Las letras y melodías de Giorgio Siladi nos demuestran que la música tiene un cuerpo, tiene una piel. Es una encarnación de la valentía que atraviesa ruidosas multitudes con la única misión de tomarte de la mano y salvarte de un mundo vacío de calma.
Unas semanas antes de la publicación oficial del disco, Giorgio compartió que “’Quemar la casa’ nace de una confrontación conmigo mismo en la que descubrí un lenguaje y una esencia que tomó años de búsqueda de identidad”.
En 2020, Siladi lanzó su primer álbum como solista, “Todo Se Mueve”, una obra cuyas historias y sonidos sintéticos, mezclados con texturas caribeñas, viajaron a cielo abierto más de 4 mil kilómetros desde República Dominicana hasta la Ciudad de México.
Su primer sencillo “Todo” fue estrenado en MTV LA y el disco se posicionó con éxito en distintas plataformas digitales, con el que logró conmover a miles de amantes del rock alternativo e indie.
Giorgio no se detuvo y siguió publicando sencillos como “Aguacate” y “Que nos dé la vida”, porque tantos sentimientos no le caben en el pecho y por eso canta, por eso escribe. Porque, así como a la tierra le brotan bellas flores, a él le brotan canciones y, al igual que las flores, su música es un acto de amor que nos recuerda la maravilla de vivir esta vida, que es una.

“Quemar la Casa”, de protagonista a espectador
Ahora, con su segundo álbum de estudio, “Quemar la casa”, Giorgio entiende que sólo en la mudanza somos huéspedes del movimiento, del cambio. Su prioridad ya no es ser el protagonista de las historias, sino el espectador paciente que observa para comprenderse así mismo a través de los demás.
“’Quemar la casa’ es un disco universal que nace de conversaciones con otros y de mucho trabajo interno. Es un disco psicológico sobre cómo pensamos los seres humanos y la sociedad”.
El artista comenta que se trata de una obra cargada de dolor transmutado que, lejos de paralizarnos, nos remueve a ser humildes aprendices de nuestra vulnerabilidad.
“Yo no quiero compartirle a la gente este dolor, yo quiero compartirle el aprendizaje de este dolor”.
Una muestra de ese dolor transmutado palpita en su canción “Será mañana”, pues, aunque muchos piensan que se trata de un tributo a la esperanza, lo cierto es que nace de un dolor muy profundo que se enraizó por un largo tiempo.
Una mixtura de sonidos
Giorgio creció en Santo Domingo, una ciudad en la que la naturaleza es el lenguaje de la sabiduría. Y está ahí, en el oleaje del mar, en las gaviotas alzando vuelo para acariciar con sus alas al cielo y en el perfume de la sal en la piel. Él la recuerda como “una bomba de sabores, colores y texturas. Una ciudad con gente bailando en cada esquina, porque es parte del lenguaje corporal y cortejo que tanto nos distingue”.
Los sonidos que Giorgio resguarda en su maleta son herencia de su tierra, de sus años como estudiante del conservatorio y de las montañas de discos que pertenecían a su padre.
“Yo venía mucho del mundo clásico, pero mi papá fue un joven muy rockero. Recuerdo que le robaba sus discos y se enojaba conmigo”.
En su adolescencia, Giorgio descubrió a los artistas más influyentes en su música como Gustavo Cerati, Fleetwood Mac y The Cranberries, quienes hicieron de la complejidad melódica el idioma más acrisolado de la sensibilidad. Aprendió a tocar el piano, la guitarra y el bajo. Entonces, entendió que los compositores también pueden pintar sobre un lienzo llamado aire y, a sus 16 años, formó junto con varios amigos Bocatabú, una de las bandas más exitosas del Caribe que experimentó su ocaso en 2016.
En noviembre de ese mismo año y durante la celebración de Día de Muertos, Giorgio aterrizó en la Ciudad de México a causa de una necesidad espiritual. Después de tres días inmerso en el irrefrenable ritmo urbano, emprendió un viaje exploratorio que partió en Pátzcuaro y concluyó en las Pirámides de Teotihuacán.
“Subí la Pirámide del Sol, sentí que algo se me destapó del corazón y que estar en México me estaba sanando. Supe que quería estar aquí”.
Desde entonces, México se convirtió en un hogar lleno de ilusiones para iniciar su proyecto como solista, donde la generosidad intrínseca a la música le ha permitido compartir escenario y aprender en compañía de amigos y colegas de distintos países de Latinoamérica como Esteman, Elsa y Elmar (Colombia), Daniela Spalla (Argentina) y Christopher Von Uckerman de RBD, quien siempre ha apoyado su música y le ha compartido experiencias, así como herramientas para el desarrollo de su camino artístico. Giorgio asegura que “el arte y la colaboración tienen una parte matemática. Dos y dos son cuatro, si unes dos talentos sin duda el resultado va a ser doblemente talentoso”.

