El triunfo de Donald Trump en las recientes elecciones de Estados Unidos plantea una paradoja fascinante: el voto latino, lejos de rechazarlo unánimemente, mostró un respaldo creciente hacia el Partido Republicano. ¿Cómo es posible que un candidato con una retórica agresiva hacia México y los inmigrantes haya captado el apoyo de una parte significativa de esta comunidad?
Para entenderlo, es útil analizar estos fenómenos a la luz de la teoría de las 11 naciones del historiador Colin Woodard, quien plantea que Estados Unidos no es un país homogéneo, sino una amalgama de «naciones» cuya conformación identitaria trasciende a la conformación de los distintos estados de la unión, con valores y prioridades distintas. Entre ellas, la nación «El Norte» que se extiende de costa a costa a lo largo de la zona fronteriza con México, tiene una visión igualitaria y progresista, en la que se priorizan la cooperación social y los derechos civiles. En contraste, la nación Deep South tiene un enfoque más conservador, enfatizando la jerarquía social y el orden. Esta división con bases históricas sigue moldeando las inclinaciones políticas y los resultados electorales de hoy.
El apoyo de los latinos a Trump puede explicarse, en parte, por factores culturales y económicos que resuenan con las posturas republicanas en temas como el emprendimiento, la religión, y el orden público. En regiones del medio oeste o en la nación «Greater Appalachia,» muchos latinos se ven inmersos en comunidades donde el individualismo y la autosuficiencia son valores predominantes. Estas comunidades, de tradición más conservadora, promueven una visión del «sueño americano» que se alinea con la retórica de autodependencia y libertad económica de los republicanos.
Además, los latinos en Estados Unidos, a diferencia de los mexicanos en México, no viven las políticas migratorias de forma abstracta; están inmersos en una realidad donde la asimilación y el éxito económico pueden ser prioritarios sobre una identidad cultural única. Para muchos, el enfoque de Trump en la economía y la seguridad resuena con sus aspiraciones de progreso.
En última instancia, las elecciones de 2024 reflejan cómo las «naciones» dentro de Estados Unidos responden a sus propias prioridades y valores. La teoría de Woodard ofrece una lente reveladora para comprender el voto latino en un país profundamente dividido. No es sólo una cuestión de origen étnico, sino de inmersión en contextos socioculturales distintos que, en última instancia, llevan a decisiones políticas aparentemente contradictorias, pero perfectamente lógicas dentro de cada una de estas naciones que conforman al poderoso vecino del norte.










