Quería ser como Julio César Chávez, pero a Christian Ayala un accidente de bicicleta le arrebató ese sueño y se lo cambió por convertirse en un agente de cambio a través de nadar en las aguas abiertas más peligrosas del mundo.
Christian es el único poblano que ha logrado la llamada Triple Corona, que consiste en cruzar nadando el Canal de la Mancha, el más peligroso de todos, el Canal de Catalina y hacer la Vuelta a Manhattan, pero para desarrollar esa fortaleza física y pulmonar debió pasar una serie de duras pruebas que la vida le puso.
“Yo en realidad toda mi vida fui boxeador, practiqué varios deportes, pero desde los nueve años hasta los 24 hice fue boxeo, sobre todo por la emoción que había en el país por Julio César Chávez. Yo empecé en la natación porque fue parte de una rehabilitación después de un accidente que tuve en una bicicleta de montaña donde un problema severo en la columna vertebral me llevó a perder la sensibilidad en las piernas”.
Ningún médico se animó a operarlo por la peligrosidad que tenía la intervención. Su futuro se reducía a estar postrado en una silla de ruedas toda su vida, pero un especialista le recomendó practicar la natación para fortalecer sus piernas.
El agua fue su bálsamo y sus agallas fueron su mejor medicina, porque, tras un año de intensa rehabilitación en las albercas, recuperó la movilidad en sus piernas, aunque tuvo que volver a aprender a caminar.

“Lo de las aguas abiertas nació gracias a la resistencia que generé en la alberca porque durante mi rehabilitación en mi cabeza tenía la idea de que si duplicaba las cargas de trabajo me rehabilitaba más rápido, porque a mí me dijeron que me iba a recuperar hasta en dos años, pero como mi hijo iba a empezar a aprender a caminar en un año yo no podía esperar tanto”.
Le decían que, con suerte y mucho esfuerzo, en dos años podía comenzar a volver las piernas, pero Christian en ese tiempo ya nadaba triatlones con la meta en su mente de conseguir la Triple Corona, un reto que solo pocos nadadores en el mundo se atreven a hacer.
En agradecimiento a la vida por la segunda oportunidad que tuvo de poder caminar, Christian decidió nadar con causa, por eso se unió a la fundación Una Nueva Esperanza, creada en 1999 con la intención de permitir a niños y jóvenes de escasos recursos tener acceso a tratamientos que los ayude a luchar contra el cáncer.
“Fue una preparación de cuatro años para cruzar el Canal de la Mancha y lo hice en el 2013 buscando además recaudar un millón de pesos para ayudar a financiar el tratamiento de niños con leucemia. Fue el 23 de septiembre y lo logré en 17 horas y 38 minutos, 62 kilómetros de nado continuo, fue una pesadilla porque durante el recorrido estuve tres veces a punto de perder la vida y, una vez acabó el recorrido, en la costa también tuve complicaciones, porque se me cerraron las vías respiratorias”.

Christian esperó dos años más para aventurarse al segundo reto de la Triple Corona, ahora en la costa de California, para intentar cruzar el Canal de Catalina, tramo de 42 kilómetros que conecta con la Isla de Santa Catalina, donde fue salvado por una manada de delfines de ser atacado por un tiburón, según cuenta el atleta.
“El 29 de septiembre del 2015 hice el reto de cruzar el Canal de Catalina, empecé a las 11:50 de la noche, se nadó toda la noche e hice 13 horas y 59 minutos. La dificultad fue que tuve un encuentro con un tiburón blanco a las 4 de la mañana y eso lo volvió un evento sumamente peligroso, pero un grupo de delfines llegó a auxiliarme cuando el tiburón ya empezaba a mostrarse agresivo”.
El ciclo vio su punto final en 2017 cuando Christian por fin consumó su anhelo de trascender en el ámbito deportivo, pero sobre todo de quedar a mano con la vida y ofrecer oportunidades a los niños con leucemia.
“El 20 de agosto del 2017 culminé el nado de la Triple Corona con el evento que se le conoce como la Vuelta a Manhattan, que es nadar 43 kilómetros alrededor de la isla de Manhattan con la complejidad de que es bajo reloj porque sin límite de tiempo lo podrías hacer de pechito. Tienes que hacer check points en los veinte puentes que rodean Manhattan, si no cruzas los puentes a cierto tiempo estás fuera”.
Con 3 millones de pesos recolectados para ayudar a 27 niños a tener un tratamiento para afrontar la leucemia y con la Triple Corona en la bolsa, Ayala se retiró de la natación de alta exigencia con la idea de seguir ayudando, pero desde otro ámbito, a partir del entrenamiento de la mente y a la fecha ha dado más de 500 de sus conferencias llamadas Entrenamiento Vivencial.
“Lo que yo hago no es más que entrenar la mente, no solo para atletas sino para cualquier persona buscando resolver problemas que pudiera tener pendientes en su vida personal, familiar laboral o deportiva, pero todo enrocado a un entrenamiento de la mente”.
Texto de Antonio Zamora / Identidad Puebla
Fotos: Cortesía









