Un obstáculo grave que inhibe el emprendimiento y la generación de valor es la inseguridad, un cáncer que daña y rompe el espíritu de cualquier ecosistema.
Si quisiéramos guardar un minuto de silencio por las víctimas de actos violentos en los últimos 15 años en nuestro país, sería necesario callar por más de un año.
Recientemente, se llevó a cabo en Puebla en la Ibero, el Diálogo Nacional por la Paz, evento organizado por la Compañía de Jesús y la Conferencia del Episcopado Mexicano, reuniendo a la sociedad civil, universidades, autoridades y sector privado.
La paz es un trabajo en conjunto que implica la suma de voluntades, por lo que participaron 18 mil mexicanos a lo largo de un año en las reflexiones presentadas durante el evento.
Monseñor Ramon Castro, secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, cerró el evento con la lectura de las conclusiones y el reto para todos los asistentes de crear una agenda para la construcción de la paz, así mismo señaló los que a su parecer son los grandes desafíos en esta tarea:
- Retirar protagonismos.
- Trascender instituciones.
- Actuar a pesar de la incomodidad que genera el trabajo por la paz.
Por parte del sector empresarial fue Lourdes Gomory, presidente nacional de Usem, quien señaló el compromiso que tenemos los empresarios y emprendedores en la reconstrucción de la paz.
Cómo emprendedores, la inseguridad nos afecta de diferentes maneras, incrementa los costos, vulnera a nuestros clientes y a nuestra familia, es claro que no es posible generar un ecosistema próspero si no se cuenta con estado de derecho.
En la medida que los emprendedores creemos más y mejores empleos logramos acorralar a la delincuencia, si generamos condiciones laborales que debilitan a la familia y que convierten los hogares mexicanos en simples dormitorios, estamos creando el caldo de cultivo adecuado para la formación de futuros delincuentes.
El sector privado somos parte de la solución y del problema, la paz es un misterio y como emprendedores nos corresponde abonar para descubrirla y vivirla en México.
Dedico esta columna a Gaby Anaya Holland, fallecida en 1993, emprendedora mexicana a quien la delincuencia le arrancó la vida y sus sueños a la corta edad de 23 años.
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