Es notorio
Ernesto Ordaz Moreno
El Presidente es un personaje brillante, ocurrente, astuto, con gran conocimiento del sistema, fortalecido con un equipo profesional en varias materias, permitiéndole ser sujeto de diversas conversaciones en todas las mesas mexicanas; hasta ahora ha demostrado que es perseverante (más de 12 años en campaña hasta que logró obtener el triunfo electoral) y disciplinado (en política no se deja nada al azar) que aprovecha la permanente exposición mediática a la que se somete; al contar con la simpatía de un gran sector de la población, ya que ofertó erradicar la corrupción y transformar a México con una esperanza de ser mejores.
En ese sentido, mi consternación, porque es la segunda ocasión en que le escucho hacer pública una frase que aparentemente puede ser propia de un impulsivo ímpetu, imprudencia o enojo ante sus detractores o quienes no comparten su visión de gobierno, pero que prenden las alarmas de posibles intenciones ocultas contrarias al discurso e imagen de demócrata, ya que precisar frases anárquicas refleja que en el fondo sólo anhela la dictadura, no la democracia.
La fundada preocupación inició en 2006, en aquél entonces, candidato, manifestó: “¡Al diablo con sus instituciones!”, pero, se trataba del calor de la contienda electoral. Sin embargo, en este 2022, en días pasados, ya en la investidura de Presidente, dijo: “Y que no me vengan a mí de que la ley es la ley, ni me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”. Lo cual, enciende una inquietud, que en términos constitucionales debería ser innecesaria.
Lo anterior, se adiciona con el discurso de que todo aquél con ideas o intereses contrarios al suyo lo tacha de enemigo del pueblo, traidor, fifí, aspiracionista, abogados de patronales que no defienden el interés público, entre otros calificativos que promueven la separación; circunstancia indebida porque el Presidente debe respetar las formas distintas de pensar, sentir y actuar, mientras las acciones u omisiones se encuentren en el marco de la Ley, ello conlleva a respetar a los titulares de los otros poderes federales que tienen el mismo rango constitucional, pues hay que recordar que el Poder se divide en tres.
El Presidente, en su carácter de Titular del Poder Ejecutivo Federal, al tomar posesión de su cargo, se obliga a respetar la Constitución Federal, pues en su artículo 87, dispone el texto de la protesta: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”.
Luego, el Presidente debe respetar la Constitución y la legalidad, con ello, sus instituciones, pues nadie está por encima de la ley.
Es correcto pretender erradicar la corrupción y la transformación a un mejor país, ello implica alejarse de las acciones propias de los gobiernos anteriores, es decir, México no debe regresar al presidencialismo absolutista centralizador, la Constitución, sus leyes y las instituciones deben ser respetadas y, en caso de alguna mejora, debe ser sujeta a un análisis y estudio previo, no como resultado de una ocurrencia ni una imposición, por ello es fundamental escuchar todas las voces, incluso las disidentes y tomar esos puntos de vista en consideración. Para eso es la política y la democracia.
Todavía nos falta mucho por avanzar y construir. Sin embargo, hay que alertar de los posibles visos de un retorno a ambientes políticos despóticos monopólicos en donde sólo existen dos opciones: conmigo o contra mí. Por ello, la legalidad cumple su función al tratar a todos por igual y, por ende, todos debemos cumplir y respetar la supremacía constitucional y la legalidad. El Presidente no puede dejar de obedecer la ley. Ni simular que la cumple o medio cumplirla cuando le conviene. Tampoco debe permitir que sus secretarios, personal o sus partidarios la transgredan. Se respeta y punto.
Hay que decir e incluso gritar un NO al autoritarismo, un SÍ al respeto a la Ley, todos somos iguales y Nadie está por encima de ella. Los ciudadanos debemos defender nuestra incipiente y joven democracia, hacer respetar la República Federal. Alejarnos de la dictadura. Las consecuencias pueden ser catastróficas. Encendamos las alertas.
Foto: Especial









