Existen dentro de nuestra sociedad múltiples normas para tener una convivencia sana dentro y fuera del hogar, sin embargo, en los últimos años se han desarrollado conductas y realizado acciones que no deben ser parte de la vida cotidiana.
Hablo de la peligrosa normalización de la violencia, misma que se ha agudizado con la llegada de este gobierno federal, quien ha procurado proteger a toda costa los derechos de las personas que cometen algún delito, porque la política de seguridad se basa en abrazarlos antes que en combatirlos, y acusarlos antes que ejercer acciones.
La consecuencia de las decisiones gubernamentales ha sido que, algunas organizaciones controlen y tengan influencia hasta en el 85 por ciento de las ciudades mexicanas.
De acuerdo con el «Informe de investigación: el primer enfoque de Estados Unidos para derrotar a los cárteles», en los últimos 27 meses, los cambios de política que han abierto la frontera estadounidense, se han convertido en un vehículo para que los cárteles se infiltren en las comunidades y dañen a los ciudadanos de la nación vecina.
Una de las principales amenazas es el tráfico de fentanilo ilícito, que se ha convertido en la principal causa de muerte entre las personas estadounidenses de 18 a 45 años, de acuerdo con datos de Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
La información del Instituto de Política Americana (AFPI por sus siglas en inglés) estima que la membresía total de dichas estructuras delincuenciales es cercana a un millón de personas, mismas que son consideradas como organizaciones criminales transnacionales.
El estudio realizado plantea la peligrosidad que representan para el país vecino, debido a que cuentan con tecnología avanzada, y también equipo, además de que han ido avanzando en territorio estadounidense.
En México, como nunca antes en la historia la violencia ha crecido y se reporta la escandalosa cantidad de más de 150 mil muertes violentas, convirtiéndo este sexenio en el que la ocurrencia de este tipo de delitos es la más alta, en relación con los anteriores.
Lagos de Moreno no sólo es un reflejo de que la política de seguridad ha fallado, sino de la normalización de la violencia y el odio, a pesar de que, quienes actualmente llevan las riendas del país prometieron corregir, y por esa oferta incumplida, hoy gobiernan.









