Proponer una iniciativa de reforma eléctrica como la que afortunadamente fracasó hace unas semanas era una apuesta arriesgada. Los números eran obvios y regresar a un monopolio no beneficiaba a alguien, sino que incrementaba el costo de la energía, obligaba al gobierno a meterle más dinero a CFE, dinero que no tiene; ponía en riesgo las relaciones comerciales de México, obligaba a pagar indemnizaciones millonarias y un largo etcétera de problemas.
Entonces surgió una estrategia predecible en este gobierno: crear una narrativa basada en mitos fáciles de vender, en busca del apoyo popular a la reforma.
Una parte del mito era natural: crear una historia ultranacionalista, aceitada con una carta falsa de López Mateos creada en realidad en 2014 por el propio partido en el poder. Si consideramos que el fervor patriotero se nos ha injertado desde la educación básica y además en general los mexicanos tenemos una deficiente educación económica e histórica una parte del discurso era fácil.
Pero con un poco de información real de lo que pasaba en el sector eléctrico haría que la población rechazara la iniciativa, por eso había que crear algo numéricamente creíble de por qué era necesaria la reforma y así nació el mito de los subsidios a privados.
Sin clavarme mucho, creo que vale la pena aclarar por lo menos uno de ellos: uno de los mitos es que CFE dice que compra la energía a uno costo mayor de sus costos de venta. Según una presentación eso significaría unos 209 mil millones de pesos de “subsidios” a privados.
Pero ¿esto es un subsidio en realidad?
Lo explico para que usted forme su propio criterio. La CFE le compra a privados energía desde antes de la reforma de 2013 mediante una serie de contratos que se conocen como PIE (productores independientes de energía).
En promedio, los PIE generan y entregan a precios que pueden ser hasta 50 por ciento más bajos que el costo de generación de CFE. En febrero de este año, por ejemplo, los PIE entregaron energía a un precio de 1,033 pesos por cada megawatt-hora (MWh) mientras que a CFE generar esa energía con centrales propias le costaba 2,056 pesos por cada MWh.
Pero esa energía la compra CFE para después venderla a nosotros y cobrarla en tarifas.
La tarifa doméstica de CFE, la que pagamos los consumidores pequeños es más baja que los costos de generación citados arriba. La tarifa de febrero pasado fue de 88.7 centavos por cada kilowatt-hora (kWh), o sea 887 pesos por cada megawatt-hora. Pero esta tarifa no es sólo generación de energía, sino transmisión distribución costos administrativos, etc. En números cerrados solo el 65 por ciento de la tarifa doméstica corresponde al costo de la energía.
Entonces, nosotros pagamos la energía a unos 576 pesos por cada MWh, esto es 453.
pesos más barata que lo que le cuesta a CFE comprársela a PIE. Pero… y aquí lo interesante, nos cuesta 1,480 pesos más baratos que lo que le cuesta a CFE generarla.
En sus argumentos, CFE dice que la diferencia entre el costo de compra de energía a los PIE y el costo de venta al usuario final significa unos 209 mil millones de pesos de «subsidio». Pero si esa energía la genera CFE, ese “subsidio” ascendería a 682 mil millones de pesos, más de tres veces lo que supuestamente cuesta ahora.
En realidad lo que sucede es que tenemos una serie de sobrecostos operativos, financieros y administrativos que mantiene alto el costo real de generar y llevar energía a los hogares mexicanos y no tenemos una política para hacer esos costos eficientes y además la tarifas no se fijan con respecto a estos costos sino por decreto.
Más que un subsidio a una empresa, lo qué hay es subsidio a los hogares mexicanos. Las empresas privadas reciben solo el costo de energía de sus contratos, sin subsidios y a costos mucho más bajos que lo que nos costaría si se la compráramos a CFE.
Finalmente, y ante la obviedad de los números, pero la obligación de transparentar los costos, la CRE ahora dice que estos costos que ella misma publica no son reales para el caso de CFE.
¿Qué significa eso? ¿Que a CFE le sale más caro y lo esconden o que sale más barato, pero infla sus precios al reportarlos al regulador? Este desaseo genera aún más dudas.









