En las calles empedradas y los mercados de Cuetzalan, en el estado de Puebla, el náhuatl todavía se escucha en conversaciones cotidianas, canciones y tradiciones transmitidas de generación en generación.
Esa presencia viva, aunque cada vez más vulnerable, es el punto de partida de un proyecto documental impulsado por el estudiante de cine Mauricio Ortuño, de la universidad CENTRO, quien ha lanzado la campaña «Documental: El canto de los Quetzales» en GoFundMe para completar el rodaje de un cortometraje, que será un retrato íntimo de hablantes de náhuatl y su vida cotidiana en esta localidad de la Sierra Norte de Puebla.
Apuntar hacia la resistencia cultural
El proyecto surge de la experiencia personal del propio director en la región. «Este proyecto nace de mis propias vivencias en Cuetzalan y de observar cómo el náhuatl forma parte de la vida cotidiana de muchas familias», explica Ortuño en el texto de la campaña.

El documental busca retratar a hablantes monolingües y bilingües desde distintas perspectivas de la comunidad como la música, la danza y la vida cotidiana con el objetivo de mostrar no solo los retos que enfrentan, sino también la fuerza cultural que mantiene viva la lengua.
«El documental busca retratar a hablantes monolingües y bilingües mostrando no solo las dificultades que enfrentan, sino también la resistencia cultural que mantiene viva su lengua», señala el cineasta
Una lengua que sigue hablándose y resistiendo
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más de 1.7 millones de personas hablan alguna variante de náhuatl en el país, lo que la convierte en la lengua indígena más hablada de México.
Sin embargo, organismos internacionales como la UNESCO advierten que muchas lenguas indígenas enfrentan procesos de desplazamiento lingüístico debido a factores sociales, educativos y económicos, especialmente entre generaciones jóvenes.
En ese contexto, proyectos culturales y audiovisuales pueden contribuir a documentar y visibilizar estas lenguas.
El documental de Mauricio y su equipo (Martín, Yago y Mango) busca precisamente abrir un espacio para escuchar las experiencias de quienes la hablan. «El objetivo del proyecto es generar conciencia sobre la importancia de la conservación del idioma y abrir un espacio donde las personas puedan compartir, desde su propia voz, lo que viven por hablar esta lengua», explica.









