Carolina Gómez Macfarland
Dejar que los hijos se vayan de casa, no es de ninguna manera una tarea fácil. Muchos de los problemas que viven después de irse, es debido a que las madres no podemos manejar el vacío que dejan, aun cuando hay muchas cosas que podemos hacer. Y enfermamos, nos lamentamos y hacemos todo lo posible para que regresen. Y sin pensarlo si quiera, lastimamos y dificultamos su crecimiento. Como madres o como hijos, necesitamos acomodar este doloroso proceso para continuar viviendo plenamente. Y es posible hacerlo desde el amor. Tal vez esto ayude un poco:
“A mi querido hijo:
Cuánto tiempo ha pasado ya. Cuántos años, cuántas aventuras, cuántas lágrimas y cuántas risas juntos. Ese tiempo que estaba segura, se detendría y entonces, jamás te irías de mi lado.
Te esperaba con tantas ganas… quería ver tu cara, quería conocerte y mirándote a los ojos, decirte cuánto te amaba. Deseaba abrazarte fuerte y decirte ¡“Hola, aquí estoy!!!”. Soy esa mujer gritona y llorona que escuchabas, la que te cantaba y te platicaba, en ese encuentro íntimo, solos tú y yo.
Qué sentiría cuando te mirara y te tuviera entre mis brazos. Cómo sería nuestra relación. ¿Me amarías?
Tantas preguntas y tantos sueños, hasta que, por fin, el día llegó y ahí estabas tú, y me miraste, y me reconociste. Y entonces vi en tus ojos esa tranquilidad, porque sabías que nunca te dejaría solo: ¡“Hola mamá”! ¡“hola mi amor, encantada de conocerte!”.
Y entonces lo supe, te amaría, y debía hacer de ti, un ser humano fuerte, feliz, humilde, respetuoso de tu vida y la de los demás, y entonces entendí que no iba a ser una tarea fácil.
Por eso estaba angustiada, por saber que tenía una vida en mis manos, y que llevaría años enseñarte lo que a veces, ni yo misma aprendí.
Y así, pasaron años de lucha y diversión. Amándote cada día más. Esperando cada vez más de ti, y mucho más de mí. Y te regañé y te lastimé, y no sabes cuánto lo lamento. Sentí culpa, tanta que, muchas veces te consentía de más, con tal de menguar mi dolor.
Luego, entendí que ese dolor no era por el regaño, sino por darme cuenta que un día te irías, y que no me pertenecías. Que debía verte partir y volar, para que conocieras otros horizontes y felizmente, realizar todos tus sueños.
Sabía que ese día llegaría y llegó. Y me duele, y te extraño, me enojo y siento celos de aquella persona que ahora pueda gozar de tu tiempo, tus abrazos y sonrisas.
Y yo, me quedaré aquí, intentando dar un sentido a tu ausencia. Uno que en mi razón ya estaba resuelto, pero que mi testarudo corazón aún no encuentra.
Muchos años me centré en disfrutar de tu cuidado y tus tareas, y ahora, que llegó el tiempo de voltear y ver mi vida, no sé qué hacer, y tengo miedo, miedo de estar sola, miedo de no recordar qué sueños tenía y de continuar. Sé que quiero seguir creciendo y seguir aportando algo al mundo, pero debo descubrir cómo hacerlo. Porque ahora hijo, puedo seguir enseñándote más cosas, a partir de lo que yo misma haga por mi vida.
Aun me quedan metas por alcanzar, sonrisas qué compartir, y caricias que recibir, porque puedo recordar que soy una mujer antes de ser madre. Ya es tiempo de que conozcas otra parte de mí, un ser humano fuerte, inteligente y con mucho amor en su corazón para dar.
Es momento de poner en práctica lo que has aprendido aquí, aquellas muchas o pocas cosas valiosas que pude darte, y compartirlas con otros seres con los que te encuentres en el camino.
No te aferres ni sientas culpa por dejarme, nos duele a ambos, sin embargo, es ese dolor que vale la pena ser sentido, para forjar nuestros corazones y continuar dando y recibiendo de la vida.
Desde mi corazón, te digo: “SIGUE TU CAMINO”, y si quieres agradecer un poco de lo que te hemos dado, SE FELIZ. Persigue y haz realidad tus sueños, que yo quedaré satisfecha del trabajo que hice, al verte un ser humano pleno.
Comparte lo que sabes, y aporta todo lo que puedas para que este mundo y la humanidad sean mejores, pues no llegaste para quedarte pegado a mí toda la vida.
Puedes regresar y recordar quién eres, cuando lo necesites, que siempre estaremos listos para darte otro empujón y continúes creciendo.
Vete tranquilo, que yo aún tengo mucho qué hacer, y al mismo tiempo, mucho que enseñarte. La vida no termina aquí, ¿qué no me ves guapa y joven aún?
Enorgullécete de tus padres y tu linaje, y dile al mundo y a tu descendencia que te amamos, y que ahora tú les darás ese calor y energía que ellos necesitan.
Te amo hijo, y haz que todo aquello que hicimos por ti, valga la pena.
Siempre estaré para ti,
Mamá.”
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL, Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.










