Lo que sucedió el pasado viernes en la Casa Blanca será revisado y estudiado por años, ni los corresponsales más viejos recuerdan un altercado como el que se vivió entre los presidentes de Estados Unidos y Ucrania. Era tal la hostilidad del entorno hacia el presidente Volodímir Zelenski, que incluso un periodista aplaudidor del presidente Trump se envalentonó y trató de humillar al invitado ucraniano cuestionándolo por su vestimenta. ¿Estamos hablando de un país en guerra y este periodista, buscando la aprobación de Trump y Vance, aprovecha su oportunidad para provocarle por un traje? Afortunadamente Zelenski tiene una mente rápida y el humillado fue el “Lord Molécula” local.
Aunque hay opiniones encontradas sobre lo que sucedió ese día y quién es el principal responsable, soy de los que piensan que Trump y Vance le jugaron sucio a Zelenski, que fueron torpes, irresponsables y ahora el tiro les salió por la culata, provocando que el mundo se cimbre.
Entiendo que estamos hablando de geopolítica, y que esto no sucede sin una razón planificada, que hay intereses muy complejos. No niego que hay personas en este mundo que ocupan posiciones de poder con alcances que no podemos comprender, que toman las decisiones y mueven los hilos, mientras analizan con una visión de ajedrecista 22 movimientos por adelantado.
¿Y si no siempre fuera así? ¿Y si de pronto llegara a la presidencia de una superpotencia, un personaje racista, inculto, egoísta y abusivo, que gobernara a capricho y sin contrapesos, a partir de premisas muy básicas, muchas veces falsas? ¿Alguien sin autocontrol, con constantes arrebatos de carácter? ¿Alguien incapaz de seguir un plan?
¿Y si esto sólo fuera el imperio del caos?
A lo largo de la historia se han documentado infinidad de casos de eventos catastróficos para la humanidad que se detonaron, es claro que había un caldo de cultivo adecuado para ello, por la ignorancia, confusión, prejuicio o berrinche del tomador final de la decisión. También hemos atestiguado la asunción al poder de personajes que claramente eran los peores para ello, hombres y mujeres terribles que desataron sus venganzas, satisficieron sus ambiciones o simplemente dejaron que su ignorancia, sus taras y sus complejos tomaran el control de la situación. Por esa razón es que los países desarrollados crearon instituciones que permitan que sus dirigentes tengan contrapesos que equilibren y revisen su toma de decisiones. Con esto en claro, regresemos al viernes pasado.
Después de varios días de reuniones tensas entre miembros de los gobiernos de Estados Unidos y Europa, con recriminaciones y apretones de mano muy forzados por el tema Ucrania, Rusia, costos, concesiones, etc., parecía que había una ruta por la cual avanzar. Estados Unidos había impuesto un acuerdo para la paz en la zona, un acuerdo que dejaba a Vladimir Putin muy contento, a Ucrania humillada y debilitada y a Europa muy preocupada. Eso sí, Estados Unidos conseguía hacerse del control de los minerales críticos y las tierras raras ucranianas, indispensables para una independencia tecnológica real, y sin comprometer más ayuda para los ucranianos. Todo perfecto, para Estados Unidos.
Y estamos en la Casa Blanca, Zelenski en su traje de faena oscuro, Trump y Vance en traje formal, sentados, incómodos pero listos para hablar ante los medios y el mundo del acuerdo alcanzado, entiendo que el plan era que Zelenski agradecería el apoyo recibido y reconocería la gran gestión de Trump. Pero algo no saldría de acuerdo con el plan, por algo tan simple como que un par de seres humanos cedieron a sus instintos. Y es que Trump y Vance siguen muy enojados con Zelenski porque éste “apoyó” a Kamala Harris (grave error estratégico del ucraniano), así que cuando sentían que ya tenían el acuerdo amarrado y en la bolsa, quisieron darle un escarmiento público y en vivo a su invitado.
Ahí se torció todo, Zelensky lleva tres años en guerra, está curtido, ha visto sufrir y morir a millones de sus ciudadanos, ante los ojos del mundo han arrasado sus ciudades mientras él ha tenido que mendigar apoyo, así que ver a sus anfitriones ensalzar a su invasor, culparlo a él de no querer la paz y de “jugar” a la guerra, debió ser imposible de tolerar. Sin perder el control reaccionó con dignidad, no se dejó amedrentar, aunque se contuvo bastante ya que sabía lo que estaba en riesgo y midió sus palabras, no incendió los puentes. Salió, o lo salieron, de la Casa Blanca sin firmar el acuerdo. En entrevistas y declaraciones posteriores se mantuvo firme, pero matizó el desaguisado, mientras agradeció al pueblo de Estados Unidos el apoyo.
En la Casa Blanca inmediatamente se activaron las alarmas, el plan valió madres, no sólo reventaron la oportunidad de aprovechar la riqueza minera de los ucranianos y debilitaron su posición global, también vieron a su presidente, una vez más, mostrarse al mundo como alguien impredecible, autoritario, poco confiable, sin moralidad clara y demasiado dócil con Rusia. Algo que sus incondicionales justificarían con maromas dignas de MORENA, pero que preocupa a millones de americanos, incluidos algunos con perfil republicano.
