Yo tuve moto antes que coche, algo traía en la sangre que aun siendo un niño nunca pude resistirme al aullido de un escape Yoshimura, debía salir para mirar la moto de la que provenía y automáticamente mi mente se disparaba y me ponía sobre ella, sintiendo la velocidad y el viento golpeando mi cara. Desde mi perspectiva infantil a los coches le sobraban dos ruedas, y transportarse en uno era un desperdicio de recursos, pero sobre todo una renuncia implícita a la libertad y a la emoción.
Aunque debo reconocer que en esa época las motocicletas ya tenían mala fama, plenamente justificada en la peligrosidad natural asociada a tu papel de carrocería cuando montas en ellas. Pero también había una imagen negativa ligada a los motociclistas, aunque la inmensa mayoría de ellos eran personas tranquilas, amigables, productivas, generosas, solidarias y con familias, es cierto que también había algunos vándalos sin oficio ni beneficio que se agrupaban en torno a las motos y a sus complejos, dando rienda suelta a sus frustraciones y su mala sangre. Eran las clásicas bandas de motociclistas que el cine popularizó en varias películas y que terminaron por definir un arquetipo negativo del motociclista, tipos rudos y violentos enfrentados con la sociedad. Como antihéroes de películas el rol funcionó de tal forma que hubo algunos motociclistas que compraban la idea de que montarse en una moto equivalía a transformarse en ese tipo rudo, que normalmente no eran en sus vidas cotidianas. Era cómico ver a perfectos hombres de familia y amables profesionistas transformarse en vándalos a tiempo parcial cuando se ponían un chaleco de cuero durante la rodada del domingo. Eran una mala broma que terminó de fijar una imagen negativa y perecedera en la sociedad.
Con los años, y gracias a su practicidad, economía y desarrollo tecnológico que mejoró la seguridad, las motocicletas se integraron a la sociedad hasta convertirlas en una gran opción de transporte en grandes urbes y comunidades pequeñas. En Europa, por ejemplo, la motocicleta en sus distintas variantes mueve a hombres y mujeres por igual, desde altos ejecutivos hasta estudiantes, incluso hay UBER en moto. A pesar de toda esta integración, la imagen del motociclista macarra se mantuvo, la sociedad los sigue viendo con recelo.

Es en este contexto que, en el año 2012, el australiano Mark Hawwa, inspirado en una foto de Don Draper (Mad Men, 2007) montado en una moto clásica y vestido con un traje formal, organizó un paseo temático por las calles de Sídney en motocicletas de estilo clásico, los participantes debían vestir traje formal y se comportarían como verdaderos caballeros. Así nace The Distinguished Gentleman’s Ride (DGR, para los cuates), una estupenda manera de combatir el estereotipo negativo, conectar a las comunidades de motociclistas, recuperando la caballerosidad con base en valores de convivencia universales, mostrando a la sociedad la cara más amable y solidaria del motociclismo.
Más de una década después, este paseo anual se ha extendido a 121 países y más de 500,000 hombres y mujeres han sacado sus motos clásicas a rodar en un día que celebra la caballerosidad y la solidaridad de los motociclistas en todo el mundo. A lo largo de estos años este evento ha recaudado más de USD 50 millones que se destinan para investigar y atender la salud física y mental de los hombres a través de Movember Foundation.
Yo tengo la fortuna de ser parte de este movimiento desde hace muchos años, en conjunto con un grupo de amigos lo trajimos a Puebla y organizamos el paseo durante sus primeros años, hoy en día nos limitamos a pasear, disfrutar y a celebrar la solidaridad y caballerosidad de este gran colectivo. Revisen en las redes sociales las imágenes de este evento en todo el mundo, es como retroceder en el tiempo. Este año se llevará a cabo el próximo domingo 18 de mayo en las calles de Puebla y en más de 900 ciudades por todo el mundo.
En nuestra querida América Latina la motocicleta y los motociclistas no sólo tienen mala imagen, han adquirido un papel más siniestro, el mismo Marlon Brando se pegaría una espantada de infarto si pudiera ver lo que pasa con las motos en nuestro país. Y es que aprovechando las cualidades de movilidad que tienen las motocicletas, malandros comunes y de la delincuencia organizada la han convertido en el medio para cometer sus delitos. Aunque son un porcentaje insignificante de todo el universo de motociclistas, el altísimo impacto de sus crímenes ha terminado por estigmatizar a todo el colectivo. Hoy, ninguno de nosotros se siente seguro cuando en pleno tráfico es alcanzado por un par de tipos a bordo de una moto que circula entre carriles, el 99.9% de las veces sólo están aprovechando la practicidad de la moto para avanzar, pero es el posible 0.1% lo que te baja el azúcar.
