El triunfo del populista Nayib Bukele en las pasadas elecciones de El Salvador prendió las alarmas en los medios de comunicación de todo el continente pues muchos consideraron su victoria como el principio del desmantelamiento de la democracia en el país centroamericano. ¿Acaso México está en ese camino?
Hacer grandes obras emblemáticas, destruir el estado de derecho, poner a todo el país en función de un solo hombre, debilitar a los poderes que hacen contrapesos, militarizar, destituir a la corte suprema de justicia y al fiscal general de la república, a los jueces y funcionarios poniendo aliados a modo. ¿Le suena familiar?.
Esta fue el camino que siguió Nayib Bukele para mantenerse en el poder por otro periodo, mismo que no estaba previsto en la constitución de su país. Este “exitoso” modelo podría ser el factor detonante para que otras naciones de la región como Honduras, Guatemala, Perú, Argentina intenten llevar la fórmula a casa.
Ahora sabemos que el método Bukele no es la exitosa mano dura contra la delincuencia sino desmantelar las instituciones para perpetuarse en el poder con discurso estrategia y apoyo popular. En las pasadas elecciones más del 80% de los Salvadoreños votaron la reelección de Nayib arrasando a la oposición.
En México la inseguridad se parece mucho a la de la era pre Bukele sin embargo la oposición apenas está encontrando la manera de articular este discurso a su favor. Por otra parte “la trampa” de las 20 iniciativas de AMLO serán el pretexto ideal para decir que los conservadores no dejaron trabajar al presidente y así buscar tener un congreso a modo para modificar la carta magna a su antojo.
Lo que López Obrador debería pensar es que ningun partido es eterno y qué pasaría si todo el poder que quiere para su movimiento estuviera en manos de un grupo opositor. Quizás lo pensaría dos veces antes de intentar seguir el camino de Bukele. Cuestión de estrategia.