Complicidad por la nostalgia
En la música, la colaboración es una fusión de sensibilidades y “Quemar la casa” es fruto del entendimiento sensorial entre Giorgio Siladi (autor), Eduardo Fernández (coproductor y compositor) y Juan Sebastián Rodríguez (ingeniero de audio y productor), ganador del Grammy por su trabajo con el álbum “Aztlán”, de la banda mexicana Zoé.
Siladi conoció a Juan Sebastián en un momento clave de su proyecto, pues a través de la mezcla logró dar personalidad a cada una de las pistas.
“Las canciones son más que letra y música; tienen texturas y colores que te transportan a lugares y atmósferas que no ves, pero sientes. Juan Sebastián logra crear eso que llamo la parte ‘cinemática del sonido’”.
Juan Sebastián ha colaborado en reconocidos proyectos de música alternativa como The Growlers, Phoenix y Alessia Cara, por lo que una vez más su experiencia ha hecho realidad un álbum tan complejo y con múltiples capas como “Quemar la casa”, un conjunto de fragmentos que añoran los parajes musicales de la escena indie rock de los 80 y 90, y un homenaje a bandas que fueron parte de la adolescencia de Giorgio como The Smashing Pumpkins, Talking Heads y The Cranberries, que se acompañan de versos que oscilan entre la cruda crítica social y el lirismo sensual, inspirados en destacados cantautores latinoamericanos como Jorge Drexler.

La música, un antídoto contra el olvido
Estos últimos años, Giorgio ha reflexionado sobre el ADN de su música, porque sus canciones se han convertido en la misión de su vida y una manera de sembrar en el mundo una parte de su existencia con la ilusión de hacer revivir la esperanza, el amor y la sanación en los corazones de sus oyentes cada vez que opriman el botón de play.
“Estamos en una época donde nos hemos alejado de la esencia real. En la historia de mi vida no me había encontrado con tanta depresión, crisis de identidad y soledad como la que encuentro latente en la generación presente”.
En su canción “Días Como Hoy”, Giorgio pone sobre la mesa nuestra constante renuncia a la libertad, el abandono a nuestra verdadera piel y la agotadora interpretación de un personaje que impide el encuentro con uno mismo.
“Mi verso favorito de la canción es ‘Creo que es mejor quitarnos la careta/ Eso es amor. La honestidad con uno mismo y con quien uno es va a ser que le entreguemos a las personas una mejor versión de nosotros. Es un intercambio de amor’”.
“Quemar la casa” es un álbum lleno de historias que nos incitan a cuestionar el presente, conciliar con el pasado y advertir sobre el futuro. Nos demuestra que la música es uno de los antídotos más poderosos para combatir una mortífera enfermedad de nuestro tiempo llamada olvido, pues después de atravesar un sendero en llamas, no quedan meras cenizas que esperan ser arrastradas por el viento. Queda memoria, quedan historias y restos de lo que alguna vez fuimos y, cual Ave Fénix, de entre esas cenizas nos regeneramos y renacemos.
Fotos de Hilda Pellerano y Roberto Mendoza, cortesía de Giorgio Siladi
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