Cada vez que se prepara para organizar un evento de escala global surge la misma pregunta: ¿tiene el Estado mexicano la capacidad de garantizar la seguridad? En el caso de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que México compartirá con Estados Unidos y Canadá, la interrogante se repite con insistencia. Sin embargo, la respuesta técnica es clara: sí, México puede proteger el Mundial.
La discusión suele partir de una premisa equivocada. El evento se analiza desde la percepción cotidiana de la seguridad pública —delincuencia, robos o violencia local— cuando, en realidad, la protección de un evento global pertenece a otra categoría: Es un asunto de seguridad nacional, ámbito en el que se movilizan capacidades institucionales, tecnológicas y de inteligencia que superan con creces las dinámicas ordinarias de seguridad pública.
Un Mundial de fútbol no se protege únicamente con policías en las calles. Existe una capa de seguridad menos visible pero decisiva: una arquitectura multinivel que integra inteligencia preventiva, coordinación interinstitucional, protección de infraestructuras críticas, control del espacio aéreo, gestión de riesgos sanitarios, ciberseguridad, vigilancia tecnológica y protocolos de respuesta inmediata ante incidentes. En ese terreno, México cuenta con décadas de experiencia acumulada incluyendo respuesta a escenarios de riesgos químicos, biológicos, radiactivos, nucleares y de explosivos combinados.
Pese a sus gobiernos, con sus instituciones el país ha demostrado su capacidad organizativa incluso en contextos de enorme complejidad. Los Juegos Olímpicos de 1968, el Mundial de 1970 y el Mundial de 1986 son referencias históricas, pero existen precedentes más recientes igualmente reveladores. México ha organizado con éxito eventos internacionales en momentos de violencia intensa.
Los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 se realizaron en uno de los periodos más agudos de la confrontación entre el Estado mexicano y diversas organizaciones criminales. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014 se desarrollaron en un entorno regional marcado por disputas delictivas. Ese mismo año, México fue sede de la Cumbre del G20 en Los Cabos, encuentro que reunió a los líderes de las principales potencias del mundo en un contexto internacional de alta tensión económica y geopolítica.
En todos esos casos, el Estado mexicano desplegó dispositivos de protección eficaces que garantizaron la seguridad de delegaciones, atletas, jefes de Estado y asistentes.
El Mundial 2026 introduce además un factor estratégico adicional: la dimensión trinacional. Quien intente afectar el evento no enfrentará únicamente a un país, sino a una región integrada de seguridad compuesta por México, Estados Unidos y Canadá, con capacidades tecnológicas, de inteligencia y de respuesta que se encuentran entre las más avanzadas del mundo.
El evento operará bajo mecanismos de cooperación inéditos que incluyen intercambio de información en tiempo real, protocolos coordinados de seguridad aeroportuaria, monitoreo permanente de amenazas globales y esquemas de coordinación interagencial.
En este contexto, el reto no radica en la capacidad del Estado mexicano, sino en la correcta integración de capacidades. La seguridad contemporánea exige que instituciones civiles, fuerzas armadas, agencias de inteligencia, sector privado, operadores de transporte, autoridades locales y organizadores del evento funcionen como un solo sistema. Cuando esa integración se logra, el margen de vulnerabilidad se reduce de manera considerable.
Prepararse para el Mundial implica modernizar sistemas de videovigilancia, reforzar protocolos aeroportuarios, fortalecer centros de comando y control, robustecer la protección de objetivos blandos y perfeccionar la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno. Ningún país del mundo puede garantizar riesgo cero. La lógica de la seguridad moderna no consiste en negar la existencia del riesgo, sino en anticiparlo, administrarlo y contenerlo.
México cuenta con fuerzas armadas profesionales, instituciones de seguridad con amplia experiencia operativa, cooperación internacional consolidada y una larga tradición en la organización de eventos complejos.
Quien intente desafiar la seguridad del Mundial no estará enfrentando a una ciudad ni siquiera a un país. Estará enfrentando una arquitectura de seguridad integral respaldada por todo el poder civil y militar de Norteamérica.
Foto de EFE
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