Una de las consecuencias de la política energética actual de nuestro país es que dejamos de ir con el concierto internacional al frenar la transición energética. El bloqueo administrativo a los proyectos de energía limpia y renovable ponen en desventaja al país con respecto a otros y no es sólo en compromisos vagos, sino que tiene efectos directos. Y Puebla es uno de los que lo sufrirá. Explico.
Las empresas europeas, de forma importante las alemanas, tienen compromisos bastante serios en materia de energía renovable o limpia. Ya no sólo la empresa alemana, sino que también sus proveedores, deben demostrar que a partir del primero de enero de 2024, el cien por ciento de su energía debe ser proveniente de fuentes renovables.
Eso ¿sería posible en México?
De acuerdo con el marco jurídico vigente, si.
De acuerdo a la política energética actual y al sistemático bloqueo a los proyectos de fuentes renovables, esto se vuelve complicado. Si consideramos que hay más de 2,000 megawatts de proyectos que ya están construidos y listos para entrar en operación, pero frenados; y también otros miles de proyectos cuyos permisos se rechazaron sin justificación jurídica real, parece difícil tener mas capacidad de generación limpia y por lo tanto no hay forma de cumplir, al menos con instrumentos nacionales, con esas obligaciones. Y entonces vienen los instrumentos internacionales.
Hay certificados de energía renovable que permiten satisfacer las obligaciones en materia de energía renovable, que sin embargo tienen un costo adicional, lo cual incrementa el costo económico de la producción de las empresas.
De haber respetado ley, permitido la entrada de los proyectos que ya están listos, haber realizado las inversiones en transmisión, permitido la entrada de nuevos proyectos, sin lugar a dudas el país podría ofrecer energía renovable total a las empresas que así lo demanden.
Pero la cosa está peor: el gobierno obliga a usuarios de energía a salir del modelo de autoabastecimiento en el que estaban. A algunos de estos usuarios, les queda la posibilidad de ir a mercado eléctrico a buscar energía renovable. Pero no todos pueden hacerlo y deben comprarle energía a CFE suministro básico, que además de ser más cara no tiene la capacidad de ofrecer el cien por ciento de su energía renovable a algún cliente.
Entonces vienen dos golpes: primero, al comprarle a CFE verán un encarecimiento de alrededor de 15 por ciento de su energía. Si además, agregamos que tienen que comprar certificados de energía renovable para cumplir con sus obligaciones, estamos ante un incremento de costo energético de la empresa, que disminuye su competitividad.
Esto no hará que las empresas se vayan del país, pero si hace que al momento de valorar proyectos nuevos, México tenga una desventaja con otros países.
En otras palabras, incluso empresas ya establecidas en México, podrían voltear a países como Colombia, donde hay una creciente oferta de energía renovable, podría ser competitiva laboralmente y esta en la región y con acceso al mercado norteamericano también.
Entonces, más empresas buscarían energía limpia y demás bajo costo que no encontrarían en México. Y los futuros empleos se irán a otro lado. Y esto ya sucede.
Mientras eso sucede, Puebla da pasos a la transición, lo cual hay que aplaudir.
Se anuncia un programa de instalación de cargadores de autos eléctricos, algo que cada vez será más común y necesario, para poder acelerar la adopción de estas tecnologías.
Dirá usted ¿Para cuando es eso? Pues el asunto está en los precios de los autos, que originalmente se preveía que tuvieran costo igual a los de combustibles en 2026, pero parece que estas fechas se adelantan.
Apostar por electrificar el transporte es mitigar la cuarta parte de las emisiones del país. Bien por el gobierno estatal, que da pasos adelante.









