Mil millones de pesos de inversión pública, doce nuevas rutas aéreas y un proyecto de ciudad aeroportuaria convergen en Huejotzingo. Lo que no puede quedar fuera de esa conversación es la participación del empresariado local y la claridad de las reglas del juego.
El Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán lleva décadas siendo el gran potencial no aprovechado de Puebla. Una terminal ubicada estratégicamente entre la Ciudad de México y el Golfo, en el corazón de uno de los estados industriales más importantes del país, que sin embargo nunca terminó de despegar como lo que la geografía y la economía de la región demandaban desde hace tiempo.
Eso está a punto de cambiar. O al menos, hay más razones que nunca para creerlo.
En las últimas semanas se han alineado, casi simultáneamente, factores que raramente coinciden: doce nuevas rutas aéreas que arrancaron en junio, una inversión pública de mil millones de pesos para modernizar la terminal anunciada por el gobernador Armenta, doscientos millones adicionales de capital privado para hotel y plaza comercial, y un proyecto de «Ciudad Aeroportuaria» que busca transformar las hectáreas aledañas en un polo de servicios y logística. Todo esto, además, durante un Mundial de Futbol que traerá visitantes internacionales como pocas veces antes, y en el contexto de una agenda nacional de nearshoring que pone a Puebla en el mapa de las cadenas de suministro globales.
El gobierno del estado ha puesto recursos. Las aerolíneas han puesto rutas. Los empresarios han puesto cartas de intención. Lo que falta es lo más importante: definir qué modelo de desarrollo queremos para este nodo y quiénes pueden participar en él.
El operador del aeropuerto es Grupo Mundo Maya, empresa del sector público federal que ha presentado un proyecto ambicioso de modernización y ampliación. Nadie niega la importancia de tener un operador con respaldo federal y capacidad de ejecución. Sin embargo, la experiencia de aeropuertos similares en el país enseña que la diferencia entre un proyecto que detona desarrollo y uno que se queda en anuncio está en una sola variable: la apertura real al sector privado. Los aeropuertos que funcionan como hubs logísticos son aquellos donde múltiples operadores compiten, invierten y desarrollan infraestructura especializada bajo reglas claras y convocatorias abiertas. No aquellos donde una sola entidad concentra toda la cadena. La comunidad empresarial de Puebla tiene el capital, la experiencia y la disposición. Solo necesita que las reglas del juego sean transparentes y los plazos, reales.
Un dato que pasó casi inadvertido lo dice todo: el recinto aduanero que operó junto al aeropuerto durante dieciocho años cerró a inicios de junio por falta de uso. Una infraestructura que existió, pero que nunca fue aprovechada. Eso no es un fracaso de la infraestructura — es la consecuencia de no haber tenido el modelo de negocio correcto, ni las condiciones para que los empresarios quisieran utilizarla. Repetir ese error con el nuevo proyecto sería inexcusable.
Las Cámaras Empresariales de Puebla lo han planteado con claridad: la meta es que el aeropuerto compita por los flujos de carga que hoy se van a Veracruz y Manzanillo. No es una idea descabellada. La ubicación geográfica, la base industrial del estado, las nuevas rutas aéreas y el impulso del comercio exterior lo hacen posible. Pero esa competencia no se gana solo con obras. Se gana con servicios de clase mundial, operadores especializados y procesos aduaneros ágiles y sin opacidad. Y para eso, el empresariado local tiene que estar adentro, no mirando desde afuera.
Las decisiones que se tomen en las próximas semanas definirán el rumbo de este proyecto por años: qué se licita, quién puede participar, bajo qué condiciones, con qué plazos. Por eso convocamos a los empresarios poblanos, grandes y pequeños, a sumarse activamente. Hay espacios para hoteles, logística, comercio, servicios de carga, agencias aduanales, desarrolladores. La oportunidad no espera.
Y a la sociedad poblana en general: este es un proyecto que se financia en parte con recursos públicos y que transformará —para bien o para mal— uno de los corredores más importantes del estado. Merece atención, preguntas y seguimiento. Las preguntas más simples son también las más necesarias: ¿qué se va a construir?, ¿quién puede participar?, ¿cuándo?, ¿con qué reglas?
Puebla tiene el aeropuerto. Tiene la ubicación. Tiene los empresarios. Y tiene, por primera vez en mucho tiempo, el momento. Lo que no puede permitirse es desperdiciarlos.
Luis Alberto González Rosas es abogado litigante y consultor en derecho privado y corporativo. Se desempeña como Presidente de la Comisión Jurídica de COPARMEX Puebla, Titular de la Comisión de Cultura de Paz, Mediación y Justicia Alternativa de CANACINTRA Nacional, y miembro del Subcomité de Plan México ante el Comité Nacional de Productividad. Es catedrático de la Facultad de Derecho de la BUAP y Director General de Luis González Estudio Legal










