El Heraldo de Puebla

Lecciones y elecciones para el 2021

Blanca Alcalá Ruiz

Los resultados recientes de los comicios en Coahuila e Hidalgo generaron reacciones y enseñanzas para los actores en el contexto político nacional: ¿Qué elementos jugaron en esta elección? ¿Cuáles de ellos serán definitivos para que las distintas fuerzas políticas logren sus objetivos en 2021?

El próximo año se realizará la mayor elección hasta hoy registrada en el país. Más de 21 mil cargos de elección popular estarán en juego. Para algunos partidos, conservar su mayoría es el principal objetivo; para otros, la meta es mantener el poder en los espacios locales que detentan. No faltará quien tenga como único propósito recuperar lugares de representación política en la cámara de diputados federal o en los treinta congresos locales para asegurar su sobrevivencia.

¿Qué hicieron o dejaron de hacer las principales fuerzas políticas? ¿Qué esperaríamos de ellos para el siguiente proceso electoral? ¿Qué se vislumbra en relación con el equilibrio de poderes y la democracia en México? Éstas son algunas de las interrogantes que se asoman y que la elección del 18 de octubre pasado trajo al debate con nuevas preguntas e interesantes conclusiones, a la luz de los resultados obtenidos.  Resultados en los que, por cierto, el PRI, a quien algunos daban por muerto, se levantó con una contundente victoria en Coahuila, y una importante recuperación en Hidalgo.

En el caso de Morena, el partido en el gobierno, más allá de la molestia que la derrota ocasionó, su reacción desafortunadamente fue de mal perdedor. Revivieron su clásica narrativa: “Si gano, hay democracia; si pierdo… hubo fraude en la elección”.  En los resultados electorales  también se asomó aquella máxima de Colosio: “El gobierno actúa y el partido resiente”. En este caso, es el Movimiento de Regeneración Nacional el que empieza a resentir las decisiones  adoptadas por el gobierno de la 4T. Un escenario donde la crisis económica y sanitaria se ha recrudecido,  la incertidumbre  ha permeado distintos sectores económicos, y la política de austeridad extrema refleja, además de la ausencia de obras, numerosas víctimas de la cancelación de programas y acciones: atención de niños con cáncer, de mujeres víctimas de violencia, de beneficiarios de políticas públicas en materia de seguridad, cultura, ciencia, etc. El tiro de gracia lo recibieron estos programas hace algunos días con la desaparición de 109 fideicomisos públicos.

Un tercer elemento, que también influyó en los resultados que obtuvo Morena, fue el conflicto que vivían en ese momento por la elección de su dirigencia nacional. El saldo para ellos, en definitiva, fue negativo y seguramente ha prendido focos amarillos en el cuartel general que preside ahora Mario Delgado.

Para los otros partidos de oposición, que también perdieron en esta elección, los números revelan que la aritmética no se equivoca: las alianzas suman, y su ausencia devolvió a las distintas fuerzas políticas el verdadero valor de su peso electoral. Llama poderosamente la atención el caso del Partido Acción Nacional que, en Coahuila, apenas obtuvo el 10% de la votación total. En ése, como en otros estados, Acción Nacional había logrado competir de manera muy significativa.  En otros momentos y lugares obtuvo importantes victorias, a raíz de la construcción de coaliciones o alianzas que inicialmente sorprendieron por unir a los extremos (derecha e izquierda juntas), y que luego se volvieron rutina del pragmatismo electoral. El PAN mantenía como marca su piso y potenciaba resultados con la suma de otras fuerzas políticas. En 2021, seguramente esa será la ruta que trazarán en busca de victorias electorales.

En el caso del Partido Revolucionario Institucional, sería injusto pensar que los errores de los otros propiciaron la victoria de este instituto político.  Por el contrario, fue la suma de distintas variables alineadas lo que hizo posible construir la victoria. Destacan, entre ellas: Primero, el ejercicio de autoridades estatales priistas en ambas entidades, bien evaluado por sus ciudadanos, que ha sido eficiente lo mismo en temas de seguridad pública que al responder oportunamente frente a la emergencia de salud que se vive en México y en sus estados. Segundo, trabajo real del partido, tanto de la dirigencia nacional como de los comités directivos estatales (me consta), cada quien atendiendo lo que estaba en su ámbito de competencia; la fórmula fue coordinarse sin empalmarse. Tercero, fortalecer estructuras y desterrar la simulación. Cuarto, procesos escrupulosos y transparentes en la selección de candidatos. Y, por último, campañas ad hoc, atendiendo las medidas que la emergencia por la COVID exige.

La victoria representó una bocanada de aire fresco para los militantes del PRI, vino a fortalecer el liderazgo de sus dirigentes, y le permite negociar, desde una posición diferente las posibles alianzas que, para el 2021, puedan concretarse a la luz de las recientes reformas aprobadas en sus estatutos.

Sin embargo, lo indiscutible, más allá del balance de esta jornada, es que las elecciones han mostrado ser cada día más competidas. Difícilmente una es igual a la siguiente; tampoco existen formulas mágicas que garanticen el triunfo electoral, pero es evidente que quien hace la tarea, y se equivoca menos, tiene mayores probabilidades de alcanzar un mejor resultado electoral. Indudablemente, amable lector, los ciudadanos tienen la última palabra; ojalá que en el 21 su veredicto sea en favor de la pluralidad que garantice el equilibrio entre poderes, y la vigencia de un país de libertades y democracia.

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