Leticia Montagner
Vaya paradojas de la vida, nadie quiere ser alcalde de Roma, donde los grandes partidos presentan a candidatos de segunda fila ante la dificultad de encontrar figuras destacadas que asuman el desgaste de dirigir la capital de Italia.
Roma es una trituradora de políticos. Walter Veltroni fue el último gran alcalde de 2001 a 2008, ya que la ciudad conservaba el esplendor internacional más allá del eterno interés turístico.
Desde entonces, todos sus sucesores, como el fascista Gianni Alemanno o el socialdemócrata Ignazio Marino, han compartido escándalos, procesos judiciales y la dudosa gestión de una ciudad que, según un estudio de la Comisión Europea de 2020, es la segunda capital comunitaria con peor calidad de vida, solo por detrás de Atenas.
Virginia Raggi, fue elegida alcaldesa en 2016 por el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y ha sido un eslabón más en la decadencia, según opina la ciudadanía. Pero la falta de interés del resto de partidos, sin candidato todavía o con apuestas de segundo nivel, la sitúan como la favorita de acuerdo a encuestas, ante las elecciones de octubre.
El M5S es un experimento político surgido de los intereses de una empresa de comunicación y los impulsos anticasta del cómico Beppe Grillo que comenzó su ascenso electoral hace cinco años, pero la dirigente Paola Taverna, resumió en una frase lapidaria lo que representa Roma para los partidos: hay un complot para que ganemos las elecciones, así nos harán quedar mal, según consignó El País a fines de mayo.
Virginia no ha cumplido sus objetivos, Roma sigue con graves deficiencias en el transporte, en la limpieza urbana, la gestión de las empresas públicas –son 8 mil los trabajadores sólo de servicios con 440 kilómetros cuadrados de zonas verdes–, con recaudación insuficiente de fondos y tres millones de habitantes.
Los grandes partidos de derecha La Liga Salvini Premier, Forza Italia y Hermanos de Italia, así como el centroizquierdista Partido Democrático, además de tener nuevos cuadros dirigentes, no han encontrado voluntarios para optar al puesto que se decidirá en las urnas.
Francesco Rutelli, otro exalcalde con buen recuerdo entre los romanos, cree que esa indecisión se debe en parte a que los partidos han perdido el vínculo con las clases populares más organizadas.
En cambio en México y en especial en Puebla Capital, desde que inició el proceso electoral el año pasado, hubo muchos partidos y muchas candidaturas. Ya veremos quién triunfa oficialmente en lo que se esperaba –hasta ayer—, una elección con gran abstención, pero gratamente la población salió a sufragar en este primer proceso electivo en medio de la pandemia, lo cual al parecer politizó más el ambiente, en especial por ser una jornada electoral intermedia en donde históricamente el voto se inhibe. Veremos y diremos.

Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP.
Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









