En medio de las turbulencias provocadas por la crisis de la COVID-19, el tratado de libre comercio más grande del mundo fue firmado. La Asociación Económica Integral Regional (RCEP por sus siglas en inglés) está formado por 15 países: Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia, Vietnam, China, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia.
El RCEP tiene como antecedentes dos propuestas de integración de la región asiática. En agosto del 2006, Japón propuso la Asociación Económica Amplia para el Asia Oriental (CEPEA por sus siglas en inglés) en una de las Cumbres del ASEAN. Esta iniciativa tenía planeado integrar al ASEAN, a Corea del Sur, China, Japón, Australia, Nueva Zelanda y la India. Igualmente, se basa en el Tratado de Libre Comercio de Asia Oriental (EAFTA) que integra al ASEAN+3. Estas propuestas fueron sintetizadas por el tratado actual.
La introducción de la idea del RCEP en la ASEAN ocurrió en noviembre de 2011 y las negociaciones comenzaron un año después. El tratado fue firmado el 15 de noviembre del 2020 en la cumbre del ASEAN celebrada en línea. El nuevo esquema de integración representa un tercio del PIB y de la población mundial. Contiene grandes asimetrías entre el PIB per cápita de los países y comunidades enteras, que se destacan a continuación: Brunei, 1500 dólares de PIB per cápita, y Corea del Sur, 31,000 dólares. China tiene 1.400 millones de habitantes, mientras que Brunei tiene poco más de 450,000.
Dentro del tratado se tocan los temas de: comercio, inversión, servicios financieros y digitales, propiedad intelectual y cooperación tecnológica. En materia de movilidad de personas, se admitirán las estancias temporales con visa. Esto significa que se limita a un tratado comercial y no un proceso de integración económica, con libre circulación de factores. La OMC llevará a cabo la resolución de disputas de acuerdo con sus normas y en caso de un tratado bilateral existente, el foro será elegido por el país reclamante. No hay ninguna disposición sobre el empleo, los subsidios gubernamentales, ni el medio ambiente.
Destaca la cooperación tecnológica que tiene como fin reducir la brecha de desarrollo entre los países de la región. Aquí es donde entra China y sus avances tecnológicos a bajo costo. La implementación de tecnología china en los países miembros de la ASEAN ya existía antes, principalmente en energía. En el sudeste asiático, China ya ha instalado 52,573 MW de capacidad eléctrica, principalmente con fuentes de energía fósil. Parece que China invierte en países con un PIB per cápita más bajo en energía sucia debido a sus bajos costos tecnológicos y de generación de energía, como Laos y Camboya. Indonesia también recibe tecnología de generación de energía a partir de carbón debido a su gran producción de carbón (la cuarta del mundo) y a su laxa política ambiental.
La nueva región representa el 29% de las exportaciones mundiales. Cinco países no pertenecientes a la ASEAN (China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda) representan el freno comercial de la región. Sin embargo, la participación de la ASEAN en el comercio es también notable, con el 7% de las exportaciones mundiales acercándose a la importancia de los EE.UU.
Si revisamos las principales exportaciones e importaciones, podemos notar las cadenas de valor global (GVC). La lógica es que los teléfonos móviles, semiconductores y circuitos se trabajan en los países miembros de la ASEAN para su exportación al resto de las RCEP. La industria asiática de alta tecnología se volverá más dinámica con la eliminación de los aranceles. Del mismo modo, las exportaciones de energía fósil aparecen como relevantes desde los países del sudeste asiático a los nuevos miembros.
La inversión extranjera directa (IED) también se verá beneficiada. Entre todos los países del RCEP los que llevan la delantera con inversiones intrarregionales son Japón, China e Indonesia. Los primeros dos se concentran en la inversión de equipo de transporte. Destaca China a partir de la Nueva Ruta de la Seda. Indonesia, por su parte, es el principal inversionista del ASEAN intrarregional con los grupos empresariales: Lippo (telecomunicaciones, servicios de salud y comercio al por menor), Salim (Alimentos, energía, telecomunicaciones y banca) y Triputra (Manufactura, alimentos y minería). Australia ha invertido en la minería y en la industria tecnológica a partir de 2018 de manera activa.
