Tras un par de semanas desastrosas para la campaña de Biden, en esta se define el grado de confrontación con sus donantes. Si bien no fue el primer escarceó con Trump en el “debate” del 27 de junio pasado, en que se hiciesen elocuentes los estragos de la demencia senil, si es que resultaron ya innegables. Múltiples y frecuentes eventos a lo largo de su presidencia documentan el peso combinado de la edad y presión. Quizás si no fuese presidente requeriría menos drogas y fármacos, dado el estrés de las decisiones a las que se enfrenta. En todo caso, y esta es la herencia envenenada de Obama alterando el proceso para la selección de candidato para 2020. Al no haber dejado crecer a Bernie Sanders, tampoco se dejó que otros aspirantes despuntasen. Con todo, tras el Op-Ed en el New York Times de George Clooney, por encima de cualquier declaración de otros políticos pues es la voz de los corruptos donantes de Hollywood y en sí el Showbiz, parece insostenible una campaña frente al desafío de Trump.
Con todo, las guerras iniciadas por Biden—contra Rusia en Ucrania la ofensiva a tierra quemada en la Franja de Gaza en Palestina por la entidad sionista—así como el atroz manejo de las crisis migratoria, inflacionaria, y de violencia urbana, la mayor preocupación no es si Biden muere o no, está senil e incapacitado o no, sino que sería Kamala Harris quién lo suceda. La oficina de la vicepresidencia estadounidense está pensada, entre otras cosas para esa eventualidad, dado que ha ocurrido en varias ocasiones. De tal modo, que la figura vicepresidencial no deba ser un mero apéndice publicitario, figura menor, o como en el caso de Kamala un guiño al activismo de minorías en su revanchista exigencia de diversidad, equidad e inclusión (DEI). Pensada por y para afroamericanos tomando la cuenta corta del movimiento por los “derechos civiles” y la cuenta larga de la esclavitud, ha incluido a otros “otros” como “latinx”, disidentes sexuales y a mujeres en “interseccionalidad”.
Si bien, no todas las premisas sobre las que se yergue pueden imponer el doble estándar que las caracteriza, el hecho incontrovertible es que no es suficiente proceder de una minoría históricamente oprimida para poder hacer el trabajo. La responsable de prensa de la Casa Blanca (Karine Jean-Pierre) de origen inmigrante haitiano, presentada como afroamericana y queer es el mejor ejemplo. No es la única y quizás tampoco la peor, habiendo demasiados ejemplos, pero lo importante es la certeza respecto a la incapacidad de Harris.
De ahí que a la trascendida aprobación de Obama respecto al OP-Ed de Clooney en el NYT, en un juego donde el “clown-ey” parece ser la voz de los partisanos y no el vehículo quien supuestamente “acabaría con el racismo estadounidense”, sea menor si no es capaz de remover a Harris del ticket y optar por una persona capaz, sea con Biden o sin él. Dada su importancia, no sólo simbólica sino real, para el votante presa de la culpa blanca y los ejércitos de donantes que se beneficiaron mutuamente con él, le corresponde se deje saber será también él quien decida como “King Oreo” del partido demócrata sobre esa opción. Ahí y no en el merecido repudio a Biden es que estriba la coyuntura.