El plan de la encerrona para regañar a Zelenski en vivo y ante el mundo les salió tan mal que la comunidad internacional reconoce que en lugar de “doblarse”, el ucraniano se fortaleció. Sí, quizás ahí podría haber perdido la guerra, pero ganó un lugar en la historia mucho más digno que el que en este momento tiene Trump. Tan es así, que hoy cuenta con un apoyo internacional masivo para él y para Ucrania, y de paso nos muestra a la diplomacia americana en su punto más bajo, por sus formas y por sus resultados.
Después del viernes el mundo es un poco diferente, Ucrania confirma lo que ya sabía, nada es gratis en la vida, Estados Unidos no actúa por generosidad y que sus recursos minerales y su posición geográfica despiertan muchos apetitos. Que, venga de donde venga, el apoyo para sobrevivir como país tendrá un costo muy alto, sus días están contados si no se concretan las alianzas.
Por primera vez en los últimos 100 años Europa está buscando un camino para defenderse en el que no estaría acompañada por los Estados Unidos, y aunque su industria militar y su economía no están a la altura del reto, la gran mayoría coincide en que Putin no es confiable, no respeta los acuerdos, que ya tiene a Polonia en la mira y que encarrerado el ratón no habría necesidad de detenerse ahí.
Los estadounidenses saben, aunque les duela reconocerlo, que al actual presidente lo gobiernan sus instintos primitivos, que sus ideas e intereses son básicos, que se pone al principio y al centro de todo, y que después de él todo lo demás es negociable. También saben que no tolera la crítica, que tiene la mecha corta y que se enfrasca en discusiones absurdas de las que no sabe salir, que es muy inseguro y admira/envidia a los personajes poderosos, a los dictadores en general y a Putin en particular. Así que nada los sorprende.
Salvo que quizás hay algo que no esperaban; a partir de la idea preconcebida y muy popular, sobre que todo lo que pasa a estos niveles está perfectamente controlado por una élite o es parte de un plan mayor que, aunque no podemos entender, está ahí para impulsar una agenda global. Pues después de la escena del viernes es claro que algo no está saliendo de acuerdo al plan, quizás quienes impulsaron la carrera y ocurrencias de Donald Trump no midieron bien y no tienen tanto control de él como creían, puede ser que no entendieron que cuando atacaron a las instituciones y medios que estorbaban sus intereses, estaban dinamitando la función que éstos tenían como los contrapesos a los arranques autoritarios y berrinches de cualquier Frankenstein que llegara al poder.
Cada grupo tendrá una interpretación de lo que pasó, nunca podremos saber qué pasó realmente, si todo era parte de un plan que funcionó perfectamente bien, si fracasó o fue una ocurrencia al calor del momento. Yo pienso que es algo muy humano no rendirnos al caos, es necesario encontrarle sentido a las cosas, sobre todo en momentos tan bizarros necesitamos pensar que hay un plan detrás de todo, debe haberlo, porque nos rehusamos a creer que estas cosas pueden pasar a ese nivel.
Mi experiencia personal es que, aunque haya un plan, la impredecibilidad del comportamiento humano, los factores externos y el margen de error del propio plan, provocan que muchas veces nada resulte como se esperaba, y esto sucede a todos los niveles, y si además le sumamos que a los grandes puestos no siempre llegan los más aptos, pues el plan es que no hay plan. Afortunadamente ese mismo factor humano permite que seamos capaces de recuperar la idea original y ajustar el rumbo, trazar uno nuevo en plena marcha, cambiar de idea o mandar todo al carajo. No importa si eres presidente de un país, gobernador de un estado, CEO de una empresa o un ciudadano enojado en medio del tráfico.
Pienso que Estados Unidos acabará apoyando a Ucrania y obtendrá las concesiones mineras que necesita. No olvidemos que, tras la desintegración de la URSS, Estados Unidos se comprometió a defender a Ucrania para siempre, a cambio de que se deshiciera del arsenal nuclear que heredó. Traicionar este compromiso les complicará cualquier acuerdo futuro y debilitaría su posición en el escenario europeo.
Ucrania perderá territorio, no hay otra forma, no es la primera vez, ya perdieron la península de Crimea en 2014 y aunque Estados Unidos y Europa se opusieron no pasó nada, Rusia no cedió. Seguramente la gestión de Zelenski pasará a la historia y él tendrá su serie en Netflix.
Europa deberá emanciparse, ya no podrá depender de Estados Unidos para su defensa, es una irregularidad histórica, no será fácil y no será rápido, pero todo indica que el camino ha iniciado.
Rusia tomará la tierra que ha conquistado y aceptará la paz, al menos por el momento, el estado de su economía ya no le da como para seguir guerreando mucho tiempo más, el costo lo está empezando a pagar su población. Necesita urgentemente que le levanten sus sanciones y volver a comerciar con el mundo.
Sin ningún contrapeso a la vista, Trump será Trump. Espero que los secretarios Marcelo Ebrad y Juan Ramón de la Fuente hayan tomado notas de lo sucedió la semana pasada, esperemos que estén a la altura. Agárrense que se vienen curvas.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










