Carolina Gómez Macfarland
“Era tan creativo, que se ha vuelto loco”
Muchas veces hemos creído que será necesario un final desastroso para quienes tienen un talento impresionante dentro del arte.
De tanto pensar, de tanto crear, era de esperarse que enloqueciera.
Pero el tema del arte y sus creadores, es un tema complicado, donde deben tomarse en cuenta, muchos puntos de vista.
Porque no es magia la creación de una obra impresionante. No se dan las cosas porque sí.
Para poder ejecutar una obra, escribir, pintar, o darle forma en una escultura, es necesario saber las técnicas, saber el proceso, conocer las notas, el tipo de pintura o el material que se deberá utilizar. Haber trabajado muchos años en ello. Conocer todos los detalles que se han vuelto parte de la vida y del pensamiento cotidiano del autor.
Puede ver lo que los demás no. Puede comunicarse a través de su obra, puede inclusive expresar su dolor o alegría, y encontrar probablemente una respuesta a todo aquello que le aqueja.
Ya sea como una expresión del alma y del inconsciente, o como una forma de sanar, el arte existe y tiene la maravillosa facultad de, aun cuando el autor no esté presente, comunicar algo más que una experiencia. Y tiene también, el poder de trasmitir al receptor, un mensaje que puede o no ser el original, pero que definitivamente le hace sentir “algo” y le provoca adentrarse en sus pensamientos y tal vez cuestionar algunas ideas que revoloteaban desde hace tiempo dentro de sí. Sin necesidad de explicar absolutamente nada. El mensaje artístico se convierte entonces, en un lenguaje que sobrevive aún sin su creador. Porque el arte no acaba con la creación artística.
La genialidad es esta habilidad de crear algo nuevo, brillante, admirable. Pero no será el caso enredarse entre conceptos que se relacionan con el arte, como la innovación, la genialidad, la creatividad, el talento o la locura. Pues todas ellas se entrelazan y se integran al artista mismo.
Pero ¿cualquiera puede ser un genio? ¿Es necesaria la locura?
Muy al contrario de lo que se suele pensar, el arte no te lleva a la locura. Ciertamente para crear una obra, el artista necesita concentrarse, hacerse uno con su obra. Tal vez viajar hacia aquellos lugares que el resto desconoce.
Necesita desprenderse de esas ideas que le detienen para expresar al máximo sus emociones y desplegar su talento. Y un estado alterado de conciencia, cuando existe, se lo permite. Pero, aunque el talento y la enfermedad puedan coincidir en una misma persona, no significa que se necesiten o se refuercen mutuamente.
Así conocemos a pintores, escultores, músicos, escritores que han sucumbido ante la demencia y cuyas obras han sido inspiración para muchos, obras que hablan por sí mismas y que a través del tiempo continúan cautivándonos cuando las contemplamos. Tal es el caso de Vincent Van Gogh (1853-1890) pintor postimpresionista, cuya obra muestra su proceso de genialidad y su deterioro mental hasta que finalmente su psicosis gana la batalla y termina con su vida en presencia de su hermano y confidente Theo.
Por eso vemos muy relacionados los trastornos mentales con el arte. Con el artista, con su creación. Porque en este estado sublime de aparente locura, se despoja de todos sus miedos y mandatos internos, y pone al descubierto su talento. Y logra comunicar justo lo que desea. Se trate de un intento por enviar un mensaje o solo por poder sanar una herida o expresar una muy profunda emoción. Muchas veces sin la intención de ser visto… solo expresarse libremente.
Y podemos entender que para que un ser humano pueda crear, necesita ser congruente con su sentir, mucho más que intentar ser congruente con la sociedad que le rodea, algo realmente complicado.
Pero no será necesario que la locura esté presente para que el artista florezca. Aunque difícil, el llegar a la propia congruencia y libertad, es un reto permanente en el hombre. Y trabajando en ello, como una lenta pero segura transformación o metamorfosis, el hombre se desdobla, florece y crea… con momentos complicados como parte de la vida, pero sin llegar a golpear sus relaciones y afectos con los demás. Para que pueda crear consciente e inconscientemente, y compartir justo lo que debe, con toda la humanidad.
Así que sin problema podemos descartar la idea de que para crear debemos enloquecer… aunque, ¿quién determina en un momento dado lo que es la razón, el arte o la locura?
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL. Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.










