Ernesto Ordaz Moreno
“En tiempos de crisis los inteligentes buscan soluciones, los idiotas culpables” (proverbio popular)
Definitivamente, soy de la generación igualdad por los derechos de las mujeres. Como cada 8 de marzo, desde 1975, en que la ONU lo promulgó, celebramos el día internacional de la mujer, un reconocimiento a su trascendencia, valía y aportes diarios en el quehacer de la sociedad; sin embargo, también es una alarma que provoca el despertar de los pendientes que tenemos, como sociedad, para con ellas.
Desde el principio de todos los tiempos, la mujer y el hombre están unidos en la evolución de la vida humana, por ende, de la sociedad, luego, se complementan. No obstante, lo lógico de esta visión, es a partir del siglo veinte que comenzó el peregrinar de las mujeres luchando para que se les reconozca lo que por naturaleza es suyo, la igualdad y la libertad.
Atrás deben de quedar las obsoletas visiones del pasado sobre la debilidad de las mujeres o su incapacidad para gobernar o emprender; los discriminatorios estereotipos deben vencerse en ciertos grupos sociales que viven o practican atavismos que atentan contra derechos humanos esenciales, igualdad y libertad. Y en esa tesitura, todos los movimientos de las mujeres están enfrascados en dominar el pensamiento retrógrado de esas “minorías”, incluidos los fanatismos religiosos; afortunadamente, la lucha es sólo contra una parte de la sociedad.
Hoy, la mujer, ha cerrado voces críticas que se resistían a observar la realidad, al participar en política, ocupando posiciones de gobierno, en puestos de decisión empresarial, desempeñándose en las actividades profesionales, siendo atletas o deportistas, como miembros de las fuerzas armadas o de seguridad pública, asesoras comunitarias, entre otras tantas opciones. Claro está, llegar a este comentario representó que muchas mujeres sacrificaran su libertad e incluso su vida, reclamándole a la sociedad oportunidades para acceder a la educación, a la participación política, a ingresar a la vida económica.
La vida en sociedad resulta imposible de visualizar sin la participación activa de las mujeres, ellas representan más del 50% de la población nacional y, por ende, más del 50% del padrón electoral. En este caso, si su participación en la economía, en política, en el ámbito profesional, evidentemente es muy alto, resulta lógico que la sociedad y el Estado, les garanticemos una vida justa, equitativa, con plena igualdad, en participación, en derechos, en accesos a todas las fuentes de educación y riqueza; destruyendo cualquier acción de violencia en su perjuicio, pues resulta inverosímil que existan, todavía, discriminación, acoso, violencia de género, brecha salarial, feminicidios, entre otras tantas desigualdades que sufren día con día las mujeres.
Tanto las autoridades gubernamentales como toda la sociedad somos copartícipes y corresponsables en eliminar toda violencia en contra de las mujeres, por eso, ante una circunstancia de esta naturaleza debemos alzar la voz y hacer todo lo posible porque dicha conducta sea anulada y erradicada; por supuesto, que sólo a través de la educación se podrá conquistar una igualdad plena. En ese sentido, la lucha no es violenta, ya que “la violencia crea más problemas sociales que los que resuelve” (Martin Luther King), sino aún más profunda, pues se centra en la intelectualidad, rompiendo moldes sociales anticuados y banalidades de tinte político, ya que la intención es ir más allá de un mero reconocimiento en leyes de sus derechos, pues ello es connatural a las mujeres. No, el objetivo es que exista la conciencia de igualdad para las mujeres, que todos estemos convencidos de esa paridad en todas las actividades, que se aclame su trascendencia en la vida, de sus valiosas opiniones que enriquecen o complementan una visión, otorgándole una sensibilidad que sólo ellas son capaces de producir, aprovechemos su naturaleza de liderazgo, hagamos esfuerzos para que todas adquieran una preparación intelectual que hará un mundo mejor.
Seamos hoy, esa generación en donde las mujeres alcancen con plenitud la libertad e igualdad anhelada por todos. Que sea una realidad no un mero discurso. Apoyemos sus luchas pues son nuestras, alcemos los puños en señal de protesta y levantemos más alto la voz para que todos escuchen. Ellas son el cambio que requiere el planeta y no hay futuro sin su participación. “Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio”.










