¿Sabía usted que hacer reír a la niñez puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas?
Jacqueline Harding, experta en desarrollo infantil de la Universidad de Middlesex, Reino Unido y autora del libro El Cerebro que Ama Reír (The Brain That Loves to Laugh, en inglés), de la editorial Taylor & Francis, señaló cómo la risa puede ayudar a afrontar en la etapa infantil los desafíos de la vida y a manejar mejor el estrés.
Ella es Directora del Centro Tomorrow’s Child, un proyecto de investigación europeo centrado en el desarrollo infantil y la crianza en la era digital y dijo que la risa y el juego contribuyen al crecimiento cerebral saludable, el bienestar emocional y el vínculo social.
La risa no es algo frívolo, sino que se trata de una respuesta biológica compleja que involucra una red de regiones cerebrales que incluye áreas motoras y el córtex prefrontal. Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del cerebro en acción, es decir, aprendiendo, conectando y creciendo, indicó la autora al diario español El País.
La risa precede al desarrollo natural del habla en la infancia, pero también influye en nuestra frecuencia cardíaca, la respiración y la producción de anticuerpos; funciona como un amortiguador de las hormonas del estrés, el cortisol y la epinefrina e incrementa las hormonas de la felicidad, como la dopamina, la serotonina y las endorfinas.
Harding señaló que la risa puede fortalecer además el sistema inmunológico y mejorar la memoria, por eso la asoció con el aprendizaje y el crecimiento saludable durante la etapa infantil, cuyos vínculos son beneficiosos para la niñez y pueden contribuir a reducir el agotamiento y el estrés no solo de los niños, sino de los propios padres y docentes, lo que mejora el humor durante la crianza.
Las investigaciones demostraron que la risa ayuda a desarrollar las habilidades sociales y la inteligencia emocional, pero no significa que padres y madres deban pasarse todo el tiempo contando chistes, pero sí sugirió que el simple juego compartido y la risa, con contacto visual, sonrisas, cercanía y atención conjunta en una tarea, fomentan la conexión.
En el lado opuesto de la risa, el estrés prolongado afecta negativamente tanto al desarrollo físico como al mental y Harding señaló que un periodo de estrés prolongado durante la infancia puede deteriorar el aprendizaje, aumentar el riesgo de estrés en la edad adulta, suprimir la función inmune y contribuir a la enfermedad.
Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









