La «monocultura» es un conjunto de productos culturales como las películas, la música, los programas de televisión, que casi todos en los Estados Unidos consumían y compartían, ha desaparecido.
Vale la pena reflexionar una opinión escrita recientemente por Ben Fritz en The Wall Street Journal, titulada en inglés The Rise and Fall of the American Monoculture, El Auge y la Caída de la monocultura Estadounidense.
Se trató del llamado Pegamento del Siglo XX, que durante la mayor parte del siglo pasado, el entretenimiento funcionaba como una fuerza de cohesión social, permitiendo que personas de diferentes orígenes y lugares compartieran los mismos referentes, como por ejemplo Star Wars y I Love Lucy.
Actualmente hay una fragmentación, las audiencias están «fracturadas y asíncronas», consumiendo contenidos diferentes y específicos en lugar de un único éxito de masas. Fritz señaló que esta división es impulsada por algoritmos de las redes sociales y plataformas de streaming que dividen en nichos, convirtiendo en «consumidores únicamente satisfechos» en lugar de ciudadanos con una cultura compartida.
La pérdida de esta monocultura significó que la sociedad tiene menos puntos de conexión en común, lo que, podría estar contribuyendo a una mayor división social y política. El artículo de Fritz dijo que, aunque los productos de nicho permiten más libertad, el costo es la erosión de una experiencia cultural nacional unificada.
Con anterioridad, la historia cultural de Estados Unidos siempre mostró un patrón claro, aquello que primero rechazó, terminó transformando al país. La cultura afroamericana, marginada y sometida durante décadas, hoy define buena parte de la música, el lenguaje y la estética global. Igual sucedió con la comunidad LGBT, que pasó de la persecución abierta a influir de manera decisiva en el arte, la moda, el entretenimiento y el debate público.
El problema empieza a presentarse en la cultura latinoamericana. Al final la pregunta es: ¿Será algo bueno y beneficioso o servirá para polarizar a la sociedad? Solamente el tiempo nos dará la respuesta.
Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









