Por Adriana Colchado
Por querer hacerse la viral y ligar con la juventud que está más metida en el entretenimiento que en las noticias, la precandidata presidencial y corcholata favorita del presidente, Claudia Sheinbaum, se aventó un Tik Tok para invitar al célebre crítico de series y películas Javier Ibarreche a ver su documental biográfico “Claudia”, quien, de manera nada educada, pero sí pública, dijo “No”.
La estrategia de Claudia Sheinbaum y su equipo para acercarse al público joven mediante un influencer popular parece prometedora en el papel. Sin embargo, la ausencia de un contacto previo con el influencer antes de lanzar el “reto” público revela falta de previsión y básicamente de sentido común, resultando en un video eliminado de la plataforma y en la generación de memes que ridiculizan a Sheinbaum tras colosal bateada. ¿Cómo es posible que nadie en ese equipo (que seguro es más grande que la cola de las tortillas) haya pensado en alzar el teléfono antes de postear?
Pero la despiadada negativa de Javier no solo desató una serie de divertidos memes, sino que puso sobre la mesa un debate más que pertinente: la apatía de toda una generación hacia la política.
Sus palabras textuales fueron: «En este canal no se habla, ni se ha hablado, ni se hablará jamás de nada que tenga que ver con política. Ni de un partido, ni de otro, ni a favor de uno, ni en contra de otro, lo que sea que ocurra en el mundo de la política durante 2024, no voy a opinar nada».
Si bien esto podría interpretarse como una decisión de preservar su plataforma como un espacio exclusivo para entretenimiento y críticas de películas y series, evitando involucrarse en asuntos políticos que puedan generar controversia o polarización, su declaración de ignorancia política es en mi opinión un problema serio.
Y es que tristemente lo que dijo Javier es un reflejo de cómo muchos mexicanos piensan y se sienten hacia la política: no opinan porque no saben; no saben porque no investigan; y no investigan porque simplemente no les interesa. Y ojo, con esto no digo que Ibarreche o cualquier otro líder de opinión debe subir contenidos tipo “te invito a conocer las propuestas del verde”… sino a que es grave perpetuar la idea de que la política no es relevante para la ciudadanía, pues esta antipatía es una enfermedad que afecta a todo México y cuyo síntoma principal es la falta de participación.
La resistencia a conocer, investigar o involucrarse en asuntos políticos bajo argumentos reduccionistas como «todos son iguales» o «todos roban» es una actitud que, aunque pueda sonar “rebelde”, es en realidad irresponsable, pues al adoptar esta postura, lavamos nuestras manos de lo que sucede en el país, atribuyendo la culpa de lo negativo a quienes toman decisiones, sin reconocer nuestra parte como ciudadanos.
En nuestra sociedad, persisten estigmas hacia la política, y es común escuchar a personas afirmar que son «apolíticas». Sin embargo, es crucial comprender que nadie en esta vida es realmente apolítico, ya que la política nos rodea de maneras más sutiles de lo que a menudo reconocemos.
En la antesala de las elecciones del 2024, es imperativo liberarnos de los prejuicios arraigados hacia el quehacer político. En lugar de sucumbir a la apatía y desconfianza comunes, es crucial optar por la investigación activa sobre cómo funcionan los mecanismos de representación. Solo a través de la comprensión de estos procesos podemos tomar decisiones informadas que reflejen nuestros valores y necesidades como sociedad.
Ejercer nuestro derecho y obligación de participar en la vida pública del país requiere un compromiso consciente con entender las políticas, los programas y las propuestas de quienes buscan representarnos. En este contexto, las figuras públicas, especialmente aquellas con un micrófono amplio, asumen una responsabilidad crucial al influir en la opinión pública. En lugar de renunciar a la política como una entidad distante, es hora de reconocer que nuestro involucramiento es esencial para forjar el futuro de nuestra nación.
Solo entiendan la diferencia entre apoyar a un partido y fomentar la participación ciudadana.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









