Las Vírgenes Suicidas, escrito por autor norteamericano Jeffrey Eugenides y más tarde transformado en una adaptación cinematográfica por Sofia Coppola, es una novela que explora el deseo y la fantasía a través de la idealización. Basada en Detroit suburbano de los años 70s, la novela sigue la historia de las hermanas Lisbon: Cecilia, Lux, Mary, Bonnie y Therese, sin embargo, no son ellas quienes narran su historia. La novela comienza con las voces narradoras describiendo el intento de suicidio de Cecilia, quien, a los trece años, intenta terminar con su vida. Los narradores son presentados como voces sin identidades definidas, siendo los chicos del barrio que observan y analizan la vida de las hermanas. Eugenides propone una historia de la vida suburbana y conformidad dentro de las sociedades norteamericanas de a época, haciendo un énfasis en el rol inerte de los personajes de la novela. Los narradores, comienzan a desarrollar una fascinación por las hermanas Lisbon después de que Cecilia logra atentar contra su vida. Sin embargo, hay una distancia creada entre los narradores y el sujeto de la novela (las hermanas Lisbon): ya que estos no tienen un rol significativo en la vida de ellas, y simplemente intentan armar un rompecabezas de quiénes son ellas, por medio de artefactos (como el diario robado de Cecilia), imágenes, o rumores que la comunidad insinúa sobre la cerrada vida de la familia Lisbon.
Desde el principio de la novela, el narrador habla en retrospectiva de cómo el y los demás chicos del barrio han pasado años, incluso en su vida adulta, intentando entender el por qué de los suicidios de todas las hermanas: ya que la muerte de Cecilia abre las puertas a una serie de suicidios por parte de cada una de las hermanas. Y es la distancia que se crea a través de la muerte, de la ausencia de las hermanas en la vida social de la escuela a causa de sus padres conservadores y sobre protectores, que el deseo de los chicos las transforma en una fantasía. Esta creación de una fantasía de quiénes eran las hermanas Lisbon (incluso antes de su muerte), define a los narradores como observadores de un mundo del que no son parte, pero que desesperadamente están tratando de infiltrar. Un ejemplo de esto está claro cuando los chicos leen el diario de Cecilia tras su muerte, y describen que “Conocíamos el dolor del viento de invierno bajo tu falda, el fastidio de mantener tus rodillas juntas en clase, la frustración de saltar la cuerda mientras los chicos jugaban béisbol. […] Entendíamos qué era ser chicas” (Eugenides 40). La percepción de los narradores sobre las hermanas se vuelve una completamente alejada de la realidad: donde ellas llenan el papel de mujeres o niñas que son etéreas, casi incorpóreas y claramente objetificadas en una manera que satisface las fantasías de los chicos. De forma similar, la percepción de la vida como mujeres por parte de los chicos está glamorizada por lo poco que conocen a las chicas; desarrollando fijaciones con sus menstruaciones, qué ropa interior usan, y que poesía escriben.
En el ensayo Sufrimiento Colectivo, Incertidumbre, y Trauma en ‘The Virgin Suicides’ de Jeffrey Eugenides: Sobre Testigos, Perpetradores y Víctimas, Bilyana Kostova argumenta que la posición de los chicos como testigos en la narrativa es un resultado de la banalidad de la vida suburbana representada por Eugenides (Kostova 49-50), y esta banalidad se puede ver como uno de los factores que contribuyen a la obsesión de los chicos por las hermanas Lisbon. Los suicidios de estas proveen un acontecimiento inexplicable, el cual rompe la aparente calma que los rodea. Adicionalmente, la inexplicable naturaleza de sus muertes trae al frente la especulación por parte de los chicos sobre el motivo o razón detrás de estas, el cuál se termina transformando en una mitificación de lo que las chicas eran. Kostova explica que “Todos intentan adivinar los motivos de las chicas y apaciguar su dolor de diferentes maneras. Sin embargo, nadie había escuchado cuidadosamente a las voces individuales de las chicas cuando estaban vivas” (Kostova 52), es decir, nadie en la novela percibe a las hermanas Lisbon como seres humanos, si no que se vuelven las víctimas perfectas de una tragedia inexplicable. Y es la falta de “razón” que da lugar a la especulación y a la fantasía. Las Vírgenes Suicidas es una novela difícil. Sin embargo, su exploración de la idealización de a quienes deseamos, y la naturaleza inexplicable de la muerte, la hace una obra monumental.
“Era emocionante saber que las chicas Lisbon sabían nuestros nombres, que sus delicadas cuerdas vocales habían pronunciado sus sílabas” (Eugenides 21)
Bibliografía:
Eugenides, Jeffrey. The Virgin Suicides. Picador, 2018.
Kostova, Bilyana Vanyova. “Collective Suffering, Uncertainty and Trauma in Jeffrey Eugenides’s ‘The Virgin Suicides’: Of Bystanders, Perpetrators and Victims Atlantis, vol. 35, no. 2, 2013, pp. 47–63.










