El asesinato de tres periodistas en el país provocó este martes una movilización nacional por parte de trabajadores de la comunicación que se manifestaron para exigir justicia ante la indiferencia del Gobierno de Morena, quien desde su arribo al poder no solo ha demostrado su desprecio hacia opiniones que difieren de su forma de gobernar, sino que ha atacado al mensajero.
La retórica presidencialista se ha basado en calumniar a medios de comunicación y a periodistas, pero también a ciudadanos que ejercen su derecho a la libertad de expresión. La finalidad es construir un estigma.
El problema con esta condición es que genera para la persona que lo vive aislamiento, rechazo y falta de oportunidades, como ha sucedido en nuestro estado con diversos comunicadores que han sido agredidos por ciudadanos e incluso por autoridades locales en el ejercicio de su labor.
Lo más grave es que la categorización social negativa se promueve desde el Poder Ejecutivo, quien mantiene en sus conferencias diarias una sección para revelar «fake news», que en muchos casos terminan siendo acusaciones sin fundamento.
No son menos importantes las declaraciones del presidente Andrés López Obrador en tono de advertencia. Recordemos la realizada el pasado 15 de abril de 2019 tras un intercambio con el periodista Jorge Ramos: «el otro día vi con motivo de esta entrevista, vi a un columnista diciendo que los que venían aquí no eran buenos periodistas, que Jorge Ramos sí era buen periodista. Yo discrepo y creo que ustedes no solo son buenos periodistas, son prudentes porque aquí les están viendo y si ustedes se pasan, ya saben lo que sucede», dijo.
A partir de esa fecha la prensa ha pasado de ser «fifí» hasta «sicaria», lo que ha generado en algunos grupos de la población cierto rechazo y odio hacia la labor del comunicador; sin embargo, contrario a esto, a los delincuentes se les considera humanos a quienes se les debe dar abrazos, pero se tolera que la prensa sea tratada a balazos.
Recordemos que algunas características de los estados totalitarios, aparte de tener un único líder, un solo partido o el control de la población, es el desprecio por la democracia, esa que se alimenta y crece por la libertad de prensa y expresión, aquella que ha revelado en los últimos años las deficiencias de este nuevo gobierno que prometió ser diferente.
La reprensión con la que se ha cateterizado la administración de Morena ha llegado hasta el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), mientras tanto los asesinatos a periodistas pueden provocar la autocensura, sin embargo, no podrán matar la verdad.
@MaritzaMena7









