Un día como hoy, pero del año 1649, el obispo Juan de Palafox y Mendoza presidió la ceremonia de consagración de la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Puebla.
El padre fray Jesús Flores Aparicio señaló que, durante los siglos XVI y XVII, los frailes dominicos se caracterizaron por la construcción de dos tipos de conventos: urbanos y rurales.
En ese periodo comenzaron a fundarse diversas ciudades, como la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, San Cristóbal de las Casas y Valladolid (hoy Morelia). En estos lugares, los frailes buscaron establecer conventos urbanos con el objetivo de formar a futuros dominicos, además de funcionar como centros de reflexión, producción e investigación teológica.
Por otro lado, los conventos rurales se encargaban de coordinar las actividades de evangelización en el territorio de la Nueva España. A partir de 1530, los frailes se expandieron hacia el sur de México; por ello, actualmente se conservan conventos en la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Oaxaca, Chiapas y Guatemala.
Estos centros de evangelización entre los pueblos indígenas eran conocidos como doctrinas, las cuales, en la práctica, funcionaban como parroquias donde se administraban los sacramentos y se enseñaba la doctrina en las lenguas originarias. Durante los siglos XVI y XVII, todas las órdenes religiosas privilegiaron el conocimiento de estas lenguas e incluso elaboraron gramáticas del náhuatl, mixteco y zapoteco, entre otras, con el fin de interactuar con los pueblos indígenas y transmitir el mensaje evangélico.
En el siglo XVIII, esta dinámica cambió con la llegada de las reformas borbónicas, una política que impulsó la castellanización de la población indígena, al establecer que debía aprender español y reducir el uso de sus lenguas en la administración y la vida religiosa.
Los 377 años de la consagración de la Catedral de Puebla no solo recuerdan la ceremonia de 1649, sino también el proceso histórico de evangelización en la Nueva España. La labor de los frailes, especialmente de los dominicos, fue clave en la creación de conventos urbanos y rurales, así como en el sistema de doctrinas para la enseñanza religiosa. Este proceso incluyó el uso de lenguas originarias hasta las reformas borbónicas del siglo XVIII, que promovieron la castellanización.
Fotos: Agencia Enfoque
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