En muchas ocasiones se duda de la sinceridad de las personas y se piensa que están inventando las cosas que dicen, en fin, que mienten, pero lamentablemente, no se puede descubrir la falsedad de sus argumentos en el momento y no les crece la nariz como a Pinocho.
Jim Clemente, exfiscal del Estado de Nueva York y Agente retirado del Federal Bureau of Investigation (FBI), recalcó que es importante comprender las normas de comportamiento y de comunicación individuales para detectar el engaño, para luego prestar atención a cambios fisiológicos desencadenados por la respuesta de lucha o huida.
Es decir, para algunas personas es normal titubear o no mantener contacto visual cuando hablan, mientras que, para otras, es un aspecto no común de su personalidad, que pone en alerta sobre la veracidad de lo que dicen.
Cuando una persona miente, generalmente sufre cambios fisiológicos en su interior, generados por el aumento de cortisol en la sangre, que elevan la frecuencia cardíaca, cambian su presión arterial, disminuye la salivación de la boca y presentan señales corporales de nerviosismo fuera de lo normal en las personas.
Clemente indicó que cuando las personas mienten generalmente presentan algunos cambios es su expresión corporal, que son válidos para aliviar de la tensión y el estrés del momento, como:
Tragar con dificultad la saliva. Lamerse los labios frecuentemente. Emitir una tos en repetidas ocasiones. Enronquecimiento de la voz. Manifestarse con movimientos inquietos de todo el cuerpo. Frotarse las manos continuamente. Pellizcarse alguna parte corporal. Tirarse del cabello con las manos. Cambios repentinos de posición. Tomar distancia de la otra persona con la que hablan. Sudoración excesiva en manos y otras partes del cuerpo.
Todos estos comportamientos anormales son señales de que una persona está mintiendo en el momento de expresar algo, que lo delatan fácilmente.
Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









