ante la falta de comunicación pues ignoraba qué tren arribaría primero a Piedras Negras y cuál después, si el proveniente del puerto de Veracruz o el que iba a ese destino habiendo salido de la estación de Tierra Blanca. Un choque sería catastrófico, los dos transportaban carga pesada, pero también pasajeros. La tragedia puso su peor rostro. Para mala fortuna, el cambio de vías se hacía precisamente en Piedras Negras, ahí llegaba uno se aparcaba en los rieles laterales y esperaba a que se fuera el otro antes de reemprender la ruta. Piedras Negras era una estación de empalme o de espera. Tenía la enorme responsabilidad de evitar accidentes. El pequeño Aarón presenció la tragedia del empleado desde la ventana, observó la estampida de personas cuando fueron enterados de la posibilidad del choque de trenes. El chisme se propagó como la neblina en las montañas jarochas durante el invierno; en minutos, el murmullo se metió a todos los rincones de Piedras Negras. Los residentes de las casas aledañas a la estación ferroviaria cargaron con niños, gallinas, puercos, guajolotes y lo que pudieron, huyeron por peteneras de la zona de riesgo. La cosa no terminó ahí, el chisme adquirió dimensiones colosales cuando a alguien se le ocurrió fantasear que si los trenes chocaban, la explosión tendría la potencia de un meteorito como el que acabó con los dinosaurios y el cráter que dejaría tras de sí sería del tamaño de Yucatán o de España. La gente no sabía el tamaño ni de uno ni de otro pero imaginó algo espantosamente grande y abandonó el pueblo en cosa de minutos; se internó en la llanura. Antes de media hora, Piedras Negras era ya un pueblo fantasma. Qué tantos agregados habrá tenido el rumor que cuando regresó a los oídos de la cuadrilla de mantenimiento de vías también les asustó, sin embargo, cual honorables capitanes de barco decidieron hundirse en la tragedia, fuese del tamaño que fuese, antes que emigrar de la estación de ferrocarril como las ratas. Con la mano derecha en el corazón resolvieron morir como los hombres, se peinaron el cabello y el bigote para no llegar fachosos al más allá. Por el alboroto, hasta de prestar atención médica al responsable de la estación se olvidaron; cómo habían de prestársela, si el médico, como los demás, también se encaminó a la llanura. 

El pequeño Aarón se carcajeó del caos, de la estampida, del ridículo de los adultos. Después del alboroto, Aarón ingresó hasta donde se encontraba instalado el telégrafo, se sentó en la silla, con sus piecitos descalzos apuntando al suelo, y comenzó a mandar señales en clave Morse a las últimas estaciones por donde habían pasado los dos trenes, hizo el cálculo en tiempo y distancia; habiéndolo obtenido, informó a la cuadrilla cuál llegaría primero y cuál después, lo mismo que el intervalo de minutos entre uno y otro. Los reparadores de rieles observaron la pericia con que el niño operó el telégrafo. No lo podían creer, el mocoso aparentemente sabía más que ellos. Para cerciorarse que sus dichos fueran ciertos le pidieron los nombres de los dos maquinistas así como de los dos responsables de las estaciones vecinas. Aarón solicitó las identidades en clave Morse; cuando las tuvo, se las proporcionó; se quedaron pasmados; los nombres eran correctos en los dos casos. Y por si algo faltara, puso al tanto de la situación imperante en Piedras Negras a los altos jefes de Ferrocarriles Nacionales de la ciudad de México, lo mismo que de los protocolos de seguridad puestos en práctica; ellos a su vez, creyendo que trataban con un adulto le hicieron saber que a bordo del ferrocarril, cuyo destino era Veracruz, viajaban dos médicos del gobierno para atender al infartado. Mandar es similar a comerse un dulce, y como los jefes tienen a flor de paladar el antojo de dictar órdenes, le ordenaron que se quedara tres días al frente de las comunicaciones del telégrafo, plazo suficiente para que la lenta burocracia designara a su relevo, con el compromiso, por supuesto, de gratificar ampliamente el favor prestado. El pequeño Aarón aceptó gustoso e hizo lo que le indicaron.

Al día siguiente, Piedras Negras tenía un héroe, de pocos años, corta estatura y pies descalzos, pero un héroe. La hazaña fue musicalizada, la hicieron cumbia, danzón y chachachá. Gracias al hijo de  la Italiana y del Descendiente de Yanga no explotó nada, ni se hizo ningún cráter colosal que afectara la siembra de caña y piña o que dejara el suelo disparejo a los hombres y a las bestias. Carretadas de felicitaciones, filas interminables de individuos de la región fueron a agradecer la proeza a la casa de los orgullosos padres. Aunque éstos, a decir verdad, por haber contado erróneamente el número de vástagos ni cuenta se dieron de la ausencia del pequeño Aarón cuando emprendieron la veloz huida a la llanura, como tampoco lo notaron cuando regresaron por la noche confiados de que el peligro había pasado. 

