Durante años, con coraje, hemos escuchado de algunas personas frases como “solo es un perro” o “a los animales no les duele”; sin embargo, el caso de Huesitos demostró una realidad que ya no puede ignorarse: los animales sienten, sufren y pueden ser víctimas de actos de violencia con profundas consecuencias físicas, pero también emocionales.
La historia de Huesitos comenzó con un acto de extrema crueldad que conmocionó a Puebla y a gran parte del país, cuando una roca de gran tamaño fue arrojada cruelmente sobre su viejo y débil cuerpo, provocándole lesiones severas y un sufrimiento indescriptible.
Pero esta no es solo una historia de violencia, también es una historia de solidaridad. Desde el primer momento, la asociación “TAC Una Protección al Entorno”, de Tehuacán, Puebla, asumió el compromiso de rescatarlo, trasladarlo, solventar todos sus gastos y dar seguimiento permanente a su caso, conjuntando médicos veterinarios y especialistas, quienes dedicaron tiempo, conocimientos y recursos para intentar devolverle la salud.
Y aunque muchas de las lesiones físicas lograron estabilizarse, el caso dejó una enseñanza que marcará un precedente en México: la violencia no solo deja heridas en el cuerpo, también deja heridas en la conducta.
En mayo de 2025, realicé una evaluación veterinaria etológica forense para determinar científicamente, si la agresión, además de todas las lesiones físicas evidentes, había dejado secuelas emocionales y conductuales. Los resultados fueron contundentes: se encontraron indicadores compatibles con miedo, estrés crónico, sufrimiento severo, angustia, miedo sostenido, hipervigilancia, agonía emocional, indefensión y trauma. En otras palabras, el cuerpo intentaba sanar, pero las huellas de la violencia permanecían en él como un tatuaje impidiéndoselo.
Estos hallazgos fueron sustentados y plasmados en un dictamen etológico veterinario e integrado a la carpeta de investigación de Huesitos por actos de crueldad en contra de los animales.
Estos hallazgos representaron un momento histórico para la medicina veterinaria forense en México. Por primera vez, un dictamen veterinario etológico forense tuvo un papel determinante para que las autoridades pudieran comprender la magnitud real del daño sufrido por una víctima animal dentro de un proceso judicial, es decir, le puso palabras a un intangible.
Finalmente, la justicia llegó, la persona responsable fue sentenciada a prisión y esta sentencia envía un mensaje claro: la violencia contra los animales no debe normalizarse.
Huesitos no fue solo un terrible caso de crueldad y tortura animal, se convirtió en un precedente que demuestra que la ciencia, puede dar voz al sufrimiento de quienes no pueden hablar para gritar justicia.
Foto: Cortesía
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