Recientemente se ha escuchado, de propios y extraños, una creciente admiración y preocupación por el boom de nuevas aplicaciones de inteligencia artificial que han sido presentadas en lo que va de este año.
Destaca particularmente ChatGPT, la aplicación capaz de dialogar y generar productos informativos de texto a partir de las indicaciones de un usuario, sin embargo es una en decenas de nuevas aplicaciones.
Los algoritmos de inteligencia artificial y sus aplicaciones son usadas desde hace varios años en entornos académicos y de investigación, así como en negocios tecnológicos donde se usan como herramientas para mejorar la experiencia de servicios digitales que consumimos, por ejemplo Buscador Google, Netflix, Spotify, Amazon, FaceBook, Twitter, Instagram, etc.).
También se emplean para optimizar los procesos productivos y la experiencia de los consumidores, por ejemplo la transmisión inteligente de eventos deportivos, recomendaciones de compras, los diagnósticos médicos, entre otros.
Sin embargo, por primera vez a gran escala, las aplicaciones de IA están directamente al alcance de la mano de cada uno de nosotros (y no a través de un tercero).
Mediante sitios web o aplicaciones es posible que se generen «automáticamente» diseños, ilustraciones, animaciones, presentaciones, textos técnicos y literarios, conversaciones, diagramas, música y más.
Evidentemente resulta admirable que podamos dictar, de forma oral o escrita, un conjunto de requerimientos a una aplicación para que realice una tarea de «creación» con tal grado de aceptación y confiabilidad que pareciera haber sido creado por una persona capacitada, pero en muy poco tiempo.
¿Cómo es que la IA logra tal nivel de creación? Emulando las creaciones de los seres humanos; la IA emplea para «aprender» todos los datos e información que nosotros, los usuarios de internet, subimos cada día mediante redes sociales y dispositivos (celular, bocina inteligente, tablet, etc.).
La inteligencia artificial crea productos en base al conocimiento colectivo de la humanidad.
Al tiempo de la admiración surge una evidente preocupación, ¿acaso la IA algún día podrá sustituir a un empleado, o una profesión o incluso, siendo descabellados, tomar el control de la sociedad?
En este momento aún no es posible saberlo y deberán tomarse medidas para garantizar el uso ético de la IA.
La IA es una herramienta útil que puede usarse en nuestro empleo como una ventaja competitiva, de no hacerlo podríamos ser sustituidos por una persona que sí lo haga.
*Responsable del Laboratorio de Iluminación y Eficiencia Energética
Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica
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