Las enfermedades tienen el potencial de cambiar la forma, estilo de vida y destino histórico de las naciones, en tal sentido la salud global se convierte en asunto de seguridad nacional. Construir capacidades para anticipación y respuesta ante escenarios epidemiológicos disruptivos que colapsan los sectores estratégicos generando incertidumbre, es indispensable para el desarrollo social y crecimiento económico.
La peste de Atenas es la primera pandemia registrada en la historia de la medicina, se consolidó como la más devastadora del mundo griego aproximadamente en el año 430 a.C, siendo la causante del fallecimiento de unos treinta mil ciudadanos incluyendo ilustres personajes de la historia griega, Pericles uno de ellos. La descripción que Tucídides hace en su texto (la guerra del Peloponeso), describe que la enfermedad llegó en barcos después de su brote original en Etiopía arrasando Egipto y Libia, en realidad, esta fue una epidemia de fiebre tifoidea causada por la bacteria Salmonella Typhy, hoy común en cualquier puesto de comida callejera de México.
La peste de Galeno o plaga antonina (inestimable) se manifestó en el año 165 de la era actual entre soldados romanos retornando desde Mesopotamia y el Oriente Medio, el historiador William McNeill, concluyó que esta enfermedad habría sido viruela o sarampión y que, al llegar a Roma se dispersó acabando con la vida de al menos cinco mil personas incluyendo el emperador Marco Aurelio.
La peste bubónica, o plaga de Justiniano, aniquiló al cuarenta por ciento de la población de Constantinopla con un estimado de diez mil fallecidos por semana, esta enfermedad le dio el nombre al puente de Bubas instalado en el barrio de la Luz sobre el río San Francisco en la ciudad de Puebla por ser utilizado para el traslado de pacientes con “bubones” (lesiones linfáticas purulentas) a pabellones en el oriente de la ciudad atendidos por religiosos franciscanos; al tiempo se conoció que la bacteria Yersinia Pestis, transmitida por picadura de pulgas viviendo en ratas es la causa de esta enfermedad que aniquiló a más de 250 millones de personas en Europa y la Nueva España, también conocida como Peste Negra, se utilizó en el primer ataque de guerra biológica de la historia, cuerpos infectados por Yersinia Pestis eran lanzados con catapultas sobre los muros de las ciudades para propagar la enfermedad de los pueblos enemigos durante los conflictos del siglo XIV.
Con la gripe española de 1918 por el virus H1N1, el 2.5% de la población global pereció, en la India murieron 12 millones, en Estados Unidos fallecieron trescientos mil enfermos y en Europa nueve millones tan solo en el año 1918. La reaparición del virus en el año 2009 provocó afectación a las cadenas productivas en México por 16 meses, como legado de esta pandemia, México construyó capacidades de inteligencia epidemiológica en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos con un laboratorio de Bioseguridad para investigación y vigilancia de patógenos infecciosos peligrosos, capacidad que sería fundamental para enfrentar las pandemias por COVID-19 y viruela del mono, años después.
El bioterrorismo, es una amenaza global latente por los conflictos geopolíticos actuales, se tienen dos preocupaciones críticas, aunque no únicas. La Viruela de origen viral erradicada desde 1977, y el Antrax de origen bacteriano utilizado contra objetivos en Estados Unidos el 18 de septiembre y 9 de octubre del año 2001, cobró la vida de 5 personas e infectó otras 17. Respecto de la Viruela, en el siglo veinte fallecieron quinientos millones de personas, actualmente existen cepas resguardadas en laboratorios de guerra biológica en Rusia y Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta en el año 2005 por la existencia de cepas en algún otro país con intenciones bélicas. El 10 de abril de 1972, México firmó la Convención de Armas Biológicas y actualmente 189 países se han adherido a este tratado.
En el mes de diciembre del año 2019 en China, se identificó el brote de casos múltiples con neumonía de origen desconocido, el 31 de diciembre del mismo año, la OMS tomó conocimiento sobre veintisiete enfermos diagnosticados con neumonía atípica, siete de ellos en estado muy crítico y el 7 de enero del 2020 en laboratorios chinos se aisló el virus Sars-Cov2. El 11 de marzo, la enfermedad ya tenía impacto en cien países siendo la COVID-19 reconocida por la OMS como una pandemia con gran potencial disruptivo, el estado de emergencia se prolongó por 2 años y 115 días, cobrado más de 15 millones de vidas en el mundo.
Las enfermedades pandémicas, se identifican como una amenaza transnacional que impacta la economía, estabilidad política y desarrollo social de los países, se toman medidas de seguridad nacional como cierre de fronteras y despliegue militar para protección de cadenas logísticas e infraestructura crítica; afectan cadenas productivas y en el campo geopolítico se evidencian limitaciones en la cooperación internacional y, sobre todo, asimetría para enfrentar este tipo de crisis, se redefinen los conceptos de seguridad humana, cooperación internacional y salud pública, trinomio clave para implementar estrategias ante un escenario pandémico.
En México, la construcción de un sistema de salud funcional con visión de seguridad nacional ante las enfermedades emergentes o reemergentes es indispensable, de lo contrario la inminente pandemia por venir, será nuevamente devastadora, su llegada es solo cuestión de tiempo.
EDUARDO VAZQUEZ ROSSAINZ, ES MÉDICO CIRUJANO Y DOCTOR EN ADMINISTRACIÓN PÚBLICA; ESPECIALIZADO EN INTELIGENCIA Y CONTRATERRORISMO, ES PROFESOR EN LA UDLAP DONDE IMPARTE LA MATERIA DE SEGURIDAD NACIONAL EN UN CONTEXTO GLOBAL.










