Por Adriana Colchado
En días pasados trascendió la noticia de que el standupero Mau Nieto fue acusado en redes sociales por abusar sexualmente de la productora de comedia feminista Melissa Yamel. Ella relató que se encontró con Mau Nieto en un bar de standup, se acercó como fan para platicar, él se aprovechó para emborracharla, llevarla al baño y tener relaciones sexuales con ella, sin su consentimiento – Y no, no me da miedo escribir la palabra “violación”, pero las palabras textuales de Yamel fueron “tuvimos relaciones sexuales, las cuales, yo no consentí en ningún momento”.
Este señalamiento vía Twitter animó a otras mujeres a compartir sus historias de acoso y abuso con él y eso bastó para que Mauricio desapareciera del mundo digital, al menos por unos días de aparente victoria para el colectivo feminista. Pero recién regresó y no lo hizo solo, sino acompañado de la vieja confiable: la demanda por difamación.
El comediante aseguró que la falsa acusación sacudió su vida personal y laboral. Aceptó que aunque el mismo ha construido y fomentado su imagen de “fiestero” y que el contenido que crea está relacionado con el alcohol y los excesos, eso no es un reflejo de su comportamiento en la vida real.
Y como el susodicho es bastante popular, para la opinión pública su verdad fue tan cierta o más como la acusación de Melissa a quien le llovió hate por todos lados. Los cibernautas estaban extasiados porque la demandaron, deseando que tenga su merecido por «mentirosa» y «buscafama», burlándose de su denuncia.
A Yamel tampoco le favoreció que su acusación publicada en un hilo de twitter, no fuera acompañada de una demanda formal, ni que en su relato jamás mencionara que ella dijo «no» cuando él quiso tener relaciones sexuales.
Y bueno, más allá de profundizar en si es o no culpable -porque eso le toca a las autoridades-, creo que linchar digital y mediáticamente a alguien que habla de manera pública sobre abuso sexual, es desalentar e infundir miedo a víctimas que aún no pueden denunciar a sus agresores.
Y aunque apoyo que Mau Nieto o cualquiera que enfrente una acusación ejerza su derecho a defender su nombre -porque las denuncias falsas existen no solo en temas de agresiones sexuales- la denuncia por difamación ya se volvió la respuesta natural de todos los rufianes que no saben controlar sus instintos.
El fenómeno de microcelebridades nacidas en entornos digitales generó nuevos escenarios donde es mucho más posible para una persona regular, conocer y codearse con “famosos”, lo cual a su vez crea dinámicas sociales peligrosas, donde éstos tienen la posibilidad de aprovechar su popularidad para “conseguir” y abusar. Y aunque aceptar que el riesgo existe, no es lo mismo que imputar un delito, la historia reciente nos dice que el maltrato, acoso y abuso son comunes denominadores entre hombres “influencers”.
En México y Latinoamérica la misoginia en los chistes siempre se ha considerado algo “gracioso”; mucho tiempo antes de que el standup fuera algo rentable, la bromitas sobre estereotipos de mujeres han estado presentes en reuniones y fiestas. Por eso no sorprende que personajes de redes sociales se hagan virales haciendo mofa de “la tía”, “la mamá”, “la maestra”, “la novia celosa” o “la mujer durante su periodo menstrual”.
La realidad es que a pesar de que Mau Nieto -como la gran mayoría de los standuperos y creadores de contenidos varones-, disfraza su misógina con comedia, se le debe respetar su presunción de inocencia porque aunque él vende una imagen de macho borracho, eso no significa que sea culpable.
La reflexión aquí es ¿Por qué entonces no somos tan benevolentes con las mujeres que salen en la noche, toman algunas copas y son abusadas o terminan muertas? ¿Por qué la imagen que «vendemos» nosotras sí es importante a la hora de emitir juicios sociales?
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.
@Tamalito_rosa