Esta situación se suma al gran fracaso de la autoridad en el combate a la inseguridad y a la violencia en todo el país, lo que por supuesto, detona la “creatividad” de algunos legisladores que sin mayor conocimiento del tema y sin consultarlo con nadie, proponen leyes para “atender” el problema. A lo largo de los últimos años hemos escuchado iniciativas como chalecos y cascos con números, limitar a una persona por moto, prohibirles determinados carriles y vías, etc. Ninguna de estas ideas es original, la copiaron o la escucharon en algún lado, no conocen sus efectos ni sus resultados y con “atrevida ignorancia” la avientan para ganar algo de relevancia y subirse a la ola del momento.
Hasta hoy estas propuestas se han quedado en la mesa, quizás porque había cosas más importantes o porque en el legislativo había que lograr consensos para hacerlas avanzar, sea como sea no habían prosperado. Pues ya no hay necesidad de consensar o revisar nada, cualquier cosa que se les ocurra pasa sin mayor reflexión, si fueron capaces de aventar una Reforma al Poder Judicial a partir de un berrinche y se cargaron la poca independencia que le quedaba, así como la certeza jurídica que aún teníamos ¿Imaginen si les va a preocupar cargarse los derechos de un colectivo con medidas que no funcionarán? Sin importar que la inmensa mayoría de los motociclistas sean responsables y respetuosos de las leyes o que para millones una moto sea su único medio de transporte, sólo porque la autoridad es evidentemente incapaz de brindarnos seguridad.
Si a esas vamos, discriminado y criminalizando colectivos por la incapacidad de la autoridad para hacer su trabajo, además de ponerles un número en la cabeza a todos los motociclistas o decidir a quién suben ¿Por qué no hacemos una ley para prohibir las PickUps “mamalonas”? Ya sabemos que son vehículos muy populares entre la delincuencia organizada y para qué las usan ¿O qué tal si de una vez fichamos y pedimos a Estados Unidos que les quite la Visa a todos los políticos? Ahorraríamos tiempo, es claro que un porcentaje de ellos va a cometer algún delito o se va a relacionar con los malosos mientras desempeña su cargo.
Entiendo que la gravedad de la situación no es para hacer bromas, la inseguridad se ha infiltrado en todos los aspectos de nuestras vidas, somos conscientes que atenderla implica tomar medidas a la altura. Si esto de verdad se solucionará con un chaleco con la placa o limitando el uso de nuestros vehículos, está bien, pero lo mínimo que pueden ofrecernos los legisladores es revisar a fondo lo que proponen, que no suban a la tribuna con una ley sacada de la manga sólo por convivir, comprométanse verdaderamente.
¿Qué ha pasado en otros países que ya hicieron lo que hoy proponen y porqué ya no lo aplican? En aquellos donde sigue vigente ¿Dio resultados o sólo sirve para extorsionar a los motociclistas? ¿Qué han dicho las organizaciones de derechos humanos sobre estas acciones? Ojalá se reunieran con los colectivos motociclistas, primeros interesados en acabar con este cáncer, y busquen alternativas juntos. Es fundamental regular de forma inteligente y firme la circulación de motocicletas en Puebla y en México. Mientras tanto empecemos por aplicar las leyes que ya existen, igual y eso ayuda, pero como muchas veces son letra muerta, todavía no lo sabemos.
También los motociclistas podríamos ir mejorando nuestra imagen, combatamos ese estereotipo negativo siendo caballerosos con la autoridad y con los ciudadanos, miren que la idea del DGR de Mark Hawwa era simple e inocente, pero ha demostrado ser muy poderosa. Respetemos las leyes, conduzcamos con civilidad, montemos la placa en el lugar correcto (o tendremos que llevarla en el casco), cuidémonos y cuidemos a los ciclistas, a los peatones y manejemos defensivamente en el tráfico. Nuestra ciudad es bella pero un poco caótica, ante la falta de un adecuado servicio de transporte público, la motocicleta debería ser una gran alternativa a la movilidad, pero depende de quienes las conducimos y la autoridad hacerlo posible.
Con calor, con frío o con lluvia, yo seguiré ejerciendo mi libertad y montando en motocicleta, en ella iré al trabajo, seguiré paseando por mi estado, por mi país y de vez en cuando rodaré en otras partes del mundo. Estoy convencido de que las motocicletas no solo te llevan de un lugar a otro, te llevan a un estado de felicidad.
Ladys and Gentlemans nos vemos el próximo domingo 28 de mayo durante el DGR
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










