Quien diga que el triunfo de los candidatos de Morena fue legítimo, intenta engañar a la sociedad. Durante las primeras horas del lunes, un día después de la elección, miles de ciudadanos denunciaron en redes sociales irregularidades escandalosas que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador intenta minimizar con la ayuda de medios de comunicación que tienen convenios con el oficialismo.
Lo que se vivió el pasado domingo fue una elección de Estado con la complicidad de autoridades del Instituto Nacional Electoral (INE), que dirige Guadalupe Taddei. Millones de votos fueron retirados por goteo de los partidos que integran la alianza opositora para incluirlos a los institutos que conforman el bloque oficialista.
Las actas que pudieron rescatarse dan cuenta de ello, pues, curiosamente, miles de representantes de las casillas de los partidos políticos opositores en todo el país no se presentaron el día de la elección, por lo que tampoco tuvieron la posibilidad de cuidar los votos de los ciudadanos.
También revivieron muertos, el caso más sonado es el de Salvador Hernández Contreras, una persona de Jalisco fallecida y cuyo voto estaba registrado, sin contar los hechos en los que hombres armados ingresaron a los Consejos Municipales a robarse las boletas electorales, situaciones que se han documentado en video.
Hubo municipios en los que se «duplicó» la población total, no sólo la que tenía derecho a ejercer su sufragio, como el caso de Miahuatlán, Oaxaca, de una población total de 50 mil habitantes, votaron 178 mil personas. Es la punta de la madeja de un engaño sin precedente y una actuación grosera en contra de la democracia mexicana.
Después de esta elección, con tantas irregularidades denunciadas por la ciudadanía en diversos canales de comunicación, el INE queda en entredicho, como un órgano que presta sus servicios y no a quienes se debe, a la sociedad.
Ya de por sí las reformas propuestas por López Obrador contemplan su desaparición, la mayoría calificada otorgada y la sobrerrepresentación de diputados, lograrán ese cometido, así como las reformas al Poder Judicial, la militarización del país y la extinción de los organismos autónomos que en mucho ayudaron a la democracia mexicana.
Con estos planes, aún no consumados, México retrocederá 50 años. Fue tal vez la mayoría quien decidió este destino, pero también pudo haber sido el organismo al borde de la desaparición, la que se prestó al fraude más grande de la historia del país.









