El presidente Andrés Manuel López Obrador entregó su cuarto informe de gobierno en el Congreso de la Unión, a través del secretario de Gobernación, Adán Augusto López.
Pero al margen, frente a un mural De Diego Rivera, en Palacio Nacional, el mandatario esgrimió argumentos y defendió sus tesis.
“«Estamos reduciendo la incidencia delictiva, no hay duda, no tengo ninguna duda, estoy absolutamente convencido y ojalá esto se pueda compartir cada vez con mayor número de personas en México y en el mundo, de que la paz es fruto de la justicia», dijo durante su discurso”, se atrevió a decir.
Se ve que el presidente quiere que se diga algo que no concuerda con la realidad.
El presidente insistió en dar números: “El delito de secuestro ha bajado en un 81 por ciento, según citó, y en todos los delitos de robo ha logrado una reducción general del 23.4 por ciento.”.
Nadie le cree.
Nadie en su sano juicio confirma las cifras.
Ni sobre los datos de empleo, inversión, pobreza y menos inflación.
El presidente navega en aguas muy turbulentas. Yo diría, navega en fango puro.
Y pronto caerá en la cuenta de ello.
Ante una muy favorable aprobación ciudadana, el presidente no convence. No convence a los que saben de buenas políticas, de buenas prácticas en la política.
Es un sexenio perdido. No lo digo yo, ahí están los números.
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