Lic. César Sotomayor.
El mundo cambio desde la aparición en Wuhan China del desgraciado «virus del murciélago», en nuestro país no sólo combatimos a ese enemigo, sino también al desempleo, el cierre de empresas, la falta de movilidad económica, etc. lo que obliga al gobierno a establecer políticas de salud, para ello, se creo entre otras acciones el semáforo de riesgo epidemiológico con la finalidad de transitar hacia una nueva normalidad, es un sistema de monitoreo para la regulación del uso del espacio público de acuerdo con el riesgo de contagio de COVID-19. Este semáforo será estatal y está compuesto por cuatro colores:
Rojo. – Se permitirán únicamente las actividades económicas esenciales, asimismo se permitirá también que las personas puedan salir a caminar alrededor de sus domicilios durante el día.
Naranja. – Además de las actividades económicas esenciales, se permitirá que las empresas de las actividades económicas no esenciales trabajen con el 30% del personal para su funcionamiento, siempre tomando en cuenta las medidas de cuidado máximo para las personas con mayor riesgo de presentar un cuadro grave de COVID-19, se abrirán los espacios públicos abiertos con un aforo reducido.
Amarillo. – Todas las actividades laborales están permitidas, cuidando a las personas con mayor riesgo de presentar un cuadro grave de COVID-19. El espacio público abierto se abre de forma regular, y los espacios públicos cerrados se pueden abrir con aforo reducido. Como en otros colores del semáforo, estas actividades deben realizarse con medidas básicas de prevención y máximo cuidado a las personas con mayor riesgo de presentar un cuadro grave de COVID-19.
Verde. – Se permiten todas las actividades, incluidas las escolares.
Por primera vez, desde que la Secretaría de Salud (SSA) federal implementó el modelo de semáforo de riesgo por entidad para el COVID-19, Puebla dejó el color rojo y fue movido a naranja, lo que significa que el riesgo de contraer la enfermedad es alto. Pese a ello, el llamado de la autoridad es el mismo se pide prudencia y no desbordar centros comerciales, parques, plazas públicas, tiendas de autoservicio y lugares de alta concentración.
De acuerdo al Gobierno federal, dentro del semáforo naranja de la pandemia se permiten las actividades de las empresas esenciales, mientras que las que no tienen dicha clasificación pueden trabajar de manera reducida, tal y como ha sucedido desde días pasados, cuando el Gobierno del Estado puso en marcha el Plan de Reactivación Económica. Sin embargo, dentro de dicho nivel todavía no se encuentra permitida la reanudación de las clases de manera presencial, por lo que éstas deberán de realizarse en línea, como se ha establecido en semanas previas.
Respecto a los trabajadores, en el semáforo naranja se establece que aquellos empleados que pertenezcan a grupos vulnerables podrán retomar sus actividades laborales, siguiendo protocolos de máximo cuidado, como lo son jornadas de trabajo reducidas y espacios exclusivos para sus labores.
Este fin de semana se inicio en Puebla la nueva normalidad y se apreció que a la sociedad antes de la prevención le preocupa su diversión, ejemplo de esto decenas de automovilistas hacían fila para poder ingresar a centros comerciales, restaurantes de la zona centro se encontraron sin respetar la distancia entre los comensales, lugares públicos como el zócalo y paseo bravo tuvieron gran afluencia de familias.
¿Qué era esa normalidad que estamos dejando?
Antes de la pandemia, debemos decirlo, lo «normal» era coexistir con violencia en múltiples formas (delincuencial, familiar, contra la mujer y los menores, de familia, del narco, etc.), lo «normal» era ser testigos del precario estado en que millones de compatriotas sobrevivían al día, lo «normal» era una sociedad empapada de resentimiento, de apatía, de valemadrismo, de vicios enquistados en nuestras sociedades, tales como destrucción de los recursos naturales, corrupción, abuso de autoridad, etc.
Sin embargo, esa «normalidad» también estaba teñida de hechos y acciones que nos permitían pensar en un mejor futuro, ahí tenemos la solidaridad en desastres, el trabajo de ONG´s en favor de grupos vulnerables, instituciones que pese a todos los temporales decidían mantenerse firmes como un bastión para la República, el mantenimiento de las tradiciones y del trabajo artesanal, y un sinnúmero de causas que dejaban entrever que nuestra normalidad podría ser mucho mejor.
Esa era nuestra normalidad, por ello creo que la pregunta que hoy debemos hacernos no es ¿cómo será la nueva normalidad?, sino, ¿qué debemos hacer para construir la normalidad que queremos y merecemos?
Sin duda, además de fomentar nuevos hábitos de cortesía al estornudar, con el uso de mascarillas y cubre bocas, la limpieza en áreas de trabajo y espacios públicos, realizando trámites vía electrónica, necesitamos renovar algunos compromisos sociales que nos permitan re humanizar la nueva normalidad ya que no es cuestión de ideologías partidistas, personajes o gobiernos, se trata de la conciencia de cada uno de nosotros.

Notario Público, Mediador Certificado por el TSJEP y profesor académico de la ELDP