Al cabo de unos días, la ausencia de Aarón a la hora de la comida fue notoria.

–¿Y el héroe? –preguntó la Italiana arqueando la boca–, ¿dónde se habrá metido nuestro muchacho? 

Etiquetas: Jesús Ramos VázquezTú yo y el Rayo
Redacción

Redacción

Publicación siguiente
Cierra oficina de Profeco en Puebla por posible contagio de COVID-19

En tiempo real

Nuestras Secciones:

Puebla
Análisis
Capital
Global
Seguridad

EDICIÓN DEL DÍA

Lo Más Visto

Hollywood reconocerá salas de cine internacionales
Global

Hollywood reconocerá salas de cine internacionales

Por Redacción
1 junio, 2026
0

La Academia Hollywood, encargada de los premios Óscar, anunció este lunes un nuevo premio que reconocerá a 50 salas de...

Leer másDetails
Explosión en Tepeaca exhibe avance del huachicol: PAN
Puebla

Explosión en Tepeaca exhibe avance del huachicol: PAN

Por Julio César Morales
7 junio, 2026
0

La explosión de cuatro pipas de gas en el municipio de Tepeaca puso nuevamente en evidencia los problemas de inseguridad...

Leer másDetails
Netayahu dice que Israel controlará ‘pronto’ un 70% de Gaza
Global

Netayahu dice que Israel controlará ‘pronto’ un 70% de Gaza

Por Redacción
7 junio, 2026
0

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó este domingo que Israel controlará "pronto" el 70 por ciento del territorio de...

Leer másDetails
Joaquín Espidio Camarillo asume coordinación del IMSS-Bienestar en Puebla
Puebla

Joaquín Espidio Camarillo asume coordinación del IMSS-Bienestar en Puebla

Por Julio César Morales
3 junio, 2026
0

El secretario de Salud del Gobierno del Estado, Joaquín Espidio Camarillo, asumió la coordinación estatal del sistema IMSS-Bienestar en Puebla....

Leer másDetails
Sin resultados
Ver todos los resultados

#SÍGUENOS

DIRECTORIO

Presidente
José Hanan Budib

Director general
Erick Becerra

Editor en Jefe
Javier González
Sánchez

Coordinadora Administrativa
Magda Velázquez

Diseño Creativo
Marcos Baleón

Gerente Comercial
Katia López

Jefe de Sistemas
Eliezer Uscanga Sena

SECCIONES

Oficinas de El Heraldo de Puebla
15 Oriente 422, int. 1 Col El Carmen
72530 Puebla , Puebla
México
De Lunes a Viernes de 9:00 hrs a 18:00 hrs.
Ventas y suscripciones:
whatsapp ventas:  221 778 1402
Telefono Oficina:  222 409 40 94
[email protected]
[email protected]

Welcome Back!

Login to your account below

Forgotten Password?

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.

Log In

Add New Playlist

Utilizamos cookies para ofrecerte la mejor experiencia en nuestra web.

Puedes aprender más sobre qué cookies utilizamos o desactivarlas en los ajustes

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Puebla
  • Capital
  • Análisis
    • Pepe Hanan
    • Erick Becerra
    • Ignacio Suárez «el Fantasma»
    • Óscar Tendero García
    • Leticia Montagner
    • Luis Gabriel Velázquez Acosta
    • Luis González
    • Alejandro Cañedo Priesca
    • Ángel Sarmiento
    • Alfonso González
    • Álvaro Ramírez Velasco
    • Alejandro Moreno
    • Análisis UPAEP
    • Andrés Beltramo Álvarez
    • Análisis Anáhuac
    • Blanca Cruz García
    • Carlos Lara
    • Gabriel Cordero
    • Roberto Quintero
    • Fernando Jiménez
    • Guillermo Cobos Fernández
    • José Luis García Parra
    • Héctor Rodrigo Ortiz
    • Mauricio García León
    • Maia Becerra
    • Miguel Ángel Martínez Barradas
    • Maritza Mena
    • María Arteaga
    • Nora Escamilla
    • Rubén Furlong
    • Roberto Quintero
    • Ricardo F. Macip
    • Ray Zubiri
    • Ivan Mercado
  • República
  • Global
  • Escena
  • Seguridad
  • Xtremo
  • MujERES
  • Especial
  • Arte
  • Hemeroteca
  • Directorio
    • Código de Ética
    • Misión, Visión y Valores
    • Declaración de RSE
    • Aviso de Privacidad
    • Responsabilidad Social
    • Directorio Editorial

© 2021 El Heraldo De Pubela  Todos los derechos reservados

Powered by  GDPR Cookie Compliance
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.