Con el tratado, China puede tener más influencia regional, sobre todo con los socios que tiene disputas comerciales: Australia, Japón y Corea del Sur. Igualmente, tiene mayor margen de maniobra en los planes de la iniciativa de la Franja y Ruta. En la Tercera Sesión Plenaria del 18o Comité Central del Partido Comunista Chino se propuso que para 2020 se acelerarán las firmas de tratados comerciales para establecer una red de libre comercio para crear beneficios políticos y económicos.
El bloque representa un tercio de la población global y el 30% del Producto Interno Bruto Mundial (PIB), lo que ha prendido las alarmas en términos de competitividad de otros esquemas comerciales en el mundo, tal es el caso de la Unión Europea, el T-MEC, el Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP) y la propia Alianza del Pacífico (AP) con los cuales nuestro país mantiene Tratados de Libre Comercio (TLC´s).
Si bien es cierto, a través del CPTPP, México cuenta con Acuerdos Comerciales con algunos miembros del nuevo RCEP, tal es el caso de Australia, Brunéi (pendiente de ratificar), Japón, Malasia (pendiente de ratificar), Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam, por el momento esto no representa una amenaza dado que los beneficios de desgravación arancelaria no son extensivos a todos sus miembros, especialmente a China y Corea del Sur, debido al artículo XXIV de la Organización Mundial del Comercio (OMC, 2020) concerniente a las Uniones Aduaneras y Zonas de Libre Comercio, dejando a un lado el artículo 1 de dicho Organismo referente a la nación más favorecida que establece lo siguiente: “En virtud de los Acuerdos de la OMC, los países no pueden normalmente establecer discriminaciones entre sus diversos interlocutores comerciales. Si se concede a un país una ventaja especial (por ejemplo, la reducción del tipo arancelario aplicable a uno de sus productos), se tiene que hacer lo mismo con todos los demás Miembros de la OMC”.
A pesar de esta previsión (Artículo XXIV de la OMC) que evitaría darles acceso al mercado mexicano a dos de nuestros tres socios comerciales más importantes de Asia (China y Corea del Sur), con lo que aumentaría de manera natural nuestro déficit comercial con ellos, eso no quiere decir que México no tenga que contemplar una estrategia comercial específica ante el RCEP, dado que es altamente probable que los países que gravitan simultáneamente tanto en el CPTPP y el RCEP buscarán posicionarse en términos de geolocalización en territorio nacional con miras de aprovechar las ventajas de desgravación arancelaria del T-MEC. He aquí la urgencia de generar una estrategia de sustitución o complementación de importaciones provenientes de Asia con la producción nacional con el objetivo de que nuestras empresas, comenzando con las PYMES, se integren a las grandes cadenas de valor globales. Al respecto, hay que subrayar que la mayoría de las empresas que se han beneficiado de la red de TLC´s que nuestro país ha firmado son empresas globales y pocas de origen mexicano, por lo tanto, nos enfrentamos a un fenómeno de repatriación de capitales producto del comercio intra-firmas que operan en los mercados globales.
Esperemos que en vísperas de la era Post COVID-19, la transición de poder en el mundo y las nuevas acciones comerciales ante el CPTPP y el CREP que emprenderá seguramente la nueva administración de los Estados Unidos a partir del 2021, nuestro país esté listo para enfrentar los retos, es tiempo de fortalecer los puertos del pacifico mexicano, las vías de tren y carreteras que los comunican con Estados Unidos, pero sobre todo, aprovechar las ventajas de un mundo que regresará a un orden liberal-multipolar y en donde el comercio internacional jugará un rol fundamental en la recuperación de la economía internacional y por ende, la de nuestro país.










