El 17 de febrero de 1959, en la comunidad tzotzil de Tzopop, Chiapas, México, nació una figura icónica en la historia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la comandanta insurgente Ramona. Su vida estuvo marcada por la lucha incansable por los derechos indígenas y la resistencia ante la opresión.
Ramona, cuyo nombre real era María de la Luz, creció en un entorno de marginación y pobreza, pero desde joven mostró una fuerte determinación por cambiar las condiciones de su comunidad y abrazó la causa zapatista liderada por el subcomandante Marcos.
Algunos de sus hitos
En 1983, María se unió al EZLN, en el que se convirtió en una pieza fundamental de la organización y en la primera mujer en liderar este ejército.
Su participación activa en el EZLN la llevó a adoptar el nombre de guerra «Ramona», en honor a una líder indígena rebelde del siglo XIX.
La comandanta Ramona destacó por su valentía y liderazgo,y sirvió como ejemplo para las mujeres dentro y fuera del movimiento zapatista.
A lo largo de su trayectoria en el frente, Ramona desempeñó roles cruciales en la organización y la toma de decisiones.

Su dedicación a la causa se manifestó en su participación en la histórica toma de San Cristóbal de las Casas en 1994, un acto que dio visibilidad a las demandas de justicia, democracia y derechos de los indígenas, sobre todo de las mujeres. Se convirtió en la primera mujer zapatista en participar en los diálogos de Catedral.
En 1996, fue la primera en cruzar el cerco militar para llegar a la Ciudad de México, para convertirse en delegada zapatista para la fundación del Congreso Nacional Indígena
Además de su labor militar, la comandanta Ramona también abogó por la igualdad de género y los derechos de las mujeres. Su presencia y liderazgo desafiaron las normas de género en una sociedad tradicionalmente patriarcal.
Ramona enfrentó desafíos significativos, incluyendo problemas de salud, pero nunca abandonó la lucha. Su compromiso inspiró a muchos en la búsqueda de un México más justo e inclusivo.
Lamentablemente, la comandanta insurgente falleció hace 18 años, el 6 de enero de 2006, pero su legado perdura, su vida y sacrificio siguen siendo recordados como símbolos de la lucha indígena, la resistencia contra la injusticia y la estructura patriarcal.
Fotos: X @Xime Popo y @rueda_suelta









