Por Adriana Colchado
Después de más diez años de haber pisado la cárcel por una acusación de abuso sexual y corrupción de menores, el famoso Kalimba vuelve a ser sujeto de denuncia pública por acoso sexual.
La cantante Melissa Galindo, ex participante del reality show “La Voz México” utilizó sus redes sociales para acusar al intérprete de “Solo déjate amar” por haberla tocado sin su consentimiento y por hacerle propuestas sexuales bajo circunstancias donde él tenía influencia y control sobre su carrera musical.
En una serie de videos, Melissa relata con evidentes gestos de nerviosismo que Kalimba Marichal la invitó a colaborar con él y a confiar su talento en su nueva firma musical, a lo que ella accedió. Fue en este contexto laboral cuando ocurrió el primer episodio de acoso; ella explica que saliendo de un concierto donde fue telonera, él le tocó la pierna y aunque ella se sintió incómoda, no dijo nada porque viajaban en una camioneta repleta de su equipo.
El siguiente momento fue durante una reunión en casa del ex-OV7, cuando él recordó la ocasión en la que se besaron para un video musical, le hizo saber a ella que ese acto lo “estremeció pa’ arriba» (por decirlo de una manera decente) y acto seguido, le hizo una propuesta directa para realizar actos sexuales, a lo que ella respondió “es broma, ¿verdad?”, se negó y se retiró.
Al siguiente día, Melissa Galindo se puso en contacto con su abogado para buscar la forma de terminar su contrato y así proteger su carrera musical, lo cuál logró a medias, pues -sin entrar en muchos detalles- menciona que le enviaron facturas por servicios contratados para su “promoción musical».
En su momento (no sé si por ser fanática o por que realmente creí en su inocencia), defendí a Kalimba de las acusaciones de Daiana Guzmán en 2010; yo creí en el discurso misógino que se creó entorno a ella, ese de “se quiere hacer famosa». Y aún no hace tanto, cuando Kalimba por fin contó su velda’ con Yordi Rosado, confirmé mi postura, y pensé que más que agresión sexual, fue una desafortunada descontextualización.
La misma Melissa dice que ella le preguntó sobre el episodio con Daiana, y creyó en su inocencia porque él le habló de Dios y de su aprendizaje.
No la culpo. Kalimba además de ser un tipo en extremo talentoso, tiene un verbo IMPRESIONANTE. Sus palabras son siempre las correctas, su carisma, su discurso de amor y paz, su fe y su espiritualidad… TODO es absolutamente creíble. Parece un hombre congruente.
Pero, pausa, que él proyecte cierta imagen ni es garantía de que debajo no haya un rufián escondido; ni de que pueda ser víctima de falsas acusaciones.
No hay que ir muy lejos en la historia para poder enumerar a violentadores, abusivos y asesinos que contaban con enorme carisma, educación y por supuesto alguna clase de poder, con lo que pudieron cometer atrocidades.
Ya lo he escrito antes en esta columna y lo seguiré haciendo, aunque sea un comentario controversial y poco popular: a una mujer que hace una denuncia pública por abuso sexual NUNCA hay que atacarla, sin importar si habla con la absoluta verdad o si hay inconsistencias en su relato. ¿Por qué? Porque muchas mujeres que son víctimas de atrocidades siguen calladas, asustadas por cómo el mundo se les puede volcar en contra en cuanto expongan a su violentador.
Y tal vez sí hay mujeres que mienten, que inventan y que malversan, pero por todas las que respira abuso, por las que viven y duermen con miedo, por todas ellas debemos escuchar con respeto cada denuncia y dejar que los hechos y las autoridades determinen la veracidad.
Hasta donde va el chisme yo tengo mi opinión, pero en estos casos en los que no hay suficiente información, en los que no sabemos si hay denuncia y no tenemos ambas versiones, debemos esperar y ser respetuosos con ambas partes antes de hacer un juicio.
De lo que estoy segura es que, de resultar verdad esta situación, Kalimba estaría tocando fondo y tal vez esta ocasión no podría reparar estrellas rotas.
Se sabe que le sobra talento y por cómo se conduce públicamente, aunado a la relación amistosa entre ellos que pudimos ver en múltiples espacios digitales, su inocencia aparenta ser una posibilidad fuerte. Si usted lector lo cree así, está en su derecho, pero no por eso se sienta con autoridad para atacar a Melissa, para desechar su denuncia, para hostigarla con sus acusaciones. Eso no le suma a él, pero sí nos resta A TODAS.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









