El terremoto de magnitud de 6.2 en la escala de Richter que sacudió la región noroeste de China la medianoche del lunes ha dejado a su paso una estela de destrucción, al menos 127 personas muertas y alrededor de 530 heridas.
El sismo, cuyo epicentro se ubicó en una zona cercana a la ciudad de Xining, en la provincia de Gansu, ha generado preocupación y desafíos para las autoridades locales en la gestión de la emergencia.
El evento sísmico sorprendió a los residentes, pues muchos aún dormían. Los informes iniciales sugieren que la intensidad del temblor provocó daños significativos en estructuras, carreteras y servicios básicos, lo que ha complicado los esfuerzos de rescate y respuesta a la emergencia.
Según reportes de la prensa local, pese a las bajas temperaturas, los habitantes de la zona tuvieron que abandonar sus hogares, ya que aproximadamente 155 mil edificios quedaron dañados.

Las autoridades chinas han movilizado rápidamente equipos de rescate, personal médico y recursos de emergencia para hacer frente a la situación.
Equipos especializados en búsqueda y rescate aún trabajan arduamente entre los escombros en busca de posibles supervivientes. Desafortunadamente, las labores se ven obstaculizadas por las condiciones adversas, incluidas bajas temperaturas y la dificultad para acceder a algunas áreas afectadas.
Según la Agencia Estatal Xinhua se continuará trabajando en el monitoreo de la región, ya que se encuentra en una zona propensa a actividad sísmica, por lo que aún se esperan réplicas intensas en los siguientes días.
Un temblor de tal magnitud no se había registrado desde 2008, cuando ocurrió uno de magnitud 7.9 que acabó con la vida 7 mil 990 personas en Xinhua, y en 2014, en Shaanxi, de 5.9.
Foto: X @nabuyungo y @Hassanibineimoy









